XVI

XVIUn viejo.—Comercio.—Recuerdos históricos.PASEANDO una hermosa tarde, á pié, por las orillas del extenso Parque que conocemos, formamos corrillo, en la esquina de una calzada, varios mexicanos.Nos rodeaban altos médanos: en una de aquellas quiebras que hace la arena, un carromato desvencijado, una tienda de lona, un caballejo flaco, haciéndose las ilusiones de pastar, y un grupo de mujeres, hombres y muchachos, sucios, abigarrados y siniestros, nos llamaron la atencion. Eran gitanos. Una mujer de tez morena, gruesos mechones de cabellos á la frente, ojos grandísimos y apasionados, y una boca guarnecida de blanquísimos dientes, con harapos flotantes sobre su arrugada frente, nos llamaba para decirnos la buena ventura.Al extremo opuesto de la gitana, y á la entrada de unas elegantísimas calzadas del Parque, hay unbar-roomespléndido, y en la esquina que forma, se veia cabizbajo un viejo inclinado sobre su baston, y pendiente de nuestro grupo que estaba muy cerca. El aspecto del viejo era como el de nuestros militares retirados, adorno del Zócalo y de los arbolitos.Mugroso sorbete, arrugado pantalon de lienzo, y cabellos grises alborotados sobre la frente, y descolgándose sobre el cuello de la levita.Como de costumbre, lamentábamos las desdichas de nuestra patria. Uno decia:—Vea vd. esta tierra; para nosotros era desconocida, nadie le hacia caso, y no bien sale de nuestras manos, llueven sobre ella las bendiciones del cielo.—Yo apénas sabia que existia la tal California; oí decir que habia un rincon de la tierra por aquí, en que frailes y soldados hacian cera y pábilo.—Ahora es el paraíso; todos los encantos de la vida; todas las riquezas de la tierra, y un porvenir de grandeza que apénas alcanza á concebirlo la imaginacion.—Es porque nosotros no tenemos hechura; cuando existia California para México, se sabia por los situados de Mazatlan y por los mordiscos que todo el mundo le tiraba alfondo piadoso.—No seamos injustos; los presidios eran el gran medio de civilizacion del indio, ayudado por los misioneros.—En eso hay su más y su ménos, decia otro: muchos dicen que léjos de mejorarse la suerte del indio, se empeoraba.—Lo cierto es, hacia notar otro, que cuando la guerra de Tejas, ya muchos aventureros americanos, por sí y ante sí, habian tomado posesion de mucha tierra, y el puerto de Monterey habia tenido una invasion en forma.El viejecito del baston, aunque disimulando, habia seguido con vivo interes nuestra conversacion, y más de una vez le ví en ímpetus de levantarse y tomar la palabra en nuestro corrillo; pero se reprimia y se fingia como dormitando.Nuestra conversacion continuó bajo el mismo tema: nos dispusimos á retirarnos, y yo torcí solitario por la calle de Franklin, para la casa de la Sra. Cima, donde frecuentemente tomaba té al caer la tarde.Apénas habria yo andado treinta pasos, separado de mis amigos, cuando noté que me seguia el viejecito del baston: suspendí mi marcha y le esperé, creyendo que llegaba en solicitud de un socorro.Sin más preámbulo, y fijando en mí sus pequeños y animadísimos ojos, como dos chipas, bajo los tejados blancos de sus cejas, y abriendo su bolsuda y desdentada boca, me dijo:—Todo eso que han hablado sus amigos de vd. es una sarta de mentiras, que prueban su ignorancia de la historia y su ingratitud para con los hombres que luchamos porque tuviera patria toda esa maldita canalla.Yo veia atónito al viejo, me imponian respeto sus años, me subyugaba su mirada, me atraia el tono de majestuosa verdad que revestia aquella conmovida palabra.Animado con mi atencion, continuó:—Desde el tiempo del gobierno español se dió suma importancia á California; se dotaron las misiones, se protegie-ronlos presidios, se vió como rica joya y como llave del mar Pacífico.Es una impostura histórica, continuó el viejo, pintar al indio amamantado por el cristianismo, entrando al goce de la civilizacion: el indio era tratado como esclavo, se le enervaba con el vicio, se le embrutecia con el fanatismo y se le degradaba como á la béstia.El cepo, los azotes, la crueldad más impía se ejercia con esos hombres, cuya posicion aferraba á los salvajes en su libertad.EseFondo Piadoso de California, léjos de servir para la conversion y alivio del indio, conforme á la mente de los fundadores, era instrumento de tortura, cebo de codicia y elemento de asquerosa corrupcion.En California se dejaron frailes y soldados, que no eran ya los misioneros apostólicos, ni los jesuitas fervorosos que menciona la historia.En cambio, el soldado no era el aventurero ávido, ni el asesino implacable.La riqueza de California era ya conocida en 1844 y denunciada al gobierno.El Sr. D. Manuel Castañares, digno representante del Departamento, decia al gobierno: “además de las minas de plata, se ha descubiertoun placer de oro de treinta leguas de extension, y muchas minas de carbon de piedra.”Yo vine á esta tierra de maldicion para México, decia con acento doloroso el anciano, con el patriota, con el sabio, con el gran general Micheltorena.El, en las horas de corto descanso que nos daban las fatigas militares, nos instruia como un padre y nos hacia notarque el trigo da seiscientos por uno, el maíz mil, el frijol quinientos.El alentaba á los indios al cultivo de la caña, de donde sacaban azúcar que se exportaba.Del cultivo de la jarcia daban testimonio las embarcaciones todas del Pacífico; del lino, nuestros vestidos y los de los habitantes de las misiones.La nutria y el castor de California se enviaban de regalos á los magnates de México, y los periódicos europeos estaban cansados de llamar la atencion del mundo sobre la pesca de la perla y la ballena.¿Queria aquel gobierno y todos los que le sucedieron más noticias? Diga vd. que en México, por la fatal organizacion de aquella sociedad, los que estaban fuera del presupuesto luchaban para derribar á los que estaban dentro de él, y que en esa tarea infame los ha de hallar la pérdida de la nacionalidad.Miéntras aquella puja y aquel tráfico del poder, única industria de aquella clase média y de aquellos magnates ignorantes, fátuos y corrompidos, se efectuaba, habia aquí un puñado de mexicanos, con el general Micheltorena, sacrificándonos por la independencia.Aquel jefe tenia á sus órdenes, para contener la rebelion, de hijos del país y aventureros, 195 hombres, de todo punto desnudos, con armamentos de diversos calibres, con cuatro paradas de cartuchos por plaza, con treinta pesos para dar de comer á toda la tropa, y veintitantos oficiales en el puerto de Monterey, sin tener quien les diera al crédito una sola libra de carne.El general Codallos, antecesor del general Micheltorena,fué modelo de honor y sufrimiento: éste hizo cotidiano el heroismo. Jamás le oimos exhalar una queja, nunca desmayó en las fatigas, su palabra elocuente nos reconciliaba con la patria, que parecia habernos condenado á la vergüenza y al abandono.¿No se encuentra la Baja California en posicion semejante? ¿No tenemos las costas del Pacífico en peligros análogos? ¿No escucha vd. en los desiertos el grito de la locomotora llamando á los pueblos á la participacion del Progreso? ¿Quedarán Sonora, Sinaloa y la California como los príncipes del cuento indio, atados á sus columnas de bronce, de espectadores, retorciéndose de hambre, miéntras se entregan sus vecinos á los placeres en brazos de la opulencia?¿Legitimará esta situacion la moral? ¿La humanidad? ¿No es hacer del patriotismo una virtud de pigmeos y de idiotas?....La luz del sol poniente daba al viejo de espalda y presentaba sus contornos luminosos.... era terrible y bella para mí la presencia del viejo.—Y no piense vd., continuó, que yo creo en ese paraíso que pintan sus menguados amigos. Yo trato con injusticia á este suelo, lo detesto, porque es para mí como la hija que se prostituye y nos insulta con su riqueza en brazos de su raptor.Hay políticos venales como en parte alguna, al robo se le llama comercio, las niñas se embriagan y cambian el Champaña por el arsénico en el dia de su infortunio. El yankee dice á su hijo:si puedes tener dinero bien habido, tenlo; y si no lo puedes tener honradamente, tenlo tambien.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Tipos Chinos.Pero hay en el fondo de esas iniquidades ciertos principios de vida propia, ciertos cimientos de derecho universal, cierta inviolabilidad del derecho, un acatamiento ciego á la ley, tanto, que esa espuma, esa borra impura, esas inmundicias, pasan sin perturbar la vida en sus condiciones esenciales.Se alzará más y más el coloso en la inundacion de los pueblos; su grandeza misma lo derribará, y de las piedras que se esparzan nacerán pueblos, como nacian hombres del diluvio de Pirra......El viejo se alejó hablando á solas.... y le pude oir: “México.... México,” con acento de ternura infinita.Corrí tras el anciano, á quien ya queria y veneraba.... acerquéme á él.... le pregunté su nombre.... Vaciló un momento.... despues, con voz resuelta y bronca, me dijo: “Quede vd. con Dios”.... y siguió su marcha, proyectándose en el camino su sombra gigantesca, con su baston.Preocupado con la conversacion del viejo del baston, promoví en mi visita conversacion acerca de lo que me habia hablado, y uno de los huéspedes de la casa, marino inteligentísimo y noble amigo de México, me prestó un folleto titulado:Coleccion de documentos relativos al Departamento de Californias, publicados por el ciudadano Manuel Castañares, diputado por aquel Departamento. Impreso en México en 1845.En ese folleto encontré confirmados todos los conceptos emitidos por el viejo, y ellos forman la apología del ignorado representante de California.En una nota del Sr. Castañares, fecha 2 de Agosto de 1844, dice:“La revolucion acaecida en California en 1836, se verificópor los hijos del país, pero instigados por los americanos y apoyados por el llamado capitan Green, que á la cabeza de un respetable número de rifleros, secundó el movimiento que, sin este auxilio, no hubiera podido triunfar de las tropas del gobierno; pero aun hay más en contra de la pequeña seccion militar que existe en California, y es esto: en el interior del Departamento se encuentran al pié de dos mil americanos armados, que en su mayor parte viven al pié de la Sierra de Santa Cruz.”Hablando de la riqueza del país, y bajo el rubro de “Pesca de pieles,” se expresa en estos términos:“Es incalculable la riqueza extraida de Californias en este ramo. La abundancia de la nutria de agua salada era en tal extremo, que los marineros de los botes, al tiempo de pasar sobre elzargazo, las mataban con los remos. Es admirable la exportacion que se ha hecho y aun se hace del castor, nutria de agua dulce y otras pieles. Respecto de la nutria de agua salada, calculan los marinos, que hace muchos años recorren aquella costa, que puede llegar al número de cincuenta mil pieles las extraidas en los años de 1830 á 40. Del castor y nutria de agua dulce es incalculable, porque éste lo sacan los hijos del país, los extranjeros establecidos en él, porcion de compañías americanas y canadenses, que vienen á Californias con este exclusivo objeto; y las tribus bárbaras hacen tambien caza de pieles para cambiarlas á dichas compañías por los efectos que traen, y que tanto halagan con ellos al salvaje.“Don Cárlos Augusto Sutter, dueño del establecimiento de campo conocido con el nombre de la Nueva Helvecia, situado en las márgenes del rio Sacramento, fué nombradopor el Sr. D. Juan B. Alvarado, juez de paz de su establecimiento y comandante militar de aquel rumbo casi desierto.”Continúa el Sr. Castañares:“Puerto de Depósito.—Desde el año de 1825 se ocupó ya de este asunto una junta nombrada por el supremo gobierno para proponer los medios más conducentes al progreso, cultura y civilizacion de las Californias. Desde entónces se conoció la importancia que podria cobrar esta península mexicana por su situacion topográfica en el comercio del Asia, haciéndola el centro de las especulaciones que las diferentes partes de Europa emprenden con la China. Se propuso por aquella ilustrada junta el establecimiento de una compañía de comercio directa con el Asia por el mar Pacífico en el puerto de Monterey, que deberia denominarse: “Compañía Asiático-Mexicana, protectora del fomento de la Península de California.”Por último, como un grito de desesperacion terrible; como una profecía espantosa; como un anatema, se repite en ese cuaderno, hablando al gobierno: “Si no atendeis pronto á California, se pierde sin remedio!”¡Cuán dolorosas reflexiones me sugirió la lectura del interesante cuaderno á que acabo de referirme.Nuestra inmensa costa del Pacífico propicia como las Californias al comercio con las otras Américas y con el Asia, se encuentra en completo abandono. Sus desiertos, su sistema fiscal, sus caminos, todo la condenan á la absorcion de los Estados-Unidos, y á ello coopera la ceguedad de los gobiernos y su respeto á los bastardos intereses que mantienen en sus puestosá los politicastrosde la capital.No hay remedio: si en la lucha indeclinablede interesescon los Estados-Unidos está de nuestra parte la barbarie, la repulsion y la indolencia, y de parte de ellos la civilizacion, la confraternidad y el trabajo, la derrota será nuestra, pronto, y lo que es más doloroso, con aplauso de la humanidad entera.Si tiene un inmenso puerto de depósito San Francisco, convirtamos nosotros en puertos de depósito, desde la Baja California hasta Acapulco; si llama San Francisco la colonizacion por medio de sábias leyes y de franquicias, mejoremos esas leyes y séamos más liberales; si aquellos inquietan á los chinos, llamémoslos nosotros con mayores atractivos.El arancel americano es absurdo y sacrifica á la codicia del Norte y del Este los intereses del Sur y del Oeste; en esa tarifa hay una cotizacion insostenible: declaremos libres de todo derecho los artículos gravados por ellos, y veremos efectuarse una revolucion que nos sorprenderá á nosotros mismos.La creacion del ferrocarril de Veracruz, tiene dividida á la República y condenados á los Estados distantes de la vía á la miseria y á la muerte, entre tanto los Estados de Occidente oyen los gritos de la locomotora del Pacífico ofreciéndoles salvacion. No volvamos la espalda á esta situacion, atendamos á esos Estados, porque se perderán sin remedio, como decia hablando de California su diputado Castañares.Muy loable es el empeño para extender la línea de ferrocarriles, ligando al Atlántico con el Pacífico; pero en mucho se esterilizarán esos esfuerzos, si no se procuran cambios, si los ferrocarriles no dan consumidores; si esas arterias nollevan sangre, ¿de qué servirán? La cuestion hacendaria de México es su cuestion social y política, y solo un conjunto de medidas sábias puede proveer á las necesidades del Occidente y de nuestras fronteras.Pero ya se encargará algun rábula de algun Club de proponer la panacea para nuestros males públicos, exagerando el proteccionismo.Fijemos sobre todo nuestra atencion en que esas familias y esos capitales que ingresan á San Francisco procedentes de Sonora, Sinaloa y la Baja California, aunque parecen abandonar nuestro suelo accidentalmente, quitan vigor, trabajo y recursos de subsistencia á los pueblos que abandonan, presentando contrastes que ceden en mengua y en empobrecimiento de nuestra patria.Esos hombres han emigrado por el pésimo sistema de impuestos, por las extorsiones de los jefes militares, por los robos oficiales que se llaman préstamos forzosos, por el plagio oficial que se llama leva y por el estúpido provincialismo que repele y ahuyenta todas esas poblaciones, que al principio escuchaban con espanto y odio los amagos de anexion al Norte, y que hoy han perdido mucho de su energía patriótica.Muy tristes consideraciones me sugirió el cuaderno del Sr. Castañares, y quién sabe hasta dónde las habria extendido, con riesgo de dormir á mis lectores, cuando tocó á mi puerta Gomez del Palacio.

XVIUn viejo.—Comercio.—Recuerdos históricos.PASEANDO una hermosa tarde, á pié, por las orillas del extenso Parque que conocemos, formamos corrillo, en la esquina de una calzada, varios mexicanos.Nos rodeaban altos médanos: en una de aquellas quiebras que hace la arena, un carromato desvencijado, una tienda de lona, un caballejo flaco, haciéndose las ilusiones de pastar, y un grupo de mujeres, hombres y muchachos, sucios, abigarrados y siniestros, nos llamaron la atencion. Eran gitanos. Una mujer de tez morena, gruesos mechones de cabellos á la frente, ojos grandísimos y apasionados, y una boca guarnecida de blanquísimos dientes, con harapos flotantes sobre su arrugada frente, nos llamaba para decirnos la buena ventura.Al extremo opuesto de la gitana, y á la entrada de unas elegantísimas calzadas del Parque, hay unbar-roomespléndido, y en la esquina que forma, se veia cabizbajo un viejo inclinado sobre su baston, y pendiente de nuestro grupo que estaba muy cerca. El aspecto del viejo era como el de nuestros militares retirados, adorno del Zócalo y de los arbolitos.Mugroso sorbete, arrugado pantalon de lienzo, y cabellos grises alborotados sobre la frente, y descolgándose sobre el cuello de la levita.Como de costumbre, lamentábamos las desdichas de nuestra patria. Uno decia:—Vea vd. esta tierra; para nosotros era desconocida, nadie le hacia caso, y no bien sale de nuestras manos, llueven sobre ella las bendiciones del cielo.—Yo apénas sabia que existia la tal California; oí decir que habia un rincon de la tierra por aquí, en que frailes y soldados hacian cera y pábilo.—Ahora es el paraíso; todos los encantos de la vida; todas las riquezas de la tierra, y un porvenir de grandeza que apénas alcanza á concebirlo la imaginacion.—Es porque nosotros no tenemos hechura; cuando existia California para México, se sabia por los situados de Mazatlan y por los mordiscos que todo el mundo le tiraba alfondo piadoso.—No seamos injustos; los presidios eran el gran medio de civilizacion del indio, ayudado por los misioneros.—En eso hay su más y su ménos, decia otro: muchos dicen que léjos de mejorarse la suerte del indio, se empeoraba.—Lo cierto es, hacia notar otro, que cuando la guerra de Tejas, ya muchos aventureros americanos, por sí y ante sí, habian tomado posesion de mucha tierra, y el puerto de Monterey habia tenido una invasion en forma.El viejecito del baston, aunque disimulando, habia seguido con vivo interes nuestra conversacion, y más de una vez le ví en ímpetus de levantarse y tomar la palabra en nuestro corrillo; pero se reprimia y se fingia como dormitando.Nuestra conversacion continuó bajo el mismo tema: nos dispusimos á retirarnos, y yo torcí solitario por la calle de Franklin, para la casa de la Sra. Cima, donde frecuentemente tomaba té al caer la tarde.Apénas habria yo andado treinta pasos, separado de mis amigos, cuando noté que me seguia el viejecito del baston: suspendí mi marcha y le esperé, creyendo que llegaba en solicitud de un socorro.Sin más preámbulo, y fijando en mí sus pequeños y animadísimos ojos, como dos chipas, bajo los tejados blancos de sus cejas, y abriendo su bolsuda y desdentada boca, me dijo:—Todo eso que han hablado sus amigos de vd. es una sarta de mentiras, que prueban su ignorancia de la historia y su ingratitud para con los hombres que luchamos porque tuviera patria toda esa maldita canalla.Yo veia atónito al viejo, me imponian respeto sus años, me subyugaba su mirada, me atraia el tono de majestuosa verdad que revestia aquella conmovida palabra.Animado con mi atencion, continuó:—Desde el tiempo del gobierno español se dió suma importancia á California; se dotaron las misiones, se protegie-ronlos presidios, se vió como rica joya y como llave del mar Pacífico.Es una impostura histórica, continuó el viejo, pintar al indio amamantado por el cristianismo, entrando al goce de la civilizacion: el indio era tratado como esclavo, se le enervaba con el vicio, se le embrutecia con el fanatismo y se le degradaba como á la béstia.El cepo, los azotes, la crueldad más impía se ejercia con esos hombres, cuya posicion aferraba á los salvajes en su libertad.EseFondo Piadoso de California, léjos de servir para la conversion y alivio del indio, conforme á la mente de los fundadores, era instrumento de tortura, cebo de codicia y elemento de asquerosa corrupcion.En California se dejaron frailes y soldados, que no eran ya los misioneros apostólicos, ni los jesuitas fervorosos que menciona la historia.En cambio, el soldado no era el aventurero ávido, ni el asesino implacable.La riqueza de California era ya conocida en 1844 y denunciada al gobierno.El Sr. D. Manuel Castañares, digno representante del Departamento, decia al gobierno: “además de las minas de plata, se ha descubiertoun placer de oro de treinta leguas de extension, y muchas minas de carbon de piedra.”Yo vine á esta tierra de maldicion para México, decia con acento doloroso el anciano, con el patriota, con el sabio, con el gran general Micheltorena.El, en las horas de corto descanso que nos daban las fatigas militares, nos instruia como un padre y nos hacia notarque el trigo da seiscientos por uno, el maíz mil, el frijol quinientos.El alentaba á los indios al cultivo de la caña, de donde sacaban azúcar que se exportaba.Del cultivo de la jarcia daban testimonio las embarcaciones todas del Pacífico; del lino, nuestros vestidos y los de los habitantes de las misiones.La nutria y el castor de California se enviaban de regalos á los magnates de México, y los periódicos europeos estaban cansados de llamar la atencion del mundo sobre la pesca de la perla y la ballena.¿Queria aquel gobierno y todos los que le sucedieron más noticias? Diga vd. que en México, por la fatal organizacion de aquella sociedad, los que estaban fuera del presupuesto luchaban para derribar á los que estaban dentro de él, y que en esa tarea infame los ha de hallar la pérdida de la nacionalidad.Miéntras aquella puja y aquel tráfico del poder, única industria de aquella clase média y de aquellos magnates ignorantes, fátuos y corrompidos, se efectuaba, habia aquí un puñado de mexicanos, con el general Micheltorena, sacrificándonos por la independencia.Aquel jefe tenia á sus órdenes, para contener la rebelion, de hijos del país y aventureros, 195 hombres, de todo punto desnudos, con armamentos de diversos calibres, con cuatro paradas de cartuchos por plaza, con treinta pesos para dar de comer á toda la tropa, y veintitantos oficiales en el puerto de Monterey, sin tener quien les diera al crédito una sola libra de carne.El general Codallos, antecesor del general Micheltorena,fué modelo de honor y sufrimiento: éste hizo cotidiano el heroismo. Jamás le oimos exhalar una queja, nunca desmayó en las fatigas, su palabra elocuente nos reconciliaba con la patria, que parecia habernos condenado á la vergüenza y al abandono.¿No se encuentra la Baja California en posicion semejante? ¿No tenemos las costas del Pacífico en peligros análogos? ¿No escucha vd. en los desiertos el grito de la locomotora llamando á los pueblos á la participacion del Progreso? ¿Quedarán Sonora, Sinaloa y la California como los príncipes del cuento indio, atados á sus columnas de bronce, de espectadores, retorciéndose de hambre, miéntras se entregan sus vecinos á los placeres en brazos de la opulencia?¿Legitimará esta situacion la moral? ¿La humanidad? ¿No es hacer del patriotismo una virtud de pigmeos y de idiotas?....La luz del sol poniente daba al viejo de espalda y presentaba sus contornos luminosos.... era terrible y bella para mí la presencia del viejo.—Y no piense vd., continuó, que yo creo en ese paraíso que pintan sus menguados amigos. Yo trato con injusticia á este suelo, lo detesto, porque es para mí como la hija que se prostituye y nos insulta con su riqueza en brazos de su raptor.Hay políticos venales como en parte alguna, al robo se le llama comercio, las niñas se embriagan y cambian el Champaña por el arsénico en el dia de su infortunio. El yankee dice á su hijo:si puedes tener dinero bien habido, tenlo; y si no lo puedes tener honradamente, tenlo tambien.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Tipos Chinos.Pero hay en el fondo de esas iniquidades ciertos principios de vida propia, ciertos cimientos de derecho universal, cierta inviolabilidad del derecho, un acatamiento ciego á la ley, tanto, que esa espuma, esa borra impura, esas inmundicias, pasan sin perturbar la vida en sus condiciones esenciales.Se alzará más y más el coloso en la inundacion de los pueblos; su grandeza misma lo derribará, y de las piedras que se esparzan nacerán pueblos, como nacian hombres del diluvio de Pirra......El viejo se alejó hablando á solas.... y le pude oir: “México.... México,” con acento de ternura infinita.Corrí tras el anciano, á quien ya queria y veneraba.... acerquéme á él.... le pregunté su nombre.... Vaciló un momento.... despues, con voz resuelta y bronca, me dijo: “Quede vd. con Dios”.... y siguió su marcha, proyectándose en el camino su sombra gigantesca, con su baston.Preocupado con la conversacion del viejo del baston, promoví en mi visita conversacion acerca de lo que me habia hablado, y uno de los huéspedes de la casa, marino inteligentísimo y noble amigo de México, me prestó un folleto titulado:Coleccion de documentos relativos al Departamento de Californias, publicados por el ciudadano Manuel Castañares, diputado por aquel Departamento. Impreso en México en 1845.En ese folleto encontré confirmados todos los conceptos emitidos por el viejo, y ellos forman la apología del ignorado representante de California.En una nota del Sr. Castañares, fecha 2 de Agosto de 1844, dice:“La revolucion acaecida en California en 1836, se verificópor los hijos del país, pero instigados por los americanos y apoyados por el llamado capitan Green, que á la cabeza de un respetable número de rifleros, secundó el movimiento que, sin este auxilio, no hubiera podido triunfar de las tropas del gobierno; pero aun hay más en contra de la pequeña seccion militar que existe en California, y es esto: en el interior del Departamento se encuentran al pié de dos mil americanos armados, que en su mayor parte viven al pié de la Sierra de Santa Cruz.”Hablando de la riqueza del país, y bajo el rubro de “Pesca de pieles,” se expresa en estos términos:“Es incalculable la riqueza extraida de Californias en este ramo. La abundancia de la nutria de agua salada era en tal extremo, que los marineros de los botes, al tiempo de pasar sobre elzargazo, las mataban con los remos. Es admirable la exportacion que se ha hecho y aun se hace del castor, nutria de agua dulce y otras pieles. Respecto de la nutria de agua salada, calculan los marinos, que hace muchos años recorren aquella costa, que puede llegar al número de cincuenta mil pieles las extraidas en los años de 1830 á 40. Del castor y nutria de agua dulce es incalculable, porque éste lo sacan los hijos del país, los extranjeros establecidos en él, porcion de compañías americanas y canadenses, que vienen á Californias con este exclusivo objeto; y las tribus bárbaras hacen tambien caza de pieles para cambiarlas á dichas compañías por los efectos que traen, y que tanto halagan con ellos al salvaje.“Don Cárlos Augusto Sutter, dueño del establecimiento de campo conocido con el nombre de la Nueva Helvecia, situado en las márgenes del rio Sacramento, fué nombradopor el Sr. D. Juan B. Alvarado, juez de paz de su establecimiento y comandante militar de aquel rumbo casi desierto.”Continúa el Sr. Castañares:“Puerto de Depósito.—Desde el año de 1825 se ocupó ya de este asunto una junta nombrada por el supremo gobierno para proponer los medios más conducentes al progreso, cultura y civilizacion de las Californias. Desde entónces se conoció la importancia que podria cobrar esta península mexicana por su situacion topográfica en el comercio del Asia, haciéndola el centro de las especulaciones que las diferentes partes de Europa emprenden con la China. Se propuso por aquella ilustrada junta el establecimiento de una compañía de comercio directa con el Asia por el mar Pacífico en el puerto de Monterey, que deberia denominarse: “Compañía Asiático-Mexicana, protectora del fomento de la Península de California.”Por último, como un grito de desesperacion terrible; como una profecía espantosa; como un anatema, se repite en ese cuaderno, hablando al gobierno: “Si no atendeis pronto á California, se pierde sin remedio!”¡Cuán dolorosas reflexiones me sugirió la lectura del interesante cuaderno á que acabo de referirme.Nuestra inmensa costa del Pacífico propicia como las Californias al comercio con las otras Américas y con el Asia, se encuentra en completo abandono. Sus desiertos, su sistema fiscal, sus caminos, todo la condenan á la absorcion de los Estados-Unidos, y á ello coopera la ceguedad de los gobiernos y su respeto á los bastardos intereses que mantienen en sus puestosá los politicastrosde la capital.No hay remedio: si en la lucha indeclinablede interesescon los Estados-Unidos está de nuestra parte la barbarie, la repulsion y la indolencia, y de parte de ellos la civilizacion, la confraternidad y el trabajo, la derrota será nuestra, pronto, y lo que es más doloroso, con aplauso de la humanidad entera.Si tiene un inmenso puerto de depósito San Francisco, convirtamos nosotros en puertos de depósito, desde la Baja California hasta Acapulco; si llama San Francisco la colonizacion por medio de sábias leyes y de franquicias, mejoremos esas leyes y séamos más liberales; si aquellos inquietan á los chinos, llamémoslos nosotros con mayores atractivos.El arancel americano es absurdo y sacrifica á la codicia del Norte y del Este los intereses del Sur y del Oeste; en esa tarifa hay una cotizacion insostenible: declaremos libres de todo derecho los artículos gravados por ellos, y veremos efectuarse una revolucion que nos sorprenderá á nosotros mismos.La creacion del ferrocarril de Veracruz, tiene dividida á la República y condenados á los Estados distantes de la vía á la miseria y á la muerte, entre tanto los Estados de Occidente oyen los gritos de la locomotora del Pacífico ofreciéndoles salvacion. No volvamos la espalda á esta situacion, atendamos á esos Estados, porque se perderán sin remedio, como decia hablando de California su diputado Castañares.Muy loable es el empeño para extender la línea de ferrocarriles, ligando al Atlántico con el Pacífico; pero en mucho se esterilizarán esos esfuerzos, si no se procuran cambios, si los ferrocarriles no dan consumidores; si esas arterias nollevan sangre, ¿de qué servirán? La cuestion hacendaria de México es su cuestion social y política, y solo un conjunto de medidas sábias puede proveer á las necesidades del Occidente y de nuestras fronteras.Pero ya se encargará algun rábula de algun Club de proponer la panacea para nuestros males públicos, exagerando el proteccionismo.Fijemos sobre todo nuestra atencion en que esas familias y esos capitales que ingresan á San Francisco procedentes de Sonora, Sinaloa y la Baja California, aunque parecen abandonar nuestro suelo accidentalmente, quitan vigor, trabajo y recursos de subsistencia á los pueblos que abandonan, presentando contrastes que ceden en mengua y en empobrecimiento de nuestra patria.Esos hombres han emigrado por el pésimo sistema de impuestos, por las extorsiones de los jefes militares, por los robos oficiales que se llaman préstamos forzosos, por el plagio oficial que se llama leva y por el estúpido provincialismo que repele y ahuyenta todas esas poblaciones, que al principio escuchaban con espanto y odio los amagos de anexion al Norte, y que hoy han perdido mucho de su energía patriótica.Muy tristes consideraciones me sugirió el cuaderno del Sr. Castañares, y quién sabe hasta dónde las habria extendido, con riesgo de dormir á mis lectores, cuando tocó á mi puerta Gomez del Palacio.

Un viejo.—Comercio.—Recuerdos históricos.

PASEANDO una hermosa tarde, á pié, por las orillas del extenso Parque que conocemos, formamos corrillo, en la esquina de una calzada, varios mexicanos.

Nos rodeaban altos médanos: en una de aquellas quiebras que hace la arena, un carromato desvencijado, una tienda de lona, un caballejo flaco, haciéndose las ilusiones de pastar, y un grupo de mujeres, hombres y muchachos, sucios, abigarrados y siniestros, nos llamaron la atencion. Eran gitanos. Una mujer de tez morena, gruesos mechones de cabellos á la frente, ojos grandísimos y apasionados, y una boca guarnecida de blanquísimos dientes, con harapos flotantes sobre su arrugada frente, nos llamaba para decirnos la buena ventura.

Al extremo opuesto de la gitana, y á la entrada de unas elegantísimas calzadas del Parque, hay unbar-roomespléndido, y en la esquina que forma, se veia cabizbajo un viejo inclinado sobre su baston, y pendiente de nuestro grupo que estaba muy cerca. El aspecto del viejo era como el de nuestros militares retirados, adorno del Zócalo y de los arbolitos.

Mugroso sorbete, arrugado pantalon de lienzo, y cabellos grises alborotados sobre la frente, y descolgándose sobre el cuello de la levita.

Como de costumbre, lamentábamos las desdichas de nuestra patria. Uno decia:

—Vea vd. esta tierra; para nosotros era desconocida, nadie le hacia caso, y no bien sale de nuestras manos, llueven sobre ella las bendiciones del cielo.

—Yo apénas sabia que existia la tal California; oí decir que habia un rincon de la tierra por aquí, en que frailes y soldados hacian cera y pábilo.

—Ahora es el paraíso; todos los encantos de la vida; todas las riquezas de la tierra, y un porvenir de grandeza que apénas alcanza á concebirlo la imaginacion.

—Es porque nosotros no tenemos hechura; cuando existia California para México, se sabia por los situados de Mazatlan y por los mordiscos que todo el mundo le tiraba alfondo piadoso.

—No seamos injustos; los presidios eran el gran medio de civilizacion del indio, ayudado por los misioneros.

—En eso hay su más y su ménos, decia otro: muchos dicen que léjos de mejorarse la suerte del indio, se empeoraba.

—Lo cierto es, hacia notar otro, que cuando la guerra de Tejas, ya muchos aventureros americanos, por sí y ante sí, habian tomado posesion de mucha tierra, y el puerto de Monterey habia tenido una invasion en forma.

El viejecito del baston, aunque disimulando, habia seguido con vivo interes nuestra conversacion, y más de una vez le ví en ímpetus de levantarse y tomar la palabra en nuestro corrillo; pero se reprimia y se fingia como dormitando.

Nuestra conversacion continuó bajo el mismo tema: nos dispusimos á retirarnos, y yo torcí solitario por la calle de Franklin, para la casa de la Sra. Cima, donde frecuentemente tomaba té al caer la tarde.

Apénas habria yo andado treinta pasos, separado de mis amigos, cuando noté que me seguia el viejecito del baston: suspendí mi marcha y le esperé, creyendo que llegaba en solicitud de un socorro.

Sin más preámbulo, y fijando en mí sus pequeños y animadísimos ojos, como dos chipas, bajo los tejados blancos de sus cejas, y abriendo su bolsuda y desdentada boca, me dijo:

—Todo eso que han hablado sus amigos de vd. es una sarta de mentiras, que prueban su ignorancia de la historia y su ingratitud para con los hombres que luchamos porque tuviera patria toda esa maldita canalla.

Yo veia atónito al viejo, me imponian respeto sus años, me subyugaba su mirada, me atraia el tono de majestuosa verdad que revestia aquella conmovida palabra.

Animado con mi atencion, continuó:

—Desde el tiempo del gobierno español se dió suma importancia á California; se dotaron las misiones, se protegie-ronlos presidios, se vió como rica joya y como llave del mar Pacífico.

Es una impostura histórica, continuó el viejo, pintar al indio amamantado por el cristianismo, entrando al goce de la civilizacion: el indio era tratado como esclavo, se le enervaba con el vicio, se le embrutecia con el fanatismo y se le degradaba como á la béstia.

El cepo, los azotes, la crueldad más impía se ejercia con esos hombres, cuya posicion aferraba á los salvajes en su libertad.

EseFondo Piadoso de California, léjos de servir para la conversion y alivio del indio, conforme á la mente de los fundadores, era instrumento de tortura, cebo de codicia y elemento de asquerosa corrupcion.

En California se dejaron frailes y soldados, que no eran ya los misioneros apostólicos, ni los jesuitas fervorosos que menciona la historia.

En cambio, el soldado no era el aventurero ávido, ni el asesino implacable.

La riqueza de California era ya conocida en 1844 y denunciada al gobierno.

El Sr. D. Manuel Castañares, digno representante del Departamento, decia al gobierno: “además de las minas de plata, se ha descubiertoun placer de oro de treinta leguas de extension, y muchas minas de carbon de piedra.”

Yo vine á esta tierra de maldicion para México, decia con acento doloroso el anciano, con el patriota, con el sabio, con el gran general Micheltorena.

El, en las horas de corto descanso que nos daban las fatigas militares, nos instruia como un padre y nos hacia notarque el trigo da seiscientos por uno, el maíz mil, el frijol quinientos.

El alentaba á los indios al cultivo de la caña, de donde sacaban azúcar que se exportaba.

Del cultivo de la jarcia daban testimonio las embarcaciones todas del Pacífico; del lino, nuestros vestidos y los de los habitantes de las misiones.

La nutria y el castor de California se enviaban de regalos á los magnates de México, y los periódicos europeos estaban cansados de llamar la atencion del mundo sobre la pesca de la perla y la ballena.

¿Queria aquel gobierno y todos los que le sucedieron más noticias? Diga vd. que en México, por la fatal organizacion de aquella sociedad, los que estaban fuera del presupuesto luchaban para derribar á los que estaban dentro de él, y que en esa tarea infame los ha de hallar la pérdida de la nacionalidad.

Miéntras aquella puja y aquel tráfico del poder, única industria de aquella clase média y de aquellos magnates ignorantes, fátuos y corrompidos, se efectuaba, habia aquí un puñado de mexicanos, con el general Micheltorena, sacrificándonos por la independencia.

Aquel jefe tenia á sus órdenes, para contener la rebelion, de hijos del país y aventureros, 195 hombres, de todo punto desnudos, con armamentos de diversos calibres, con cuatro paradas de cartuchos por plaza, con treinta pesos para dar de comer á toda la tropa, y veintitantos oficiales en el puerto de Monterey, sin tener quien les diera al crédito una sola libra de carne.

El general Codallos, antecesor del general Micheltorena,fué modelo de honor y sufrimiento: éste hizo cotidiano el heroismo. Jamás le oimos exhalar una queja, nunca desmayó en las fatigas, su palabra elocuente nos reconciliaba con la patria, que parecia habernos condenado á la vergüenza y al abandono.

¿No se encuentra la Baja California en posicion semejante? ¿No tenemos las costas del Pacífico en peligros análogos? ¿No escucha vd. en los desiertos el grito de la locomotora llamando á los pueblos á la participacion del Progreso? ¿Quedarán Sonora, Sinaloa y la California como los príncipes del cuento indio, atados á sus columnas de bronce, de espectadores, retorciéndose de hambre, miéntras se entregan sus vecinos á los placeres en brazos de la opulencia?

¿Legitimará esta situacion la moral? ¿La humanidad? ¿No es hacer del patriotismo una virtud de pigmeos y de idiotas?....

La luz del sol poniente daba al viejo de espalda y presentaba sus contornos luminosos.... era terrible y bella para mí la presencia del viejo.

—Y no piense vd., continuó, que yo creo en ese paraíso que pintan sus menguados amigos. Yo trato con injusticia á este suelo, lo detesto, porque es para mí como la hija que se prostituye y nos insulta con su riqueza en brazos de su raptor.

Hay políticos venales como en parte alguna, al robo se le llama comercio, las niñas se embriagan y cambian el Champaña por el arsénico en el dia de su infortunio. El yankee dice á su hijo:si puedes tener dinero bien habido, tenlo; y si no lo puedes tener honradamente, tenlo tambien.

LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Tipos Chinos.

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Tipos Chinos.

Pero hay en el fondo de esas iniquidades ciertos principios de vida propia, ciertos cimientos de derecho universal, cierta inviolabilidad del derecho, un acatamiento ciego á la ley, tanto, que esa espuma, esa borra impura, esas inmundicias, pasan sin perturbar la vida en sus condiciones esenciales.

Se alzará más y más el coloso en la inundacion de los pueblos; su grandeza misma lo derribará, y de las piedras que se esparzan nacerán pueblos, como nacian hombres del diluvio de Pirra......

El viejo se alejó hablando á solas.... y le pude oir: “México.... México,” con acento de ternura infinita.

Corrí tras el anciano, á quien ya queria y veneraba.... acerquéme á él.... le pregunté su nombre.... Vaciló un momento.... despues, con voz resuelta y bronca, me dijo: “Quede vd. con Dios”.... y siguió su marcha, proyectándose en el camino su sombra gigantesca, con su baston.

Preocupado con la conversacion del viejo del baston, promoví en mi visita conversacion acerca de lo que me habia hablado, y uno de los huéspedes de la casa, marino inteligentísimo y noble amigo de México, me prestó un folleto titulado:Coleccion de documentos relativos al Departamento de Californias, publicados por el ciudadano Manuel Castañares, diputado por aquel Departamento. Impreso en México en 1845.

En ese folleto encontré confirmados todos los conceptos emitidos por el viejo, y ellos forman la apología del ignorado representante de California.

En una nota del Sr. Castañares, fecha 2 de Agosto de 1844, dice:

“La revolucion acaecida en California en 1836, se verificópor los hijos del país, pero instigados por los americanos y apoyados por el llamado capitan Green, que á la cabeza de un respetable número de rifleros, secundó el movimiento que, sin este auxilio, no hubiera podido triunfar de las tropas del gobierno; pero aun hay más en contra de la pequeña seccion militar que existe en California, y es esto: en el interior del Departamento se encuentran al pié de dos mil americanos armados, que en su mayor parte viven al pié de la Sierra de Santa Cruz.”

Hablando de la riqueza del país, y bajo el rubro de “Pesca de pieles,” se expresa en estos términos:

“Es incalculable la riqueza extraida de Californias en este ramo. La abundancia de la nutria de agua salada era en tal extremo, que los marineros de los botes, al tiempo de pasar sobre elzargazo, las mataban con los remos. Es admirable la exportacion que se ha hecho y aun se hace del castor, nutria de agua dulce y otras pieles. Respecto de la nutria de agua salada, calculan los marinos, que hace muchos años recorren aquella costa, que puede llegar al número de cincuenta mil pieles las extraidas en los años de 1830 á 40. Del castor y nutria de agua dulce es incalculable, porque éste lo sacan los hijos del país, los extranjeros establecidos en él, porcion de compañías americanas y canadenses, que vienen á Californias con este exclusivo objeto; y las tribus bárbaras hacen tambien caza de pieles para cambiarlas á dichas compañías por los efectos que traen, y que tanto halagan con ellos al salvaje.

“Don Cárlos Augusto Sutter, dueño del establecimiento de campo conocido con el nombre de la Nueva Helvecia, situado en las márgenes del rio Sacramento, fué nombradopor el Sr. D. Juan B. Alvarado, juez de paz de su establecimiento y comandante militar de aquel rumbo casi desierto.”

Continúa el Sr. Castañares:

“Puerto de Depósito.—Desde el año de 1825 se ocupó ya de este asunto una junta nombrada por el supremo gobierno para proponer los medios más conducentes al progreso, cultura y civilizacion de las Californias. Desde entónces se conoció la importancia que podria cobrar esta península mexicana por su situacion topográfica en el comercio del Asia, haciéndola el centro de las especulaciones que las diferentes partes de Europa emprenden con la China. Se propuso por aquella ilustrada junta el establecimiento de una compañía de comercio directa con el Asia por el mar Pacífico en el puerto de Monterey, que deberia denominarse: “Compañía Asiático-Mexicana, protectora del fomento de la Península de California.”

Por último, como un grito de desesperacion terrible; como una profecía espantosa; como un anatema, se repite en ese cuaderno, hablando al gobierno: “Si no atendeis pronto á California, se pierde sin remedio!”

¡Cuán dolorosas reflexiones me sugirió la lectura del interesante cuaderno á que acabo de referirme.

Nuestra inmensa costa del Pacífico propicia como las Californias al comercio con las otras Américas y con el Asia, se encuentra en completo abandono. Sus desiertos, su sistema fiscal, sus caminos, todo la condenan á la absorcion de los Estados-Unidos, y á ello coopera la ceguedad de los gobiernos y su respeto á los bastardos intereses que mantienen en sus puestosá los politicastrosde la capital.

No hay remedio: si en la lucha indeclinablede interesescon los Estados-Unidos está de nuestra parte la barbarie, la repulsion y la indolencia, y de parte de ellos la civilizacion, la confraternidad y el trabajo, la derrota será nuestra, pronto, y lo que es más doloroso, con aplauso de la humanidad entera.

Si tiene un inmenso puerto de depósito San Francisco, convirtamos nosotros en puertos de depósito, desde la Baja California hasta Acapulco; si llama San Francisco la colonizacion por medio de sábias leyes y de franquicias, mejoremos esas leyes y séamos más liberales; si aquellos inquietan á los chinos, llamémoslos nosotros con mayores atractivos.

El arancel americano es absurdo y sacrifica á la codicia del Norte y del Este los intereses del Sur y del Oeste; en esa tarifa hay una cotizacion insostenible: declaremos libres de todo derecho los artículos gravados por ellos, y veremos efectuarse una revolucion que nos sorprenderá á nosotros mismos.

La creacion del ferrocarril de Veracruz, tiene dividida á la República y condenados á los Estados distantes de la vía á la miseria y á la muerte, entre tanto los Estados de Occidente oyen los gritos de la locomotora del Pacífico ofreciéndoles salvacion. No volvamos la espalda á esta situacion, atendamos á esos Estados, porque se perderán sin remedio, como decia hablando de California su diputado Castañares.

Muy loable es el empeño para extender la línea de ferrocarriles, ligando al Atlántico con el Pacífico; pero en mucho se esterilizarán esos esfuerzos, si no se procuran cambios, si los ferrocarriles no dan consumidores; si esas arterias nollevan sangre, ¿de qué servirán? La cuestion hacendaria de México es su cuestion social y política, y solo un conjunto de medidas sábias puede proveer á las necesidades del Occidente y de nuestras fronteras.

Pero ya se encargará algun rábula de algun Club de proponer la panacea para nuestros males públicos, exagerando el proteccionismo.

Fijemos sobre todo nuestra atencion en que esas familias y esos capitales que ingresan á San Francisco procedentes de Sonora, Sinaloa y la Baja California, aunque parecen abandonar nuestro suelo accidentalmente, quitan vigor, trabajo y recursos de subsistencia á los pueblos que abandonan, presentando contrastes que ceden en mengua y en empobrecimiento de nuestra patria.

Esos hombres han emigrado por el pésimo sistema de impuestos, por las extorsiones de los jefes militares, por los robos oficiales que se llaman préstamos forzosos, por el plagio oficial que se llama leva y por el estúpido provincialismo que repele y ahuyenta todas esas poblaciones, que al principio escuchaban con espanto y odio los amagos de anexion al Norte, y que hoy han perdido mucho de su energía patriótica.

Muy tristes consideraciones me sugirió el cuaderno del Sr. Castañares, y quién sabe hasta dónde las habria extendido, con riesgo de dormir á mis lectores, cuando tocó á mi puerta Gomez del Palacio.


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