XVII

XVIILaborio de minas.—Un almuerzo.VEN, Guillermo, oirás una conversacion de unos mineros, de la que puedes sacar partido para tus apuntaciones: están en mi cuarto, y les he dicho que iba á tener el honor de presentarte.Diciendo y haciendo, me puse al lado de Francisco y entramos á su cuarto.Rodeados á la pequeña mesita que fungia de escritorio de mi amigo, se encontraban tres personajes, que por ser característicos, me voy á dar el trabajo de bosquejar.Era el uno Mr. Wood, de nueve arrobas de tara, con cada dedo como un morillo y con cada pié como una canoa traginera; de la piel de su cara escarlata habria podido salir una tambora.La frente aplastada y ancha, los ojos azules, parapetadosen los carnudos pómulos, el cabello blanco, cayendo en hilos separados sobre sus hombros y espaldas.Negro leviton, con la figura de un baul á medio abrir, y uno de esos sombreros puntiagudos, desgobernados, de ala ancha y accidentada, que solo se ven en la cabeza de un yankee.Ese tosco campesino; ese hombre de carcajada franca y estrepitosa, con una dentadura de marfil luminoso, con su pipa de palo apagada en la diestra, y su pulgar de la mano derecha negro de tabaco; ese tiene más de tres millones de pesos, su casa es como un palacio y se trata como un príncipe.El otro que está á su lado, con la espina dorsal doblada, dando su rostro casi sobre sus rodillas, cayendo su pelo castaño como una cortina sobre su rostro, con una enorme navaja en la mano, puliendo, como distraido, un palito, volviéndose á cada instante para escupir el negro tabaco que masca grosero; ese, es Mr. Keen, accionista de minas, que en losStokesha perdido y ganado inmensas fortunas; hombre de negocios,manejadorde plata.El tercero, de sombrero blanco, elegante porte, rica cadena de oro, pálido, rubio, nariz puntiaguda, boca pequeña, escasa patilla y barba rasurada. Es ingeniero de minas: está con el pié derecho sobre el sofá, inclinado sobre la mesa, tiene una de sus manos en el bolsillo del pantalon, cuyo bolsillo encierra llavero, lápices, medidas, compases, navajas, y no sé cuántos útiles que suelen sacar las narices y desaparecen en aquel antro que hemos titulado bolsillo. Este ingeniero, á quien llamaremos Mr. Swift, es hombre de números, y por consiguiente, encanto de los negociantes.Los caballeros con quienes acabo de dar conocimiento á mis lectores, iban á consultar al Sr. Gomez del Palacio sobre una escritura de Compañía, porque es de advertir, para orgullo nuestro, que el Sr. Gomez del Palacio es conocido de toda la gente de valer de los Estados-Unidos, no solo como eminente jurisconsulto y hombre próvido, sino como muy entendido en negocios y como hombre que escribe con la mayor cultura y correccion el idioma inglés. Por otra parte, un hombre tan distinguido y considerado como Mr. Cushing, es el amigo de Gomez del Palacio, amigo á quien mucho estima, y esta es una gran recomendacion en aquellos países. Muchas de las consideraciones que yo merecí en los Estados-Unidos á las personas de la alta sociedad, las debo á mi amistad con el respetable Mr. Bryant, eminente poeta, y uno de los hombres más dignos y más ilustres de la patria de Washington.La consulta habia concluido muy satisfactoriamente, reinaba el buen humor, se atizaba elcoptaily la cerveza, con alguna economía del tabaco, porque á Francisco le endiablan los fumadores.M. Wood me flechó, nos hablamos un inglés españolizado que hizo soltar la risa al concurso, y á poco, el comerciante de granos y ganados y yo, hubiéramos hecho la envidia de Pílades y Orestes.El ingeniero que tenia la palabra cuando fué á llamarme Gomez del Palacio, fué invitado á continuar despues de la interrupcion que produjo mi llegada.M. Swift habla perfectamente castellano.—Decia yo, continuó el ingeniero, que la conmocion producida por el descubrimiento de los placeres de oro de Calfornia,no ha tenido igual en el mundo, no obstante que la Australia, tres años despues, daba tanto como California, y que la fábula misma no se habria atrevido á inventar bonanzas como las de la Nevada, más productivas en pocos años que las riquezas de las Américas en tres siglos.—Incluyendo por supuesto, dijo el de la navaja, el Colorado, Idalio.—Bien, bien, decia M. Wood; pero de 1848 á 1873, dió California mil millones de pesos; siempre este está bonita, y Montañas, Arizona, Nuevo México, trescientos millones.—Era de verse, continuó el ingeniero, llegar aventureros de todas partes del mundo, lo mismo los que doblaban el Cabo de Hornos que los que atravesaban el Istmo de Panamá; lo mismo los que saltaban sobre las Montañas Rocallosas que los que se aventuraban en los inmensos llanos delfarwest, donde muchas veces perecian de hambre las caravanas.Instalábanse los buscadores á la orilla de un arroyo, sin más útiles que una barreta, una criba, y la batea mexicana para lavar el oro. Cuando eran muy pequeñas las partículas de oro, se empleaba el mercurio.Se tomaban el agua y las arenas, y el oro quedaba en el fondo.Despues de esto se introdujo la cuna, es decir, un tamiz de esa figura en que se depositaba la arena, y meciéndose, se hacia el cernido: este sistema producia tres tantos más que el anterior.Por último, se adoptó el sistema de tubos, que exige gran número de trabajadores.Los chilenos tambien plantearon su método, que consisteen poner la arena en un patio enlosado. Allí se deposita al arena, se echa agua, y al descender la arena por un plano inclinado, queda el oro.Hubo tambien un método que se llamó hidráulico, que produjo los mejores resultados.—Eso fué, dijo M. Wood, de un hombre del Conneticut; el método consistia en dirigir un chorro de bomba contra las rocas en que se esconde el oro, y así sale el gato amarillo á toda prisa.Algunas veces los lechos de la arena se tenian que profundizar; abriéronse hondísimos pozos en que los buscadores se hundian.—Y bien que se hundian; uno se hundió tanto, que dejó allí el cráneo, dijo el de la navaja; y vea vd. las cosas: yendo dias y viniendo dias, un sabio, M. Wetney, halló el tal cráneo, y dió y tomó que era un cráneo fósil. Las sociedades científicas hicieron grande escándalo, se escribieron libros, se nombraron comisiones y no se habló de otra cosa que del hombreprehistórico, que era en resumidas cuentas un pobre diablo desbarrancado en un pozo.—Despues de esto fué el beneficio del cuarzo, ¿no es así? le pregunté al ingeniero.—Sí, señor; y aunque hoy las minas de cuarzo están muy en boga, al principio se decia que no costeaban. En el centro de la Nevada tiene vd. hoy áAllision Banck, que debió haber hecho millonarios á tres irlandeses ignorantes que lo descubrieron y le abandonaron el año de 1851, que fué el mismo año del descubrimiento.—Los tiempos heróicos del oro, replicó el de la navaja, son de 1848 á 1859.Un mormon Marshal, soldado licenciado que habia estado en la guerra de Mexico, y de paso para Utah, se empleó momentáneamente en la máquina de aserrar madera que tenia el capitan Sutter á las orillas del Sacramento, y éstos, por verdadera casualidad, descubrieron los placeres de oro.—Al decaer la bonanza del oro, notó el ingeniero, muchas familias estaban aquí establecidas, y los naturales del país, en once años, habian dado gran desarrollo á sus industrias.La viña, las cereales, las maderas, constituian ramos de riqueza tan valiosos como los placeres.—Y más que todo, dijo alegremente M. Wood, la Nevada, el Colorado, los montes de Wahsath, son vacas que dan plata y oro.—No, dijo el ingeniero entusiasmado, con una mímica grotesca y especial al yankee. Ahora es el tiempo heróico de las minas, se han hecho inventos maravillosos, se ve á la ciencia armada con la clava de Hércules, arrancando á la tierra sus tesoros, guardados por la sombra y el abismo.Apénas se sospecha una veta, se le ponen diques, se le circunscribe, se sorprende con grandes túneles debajo de la tierra, se descuelga dentro de ellos el dia por la lámpara del gas, se abren espacios en figura de cruz, se rellenan de barriles de pólvora ó dinamita, se escurre entre ellos el hilo metálico conductor del rayo, y se envía la chispa eléctrica; la explosion es espantosa, vuelan como polvo y como hojas secas las piedras y los inmensos peñascos, se derrumban masas enormes de granito, se desgarran y riegan las entrañas del abismo; entre ese humo, esa llama, esa granizada de fragmentos de montaña, se precipitan los monitores, bombasde agua estupendas, del empuje del ariete y del proyectil del cañon; la respiracion de esas bombas llama con terrible pujanza 3.800,000 litros de agua.Vencida, pulverizada la roca, deja al descubierto heridas profundísimas, se abren extensos arcos, surgen pirámides y pilares de la superficie plana de la roca; al terminarse este cataclismo.... alumbra el gas y la reverberacion de rayos de sol de oro, anuncia la bonanza y corona una lucha en que el peligro ha sido contínuo, y la muerte ha estado vacilando entre la eleccion de sus presas.Ahora, para que vdes. se formen idea de una de estas negociaciones, les citaré la deNoorth Bloomfiel, que es de la que hay mejores noticias.La Compañía posee 635 hectaras de terreno aurífero.En un angosto valle ha construido un gran dique para formar un receptáculo que en 21 metros de altura deposite el agua.El volúmen de agua encerrado en el cañon que describimos, es de 15 millones de metros cúbicos.El canal que va del dique al terreno aurífero tuvo de costo 500,000 pesos.Desemboca el acueducto á trescientos metros sobre las minas, y allí se encuentra un segundo receptáculo.—Gigantesco! estupendo! exclamé sin poderme contener.—Pues no ha oido vd. todo: la Compañía tiene en obra otro canal que reunido á este, le dará posibilidad de trabajar todo el año; habrá entónces muchos puntos de ataque, se verán dos infiernos, uno de piedras y otro de agua, y tendrá la Compañía en caja, como quien dice, 380 millones de litros de agua. La Compañía es dueña de 150 kilómetrosde agua empacada, que puede dejar caer desde lo de alto las montañas, bañar los picos de nieve de la Sierra y convertir en lagos los valles que se extienden á sus piés.En los bancos hay varios pozos de trecho en trecho y sus túneles: hay cerca de 300 millones de metros cúbicos de tierra aurífera, que se cree contienen, mejor dicho, que contiene cientos de millones de pesos. El ingeniero de esas obras titánicas se llama M. Hamilton Smith.—Usted que es compadre de las musas, me decia M. Wood, habia de ver esos inmensos canales que llegan en todos los terrenos metalíferos á 10,000 kilómetros, con lo que se podria hacer una faja á la cuarta parte del globo, y las ruinas de esos antros son una maravilla: montañas desbaratadas, moles gigantescas en tierra, laberintos de granito y de cuarzo, el desórden, la desarticulacion, el caos de la piedra, los despojos, la osamenta de los montes gigantescos, vecinos de las nubes.La Nevada, Calaveras, Amador, Joulumne, presentan espectáculos nuevos, terribles, de desquiciamiento y muerte. ¡Cuando se abandonan esos trabajos y la soledad impera en aquellos sitios, se ve algo semejante á lo que será el cadáver del mundo en el seno de la Eternidad!—Bien, muy bien, M. Wood, dijimos todos: un hombre del Kentuky, poeta, eso es más raro que los canales de que se nos habla.Yo seguia con interes sumo la conversacion de los amigos de Francisco, y ellos me alentaban en mis apuntaciones, haciendo que éste me tradujese lo que yo no podia entender; pero léjos de molestar á aquellos caballeros, mi curiosidad les complacia, se esperaban á que yo escribiese,me repetian lo que habian dicho, con suma deferencia y finura.—Hoy, me dijo el ingeniero, la atencion se concentra en la explotacion de los placeres subterráneos. El oro no aparece ya en deslumbradoraspepitascomo en otros tiempos felices. Es muy raro aquel que amaneciendo pobre anochece rico, como sucedia cuando Eldorado.Los rendimientos son ménos fecundos, y ya no se prestan al romance: en cambio, están permanentemente organizados; esto hace que la poblacion del Estado sea de cerca de un millon de habitantes.La tierra, como celosa de las minas, abre su seno vírgen y convierte en cuento mezquino la fábula preciosa del Cuerno de Amaltea. Las cereales y la vid producen cosechas abundantísimas: el año de 1874 dieron los campos 150,000 hectólitros de vino.Las maderas se exportan para los más remotos pueblos; 18 millones de kilógramos de lana han producido nuestros carneros, que se crian lo mismo que en Australia, y ya vd. ve, en cuanto á los negocios, algo dirá á vd, Mr. Keen, que se ha estado callado como un muerto.Mr. Keen dió un tajo al palito que tenia entre sus manos, pronunció unold rigtestrepitoso, y habló en estos términos:“En varios puntos de los Estados-Unidos se produce la plata, aun cuando no todos tengan la nombradía de la Nevada, Utah, el Nuevo México y la parte del Arizona que se relaciona con el Estada de Sonora.Utah fué ménos explotado que aquellos distritos; mejor dicho, no fué explotado sino hasta 1870, porque el Papa de los Santos, así es llamado el Jefe de los Mormones, odia elcontacto de los gentiles, así llamados á todos los que no pertenecen á su comunion.Las minas juntas de México, Chile, Perú y Bolivia, no producen lo que una sola mina de la Nevada. Los rendimientos de aquel solo distrito fueron en 1875 sesenta millones de pesos.La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se llama Comstok.El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron con la palabraGo ahead(Adelante!) entre los labios. Socavones de 1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000 toneladas.El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego, si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se arruinan espantosamente.No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen sus frutos, se publican opiniones de peritos,y la prensa echa á vuelo todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para comprar dos burros en que volverse al puerto.La charla, la codicia, la prevision, losanzuelospara atraer á los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que resultan verdaderos desastres.Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo que es ménos expuesto.Se forma la Compañía, se emitenStokesó acciones, y la alza ó baja de losStokesconstituye el juego.El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia, como ninguno, la alza y la baja de losStokes. Se hallaba á su cabeza el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante americano.Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas sus empresas.En 1864, ya Ralston volaba con sus propias alas, y fundó con esplendor el Banco de California.Ninguna empresa minera, ni industrial, ni de mejora importante para la costa del Pacífico, dejó de contar con la cooperacion de M. Ralston.Se valuaba su fortuna en cien millones de pesos.Su casa es sin duda alguna la más espléndida de California:tenia constantemente sobre cien convidados á su mesa, y habia departamentos lujosísimos para huéspedes.Abria para sus amigos las puertas de las elecciones públicas. En las minas, sus indicaciones eran órdenes. Fué padrino y se hizo cargo de la mitad de los costos del Palace Hotel, uno de los primeros del mundo.Ralston tenia un rival, Mackay, poseedor de una fortuna de setenta y cinco millones de pesos. Es uno de los directores de la minaConsolidatet Virginia, California y Ophir.Dos de los asociados de Mackay son de orígen tan humilde como el O’Brien y Flood, que empezaron su carrera como dependientes de taberna.Ralston murió ahogado: cuenta la maledicencia que habiendo determinado suicidarse y verificarlo descaradamente, quitaba á su familia elderecho de seguros: entónces fingió una excursion en el mar, y allí borró la huella de su atentado. Juzgo que no sea cierta esta version; pero el cálculo pinta al yankee. San Francisco le hizo funerales como á un monarca. Muchas personas vistieron luto y se pronunciaron notables discursos fúnebres en su honor.El Banco de California cerró sus puertas, y se consideró tal acontecimiento como una calamidad pública.El 3 de Octubre de 1875, un telégrama anunció alTimesde Lóndres que el Banco de California abria de nuevo sus puertas al público.Hubo hurras, bravos, y contento como en un dia de fiesta nacional: la gente bebia y brindaba en las calles; la multitud rodeaba al Banco como se rodea con entusiasmo un monumento de gloria.Lo singular en todo esto es que los ingenieros, los mineros, en una palabra, todos los hombres de trabajo de las minas, permanecen como indiferentes á cuanto ocurre al rededor de ellos y sobre sus cabezas, dedicándose con perseverancia extrema á sus ocupaciones.La dinámica, la química, las ciencias todas, hacen progresos para la más fructuosa extraccion de los metales, y cuando todo parece agotado, se envía la tierra metalífera á Swance, en el país de Gales, y á Friburgo, en donde los más económicos procedimientos sacan partido de los desechos de las minas.El año pasado y parte del presente han producido las minas todas de la Nevada, entre plata y oro, cien millones de pesos. La Australia, la Siberia y las Américas reunidas, no llegan á esa suma.”Aunque dilatada y no muy amena la relacion de M. Keen, la escuchamos todos con vivo interes, esencialmente en lo relativo á losStokes, que tanto influjo tienen en la sociedad de California.Quedaron charlando y fumando mis nuevos amigos en compañía de Francisco, y yo me dirigí á mi cuarto, donde me esperaban mis viejos compañeros.—Comes con nosotros, me dijo Pablo; estarán en nuestra compañía el bravo capitan Heigs y D. Lino Patiño, aquel viejecito español que tanto blasfema contra los yankees.A la una de la tarde estábamos en el granRestaurantde la calle de Sutter, en el salon inmenso que da á la calle, desdedonde se ve el mostrador de los marmitones, y donde la servidumbre tiene todos los matices y está en posesion de todos los idiomas del globo.La mesa albeando, jarrones con flores, jarras con gigantescas ramas de apio, unos panes sacados de trozos de masa cuadrada, como grandes zoquetes de madera.Comimos alegremente: D. Lino me veia de reojo, porque me habia oido elogiar lo que me parece digno de elogio en los americanos. D. Lino es un carlista recalcitrante, bilioso, de ojos verdes, patilla gris, y un fruncimiento de labios que recrudece su palabra y hace incisivas sus malas razones.—Instruccion pública, instruccion pública, decia D. Lino, que el sol así, que la luna asado, que esa yerba es lanzácea, y no conocen laO. Ginacio, hombre, retozo y manoteo, y unos angelitos como unos chivos, y unas niñas como gañanes.... y no es eso lo más, sino liebres corridas desde chiquitinas. ¿Union de los sexos? Como el diablo, hombre; cada escuela es una cena de negros.... Hombre, por la Santísima Vírgen esto es una condenacion!Yo reia, y D. Lino queria comerme con los ojos; mis amigos le azuzaban llevándole la contra.—El señor habla como adolorido: que le cuente á vd. su aventura con Lulú.—Hombre, ese no es cuento de broma, replicó D. Lino; no creo que vdes. quieran que me dé cabezadas contra las paredes.—Cuente vd.—Cuente vd., repetimos á una voz.—Pues, señor, yo soy viudo y con tres hijas, cristianas yeducadas á mi modo, gracias á Dios! Vine á esta California ó Calinfierno á recoger unos cuartos de un tio minero.Don Lino, ¿un paseito porCliff-House?—D. Lino viene á su negocio y no pasea.—D. Lino, ¿una visitadita al Teatro de las Circasianas?—D. Lino no visita, y que esas doncellas se la pasen como puedan.Un dia fuimos á Oklan; esosferrisson como demonios, se embaula gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando, hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos....thank you, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia:very fine,very nice,esplendide.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo, me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de mis hijas!Va á la casa, les enseña estegury gury, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta para tomar una calavera y una disciplina!—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por indemnizacion.—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa furia?Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares.... grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú. Pues, señor, aquelloera causa célebre: mis hijas empezaron á saber no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.—Hombres, pero si yo nada he afianzado ni quiero afianzar.Entre tanto mis retratos volaban por el orbe: ya viene unreportercon quien me doy de puñetazos por venirse ámeter en lo que no le importa; ya quiere un fotógrafo sacar ejemplares de mi individuo, en no sé cuántas actitudes; ya un frenólogo me quita el sombrero en la calle para reconocermela amativité, y yo por aquí riño, por allá bufo, y por todas partes reniego, muriéndome de vergüenza al entrar en mi casa y encontrar á mis hijas con mi retrato y el de Lulú, como dos tórtolas, en el periódico!Para no cansar á vd., la mitad de la herencia del pariente, se fué en pitos y flautas de jueces y escribanos, y en pagar á Lulú su inocencia, que llevaba tresgachupinesdesplumados!!Descuídense vdes., descuídense; hagan lo que en México, diciendo palabritas, dando anillos y haciendo protestas á la primera que pasa, y les dan una secuestrada que el alma les arda.Aplaudimos á D. Lino, y apuramos por su salud nuestra última copa.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Templo Chino.

XVIILaborio de minas.—Un almuerzo.VEN, Guillermo, oirás una conversacion de unos mineros, de la que puedes sacar partido para tus apuntaciones: están en mi cuarto, y les he dicho que iba á tener el honor de presentarte.Diciendo y haciendo, me puse al lado de Francisco y entramos á su cuarto.Rodeados á la pequeña mesita que fungia de escritorio de mi amigo, se encontraban tres personajes, que por ser característicos, me voy á dar el trabajo de bosquejar.Era el uno Mr. Wood, de nueve arrobas de tara, con cada dedo como un morillo y con cada pié como una canoa traginera; de la piel de su cara escarlata habria podido salir una tambora.La frente aplastada y ancha, los ojos azules, parapetadosen los carnudos pómulos, el cabello blanco, cayendo en hilos separados sobre sus hombros y espaldas.Negro leviton, con la figura de un baul á medio abrir, y uno de esos sombreros puntiagudos, desgobernados, de ala ancha y accidentada, que solo se ven en la cabeza de un yankee.Ese tosco campesino; ese hombre de carcajada franca y estrepitosa, con una dentadura de marfil luminoso, con su pipa de palo apagada en la diestra, y su pulgar de la mano derecha negro de tabaco; ese tiene más de tres millones de pesos, su casa es como un palacio y se trata como un príncipe.El otro que está á su lado, con la espina dorsal doblada, dando su rostro casi sobre sus rodillas, cayendo su pelo castaño como una cortina sobre su rostro, con una enorme navaja en la mano, puliendo, como distraido, un palito, volviéndose á cada instante para escupir el negro tabaco que masca grosero; ese, es Mr. Keen, accionista de minas, que en losStokesha perdido y ganado inmensas fortunas; hombre de negocios,manejadorde plata.El tercero, de sombrero blanco, elegante porte, rica cadena de oro, pálido, rubio, nariz puntiaguda, boca pequeña, escasa patilla y barba rasurada. Es ingeniero de minas: está con el pié derecho sobre el sofá, inclinado sobre la mesa, tiene una de sus manos en el bolsillo del pantalon, cuyo bolsillo encierra llavero, lápices, medidas, compases, navajas, y no sé cuántos útiles que suelen sacar las narices y desaparecen en aquel antro que hemos titulado bolsillo. Este ingeniero, á quien llamaremos Mr. Swift, es hombre de números, y por consiguiente, encanto de los negociantes.Los caballeros con quienes acabo de dar conocimiento á mis lectores, iban á consultar al Sr. Gomez del Palacio sobre una escritura de Compañía, porque es de advertir, para orgullo nuestro, que el Sr. Gomez del Palacio es conocido de toda la gente de valer de los Estados-Unidos, no solo como eminente jurisconsulto y hombre próvido, sino como muy entendido en negocios y como hombre que escribe con la mayor cultura y correccion el idioma inglés. Por otra parte, un hombre tan distinguido y considerado como Mr. Cushing, es el amigo de Gomez del Palacio, amigo á quien mucho estima, y esta es una gran recomendacion en aquellos países. Muchas de las consideraciones que yo merecí en los Estados-Unidos á las personas de la alta sociedad, las debo á mi amistad con el respetable Mr. Bryant, eminente poeta, y uno de los hombres más dignos y más ilustres de la patria de Washington.La consulta habia concluido muy satisfactoriamente, reinaba el buen humor, se atizaba elcoptaily la cerveza, con alguna economía del tabaco, porque á Francisco le endiablan los fumadores.M. Wood me flechó, nos hablamos un inglés españolizado que hizo soltar la risa al concurso, y á poco, el comerciante de granos y ganados y yo, hubiéramos hecho la envidia de Pílades y Orestes.El ingeniero que tenia la palabra cuando fué á llamarme Gomez del Palacio, fué invitado á continuar despues de la interrupcion que produjo mi llegada.M. Swift habla perfectamente castellano.—Decia yo, continuó el ingeniero, que la conmocion producida por el descubrimiento de los placeres de oro de Calfornia,no ha tenido igual en el mundo, no obstante que la Australia, tres años despues, daba tanto como California, y que la fábula misma no se habria atrevido á inventar bonanzas como las de la Nevada, más productivas en pocos años que las riquezas de las Américas en tres siglos.—Incluyendo por supuesto, dijo el de la navaja, el Colorado, Idalio.—Bien, bien, decia M. Wood; pero de 1848 á 1873, dió California mil millones de pesos; siempre este está bonita, y Montañas, Arizona, Nuevo México, trescientos millones.—Era de verse, continuó el ingeniero, llegar aventureros de todas partes del mundo, lo mismo los que doblaban el Cabo de Hornos que los que atravesaban el Istmo de Panamá; lo mismo los que saltaban sobre las Montañas Rocallosas que los que se aventuraban en los inmensos llanos delfarwest, donde muchas veces perecian de hambre las caravanas.Instalábanse los buscadores á la orilla de un arroyo, sin más útiles que una barreta, una criba, y la batea mexicana para lavar el oro. Cuando eran muy pequeñas las partículas de oro, se empleaba el mercurio.Se tomaban el agua y las arenas, y el oro quedaba en el fondo.Despues de esto se introdujo la cuna, es decir, un tamiz de esa figura en que se depositaba la arena, y meciéndose, se hacia el cernido: este sistema producia tres tantos más que el anterior.Por último, se adoptó el sistema de tubos, que exige gran número de trabajadores.Los chilenos tambien plantearon su método, que consisteen poner la arena en un patio enlosado. Allí se deposita al arena, se echa agua, y al descender la arena por un plano inclinado, queda el oro.Hubo tambien un método que se llamó hidráulico, que produjo los mejores resultados.—Eso fué, dijo M. Wood, de un hombre del Conneticut; el método consistia en dirigir un chorro de bomba contra las rocas en que se esconde el oro, y así sale el gato amarillo á toda prisa.Algunas veces los lechos de la arena se tenian que profundizar; abriéronse hondísimos pozos en que los buscadores se hundian.—Y bien que se hundian; uno se hundió tanto, que dejó allí el cráneo, dijo el de la navaja; y vea vd. las cosas: yendo dias y viniendo dias, un sabio, M. Wetney, halló el tal cráneo, y dió y tomó que era un cráneo fósil. Las sociedades científicas hicieron grande escándalo, se escribieron libros, se nombraron comisiones y no se habló de otra cosa que del hombreprehistórico, que era en resumidas cuentas un pobre diablo desbarrancado en un pozo.—Despues de esto fué el beneficio del cuarzo, ¿no es así? le pregunté al ingeniero.—Sí, señor; y aunque hoy las minas de cuarzo están muy en boga, al principio se decia que no costeaban. En el centro de la Nevada tiene vd. hoy áAllision Banck, que debió haber hecho millonarios á tres irlandeses ignorantes que lo descubrieron y le abandonaron el año de 1851, que fué el mismo año del descubrimiento.—Los tiempos heróicos del oro, replicó el de la navaja, son de 1848 á 1859.Un mormon Marshal, soldado licenciado que habia estado en la guerra de Mexico, y de paso para Utah, se empleó momentáneamente en la máquina de aserrar madera que tenia el capitan Sutter á las orillas del Sacramento, y éstos, por verdadera casualidad, descubrieron los placeres de oro.—Al decaer la bonanza del oro, notó el ingeniero, muchas familias estaban aquí establecidas, y los naturales del país, en once años, habian dado gran desarrollo á sus industrias.La viña, las cereales, las maderas, constituian ramos de riqueza tan valiosos como los placeres.—Y más que todo, dijo alegremente M. Wood, la Nevada, el Colorado, los montes de Wahsath, son vacas que dan plata y oro.—No, dijo el ingeniero entusiasmado, con una mímica grotesca y especial al yankee. Ahora es el tiempo heróico de las minas, se han hecho inventos maravillosos, se ve á la ciencia armada con la clava de Hércules, arrancando á la tierra sus tesoros, guardados por la sombra y el abismo.Apénas se sospecha una veta, se le ponen diques, se le circunscribe, se sorprende con grandes túneles debajo de la tierra, se descuelga dentro de ellos el dia por la lámpara del gas, se abren espacios en figura de cruz, se rellenan de barriles de pólvora ó dinamita, se escurre entre ellos el hilo metálico conductor del rayo, y se envía la chispa eléctrica; la explosion es espantosa, vuelan como polvo y como hojas secas las piedras y los inmensos peñascos, se derrumban masas enormes de granito, se desgarran y riegan las entrañas del abismo; entre ese humo, esa llama, esa granizada de fragmentos de montaña, se precipitan los monitores, bombasde agua estupendas, del empuje del ariete y del proyectil del cañon; la respiracion de esas bombas llama con terrible pujanza 3.800,000 litros de agua.Vencida, pulverizada la roca, deja al descubierto heridas profundísimas, se abren extensos arcos, surgen pirámides y pilares de la superficie plana de la roca; al terminarse este cataclismo.... alumbra el gas y la reverberacion de rayos de sol de oro, anuncia la bonanza y corona una lucha en que el peligro ha sido contínuo, y la muerte ha estado vacilando entre la eleccion de sus presas.Ahora, para que vdes. se formen idea de una de estas negociaciones, les citaré la deNoorth Bloomfiel, que es de la que hay mejores noticias.La Compañía posee 635 hectaras de terreno aurífero.En un angosto valle ha construido un gran dique para formar un receptáculo que en 21 metros de altura deposite el agua.El volúmen de agua encerrado en el cañon que describimos, es de 15 millones de metros cúbicos.El canal que va del dique al terreno aurífero tuvo de costo 500,000 pesos.Desemboca el acueducto á trescientos metros sobre las minas, y allí se encuentra un segundo receptáculo.—Gigantesco! estupendo! exclamé sin poderme contener.—Pues no ha oido vd. todo: la Compañía tiene en obra otro canal que reunido á este, le dará posibilidad de trabajar todo el año; habrá entónces muchos puntos de ataque, se verán dos infiernos, uno de piedras y otro de agua, y tendrá la Compañía en caja, como quien dice, 380 millones de litros de agua. La Compañía es dueña de 150 kilómetrosde agua empacada, que puede dejar caer desde lo de alto las montañas, bañar los picos de nieve de la Sierra y convertir en lagos los valles que se extienden á sus piés.En los bancos hay varios pozos de trecho en trecho y sus túneles: hay cerca de 300 millones de metros cúbicos de tierra aurífera, que se cree contienen, mejor dicho, que contiene cientos de millones de pesos. El ingeniero de esas obras titánicas se llama M. Hamilton Smith.—Usted que es compadre de las musas, me decia M. Wood, habia de ver esos inmensos canales que llegan en todos los terrenos metalíferos á 10,000 kilómetros, con lo que se podria hacer una faja á la cuarta parte del globo, y las ruinas de esos antros son una maravilla: montañas desbaratadas, moles gigantescas en tierra, laberintos de granito y de cuarzo, el desórden, la desarticulacion, el caos de la piedra, los despojos, la osamenta de los montes gigantescos, vecinos de las nubes.La Nevada, Calaveras, Amador, Joulumne, presentan espectáculos nuevos, terribles, de desquiciamiento y muerte. ¡Cuando se abandonan esos trabajos y la soledad impera en aquellos sitios, se ve algo semejante á lo que será el cadáver del mundo en el seno de la Eternidad!—Bien, muy bien, M. Wood, dijimos todos: un hombre del Kentuky, poeta, eso es más raro que los canales de que se nos habla.Yo seguia con interes sumo la conversacion de los amigos de Francisco, y ellos me alentaban en mis apuntaciones, haciendo que éste me tradujese lo que yo no podia entender; pero léjos de molestar á aquellos caballeros, mi curiosidad les complacia, se esperaban á que yo escribiese,me repetian lo que habian dicho, con suma deferencia y finura.—Hoy, me dijo el ingeniero, la atencion se concentra en la explotacion de los placeres subterráneos. El oro no aparece ya en deslumbradoraspepitascomo en otros tiempos felices. Es muy raro aquel que amaneciendo pobre anochece rico, como sucedia cuando Eldorado.Los rendimientos son ménos fecundos, y ya no se prestan al romance: en cambio, están permanentemente organizados; esto hace que la poblacion del Estado sea de cerca de un millon de habitantes.La tierra, como celosa de las minas, abre su seno vírgen y convierte en cuento mezquino la fábula preciosa del Cuerno de Amaltea. Las cereales y la vid producen cosechas abundantísimas: el año de 1874 dieron los campos 150,000 hectólitros de vino.Las maderas se exportan para los más remotos pueblos; 18 millones de kilógramos de lana han producido nuestros carneros, que se crian lo mismo que en Australia, y ya vd. ve, en cuanto á los negocios, algo dirá á vd, Mr. Keen, que se ha estado callado como un muerto.Mr. Keen dió un tajo al palito que tenia entre sus manos, pronunció unold rigtestrepitoso, y habló en estos términos:“En varios puntos de los Estados-Unidos se produce la plata, aun cuando no todos tengan la nombradía de la Nevada, Utah, el Nuevo México y la parte del Arizona que se relaciona con el Estada de Sonora.Utah fué ménos explotado que aquellos distritos; mejor dicho, no fué explotado sino hasta 1870, porque el Papa de los Santos, así es llamado el Jefe de los Mormones, odia elcontacto de los gentiles, así llamados á todos los que no pertenecen á su comunion.Las minas juntas de México, Chile, Perú y Bolivia, no producen lo que una sola mina de la Nevada. Los rendimientos de aquel solo distrito fueron en 1875 sesenta millones de pesos.La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se llama Comstok.El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron con la palabraGo ahead(Adelante!) entre los labios. Socavones de 1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000 toneladas.El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego, si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se arruinan espantosamente.No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen sus frutos, se publican opiniones de peritos,y la prensa echa á vuelo todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para comprar dos burros en que volverse al puerto.La charla, la codicia, la prevision, losanzuelospara atraer á los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que resultan verdaderos desastres.Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo que es ménos expuesto.Se forma la Compañía, se emitenStokesó acciones, y la alza ó baja de losStokesconstituye el juego.El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia, como ninguno, la alza y la baja de losStokes. Se hallaba á su cabeza el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante americano.Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas sus empresas.En 1864, ya Ralston volaba con sus propias alas, y fundó con esplendor el Banco de California.Ninguna empresa minera, ni industrial, ni de mejora importante para la costa del Pacífico, dejó de contar con la cooperacion de M. Ralston.Se valuaba su fortuna en cien millones de pesos.Su casa es sin duda alguna la más espléndida de California:tenia constantemente sobre cien convidados á su mesa, y habia departamentos lujosísimos para huéspedes.Abria para sus amigos las puertas de las elecciones públicas. En las minas, sus indicaciones eran órdenes. Fué padrino y se hizo cargo de la mitad de los costos del Palace Hotel, uno de los primeros del mundo.Ralston tenia un rival, Mackay, poseedor de una fortuna de setenta y cinco millones de pesos. Es uno de los directores de la minaConsolidatet Virginia, California y Ophir.Dos de los asociados de Mackay son de orígen tan humilde como el O’Brien y Flood, que empezaron su carrera como dependientes de taberna.Ralston murió ahogado: cuenta la maledicencia que habiendo determinado suicidarse y verificarlo descaradamente, quitaba á su familia elderecho de seguros: entónces fingió una excursion en el mar, y allí borró la huella de su atentado. Juzgo que no sea cierta esta version; pero el cálculo pinta al yankee. San Francisco le hizo funerales como á un monarca. Muchas personas vistieron luto y se pronunciaron notables discursos fúnebres en su honor.El Banco de California cerró sus puertas, y se consideró tal acontecimiento como una calamidad pública.El 3 de Octubre de 1875, un telégrama anunció alTimesde Lóndres que el Banco de California abria de nuevo sus puertas al público.Hubo hurras, bravos, y contento como en un dia de fiesta nacional: la gente bebia y brindaba en las calles; la multitud rodeaba al Banco como se rodea con entusiasmo un monumento de gloria.Lo singular en todo esto es que los ingenieros, los mineros, en una palabra, todos los hombres de trabajo de las minas, permanecen como indiferentes á cuanto ocurre al rededor de ellos y sobre sus cabezas, dedicándose con perseverancia extrema á sus ocupaciones.La dinámica, la química, las ciencias todas, hacen progresos para la más fructuosa extraccion de los metales, y cuando todo parece agotado, se envía la tierra metalífera á Swance, en el país de Gales, y á Friburgo, en donde los más económicos procedimientos sacan partido de los desechos de las minas.El año pasado y parte del presente han producido las minas todas de la Nevada, entre plata y oro, cien millones de pesos. La Australia, la Siberia y las Américas reunidas, no llegan á esa suma.”Aunque dilatada y no muy amena la relacion de M. Keen, la escuchamos todos con vivo interes, esencialmente en lo relativo á losStokes, que tanto influjo tienen en la sociedad de California.Quedaron charlando y fumando mis nuevos amigos en compañía de Francisco, y yo me dirigí á mi cuarto, donde me esperaban mis viejos compañeros.—Comes con nosotros, me dijo Pablo; estarán en nuestra compañía el bravo capitan Heigs y D. Lino Patiño, aquel viejecito español que tanto blasfema contra los yankees.A la una de la tarde estábamos en el granRestaurantde la calle de Sutter, en el salon inmenso que da á la calle, desdedonde se ve el mostrador de los marmitones, y donde la servidumbre tiene todos los matices y está en posesion de todos los idiomas del globo.La mesa albeando, jarrones con flores, jarras con gigantescas ramas de apio, unos panes sacados de trozos de masa cuadrada, como grandes zoquetes de madera.Comimos alegremente: D. Lino me veia de reojo, porque me habia oido elogiar lo que me parece digno de elogio en los americanos. D. Lino es un carlista recalcitrante, bilioso, de ojos verdes, patilla gris, y un fruncimiento de labios que recrudece su palabra y hace incisivas sus malas razones.—Instruccion pública, instruccion pública, decia D. Lino, que el sol así, que la luna asado, que esa yerba es lanzácea, y no conocen laO. Ginacio, hombre, retozo y manoteo, y unos angelitos como unos chivos, y unas niñas como gañanes.... y no es eso lo más, sino liebres corridas desde chiquitinas. ¿Union de los sexos? Como el diablo, hombre; cada escuela es una cena de negros.... Hombre, por la Santísima Vírgen esto es una condenacion!Yo reia, y D. Lino queria comerme con los ojos; mis amigos le azuzaban llevándole la contra.—El señor habla como adolorido: que le cuente á vd. su aventura con Lulú.—Hombre, ese no es cuento de broma, replicó D. Lino; no creo que vdes. quieran que me dé cabezadas contra las paredes.—Cuente vd.—Cuente vd., repetimos á una voz.—Pues, señor, yo soy viudo y con tres hijas, cristianas yeducadas á mi modo, gracias á Dios! Vine á esta California ó Calinfierno á recoger unos cuartos de un tio minero.Don Lino, ¿un paseito porCliff-House?—D. Lino viene á su negocio y no pasea.—D. Lino, ¿una visitadita al Teatro de las Circasianas?—D. Lino no visita, y que esas doncellas se la pasen como puedan.Un dia fuimos á Oklan; esosferrisson como demonios, se embaula gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando, hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos....thank you, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia:very fine,very nice,esplendide.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo, me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de mis hijas!Va á la casa, les enseña estegury gury, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta para tomar una calavera y una disciplina!—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por indemnizacion.—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa furia?Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares.... grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú. Pues, señor, aquelloera causa célebre: mis hijas empezaron á saber no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.—Hombres, pero si yo nada he afianzado ni quiero afianzar.Entre tanto mis retratos volaban por el orbe: ya viene unreportercon quien me doy de puñetazos por venirse ámeter en lo que no le importa; ya quiere un fotógrafo sacar ejemplares de mi individuo, en no sé cuántas actitudes; ya un frenólogo me quita el sombrero en la calle para reconocermela amativité, y yo por aquí riño, por allá bufo, y por todas partes reniego, muriéndome de vergüenza al entrar en mi casa y encontrar á mis hijas con mi retrato y el de Lulú, como dos tórtolas, en el periódico!Para no cansar á vd., la mitad de la herencia del pariente, se fué en pitos y flautas de jueces y escribanos, y en pagar á Lulú su inocencia, que llevaba tresgachupinesdesplumados!!Descuídense vdes., descuídense; hagan lo que en México, diciendo palabritas, dando anillos y haciendo protestas á la primera que pasa, y les dan una secuestrada que el alma les arda.Aplaudimos á D. Lino, y apuramos por su salud nuestra última copa.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Templo Chino.

Laborio de minas.—Un almuerzo.

VEN, Guillermo, oirás una conversacion de unos mineros, de la que puedes sacar partido para tus apuntaciones: están en mi cuarto, y les he dicho que iba á tener el honor de presentarte.

Diciendo y haciendo, me puse al lado de Francisco y entramos á su cuarto.

Rodeados á la pequeña mesita que fungia de escritorio de mi amigo, se encontraban tres personajes, que por ser característicos, me voy á dar el trabajo de bosquejar.

Era el uno Mr. Wood, de nueve arrobas de tara, con cada dedo como un morillo y con cada pié como una canoa traginera; de la piel de su cara escarlata habria podido salir una tambora.

La frente aplastada y ancha, los ojos azules, parapetadosen los carnudos pómulos, el cabello blanco, cayendo en hilos separados sobre sus hombros y espaldas.

Negro leviton, con la figura de un baul á medio abrir, y uno de esos sombreros puntiagudos, desgobernados, de ala ancha y accidentada, que solo se ven en la cabeza de un yankee.

Ese tosco campesino; ese hombre de carcajada franca y estrepitosa, con una dentadura de marfil luminoso, con su pipa de palo apagada en la diestra, y su pulgar de la mano derecha negro de tabaco; ese tiene más de tres millones de pesos, su casa es como un palacio y se trata como un príncipe.

El otro que está á su lado, con la espina dorsal doblada, dando su rostro casi sobre sus rodillas, cayendo su pelo castaño como una cortina sobre su rostro, con una enorme navaja en la mano, puliendo, como distraido, un palito, volviéndose á cada instante para escupir el negro tabaco que masca grosero; ese, es Mr. Keen, accionista de minas, que en losStokesha perdido y ganado inmensas fortunas; hombre de negocios,manejadorde plata.

El tercero, de sombrero blanco, elegante porte, rica cadena de oro, pálido, rubio, nariz puntiaguda, boca pequeña, escasa patilla y barba rasurada. Es ingeniero de minas: está con el pié derecho sobre el sofá, inclinado sobre la mesa, tiene una de sus manos en el bolsillo del pantalon, cuyo bolsillo encierra llavero, lápices, medidas, compases, navajas, y no sé cuántos útiles que suelen sacar las narices y desaparecen en aquel antro que hemos titulado bolsillo. Este ingeniero, á quien llamaremos Mr. Swift, es hombre de números, y por consiguiente, encanto de los negociantes.

Los caballeros con quienes acabo de dar conocimiento á mis lectores, iban á consultar al Sr. Gomez del Palacio sobre una escritura de Compañía, porque es de advertir, para orgullo nuestro, que el Sr. Gomez del Palacio es conocido de toda la gente de valer de los Estados-Unidos, no solo como eminente jurisconsulto y hombre próvido, sino como muy entendido en negocios y como hombre que escribe con la mayor cultura y correccion el idioma inglés. Por otra parte, un hombre tan distinguido y considerado como Mr. Cushing, es el amigo de Gomez del Palacio, amigo á quien mucho estima, y esta es una gran recomendacion en aquellos países. Muchas de las consideraciones que yo merecí en los Estados-Unidos á las personas de la alta sociedad, las debo á mi amistad con el respetable Mr. Bryant, eminente poeta, y uno de los hombres más dignos y más ilustres de la patria de Washington.

La consulta habia concluido muy satisfactoriamente, reinaba el buen humor, se atizaba elcoptaily la cerveza, con alguna economía del tabaco, porque á Francisco le endiablan los fumadores.

M. Wood me flechó, nos hablamos un inglés españolizado que hizo soltar la risa al concurso, y á poco, el comerciante de granos y ganados y yo, hubiéramos hecho la envidia de Pílades y Orestes.

El ingeniero que tenia la palabra cuando fué á llamarme Gomez del Palacio, fué invitado á continuar despues de la interrupcion que produjo mi llegada.

M. Swift habla perfectamente castellano.

—Decia yo, continuó el ingeniero, que la conmocion producida por el descubrimiento de los placeres de oro de Calfornia,no ha tenido igual en el mundo, no obstante que la Australia, tres años despues, daba tanto como California, y que la fábula misma no se habria atrevido á inventar bonanzas como las de la Nevada, más productivas en pocos años que las riquezas de las Américas en tres siglos.

—Incluyendo por supuesto, dijo el de la navaja, el Colorado, Idalio.

—Bien, bien, decia M. Wood; pero de 1848 á 1873, dió California mil millones de pesos; siempre este está bonita, y Montañas, Arizona, Nuevo México, trescientos millones.

—Era de verse, continuó el ingeniero, llegar aventureros de todas partes del mundo, lo mismo los que doblaban el Cabo de Hornos que los que atravesaban el Istmo de Panamá; lo mismo los que saltaban sobre las Montañas Rocallosas que los que se aventuraban en los inmensos llanos delfarwest, donde muchas veces perecian de hambre las caravanas.

Instalábanse los buscadores á la orilla de un arroyo, sin más útiles que una barreta, una criba, y la batea mexicana para lavar el oro. Cuando eran muy pequeñas las partículas de oro, se empleaba el mercurio.

Se tomaban el agua y las arenas, y el oro quedaba en el fondo.

Despues de esto se introdujo la cuna, es decir, un tamiz de esa figura en que se depositaba la arena, y meciéndose, se hacia el cernido: este sistema producia tres tantos más que el anterior.

Por último, se adoptó el sistema de tubos, que exige gran número de trabajadores.

Los chilenos tambien plantearon su método, que consisteen poner la arena en un patio enlosado. Allí se deposita al arena, se echa agua, y al descender la arena por un plano inclinado, queda el oro.

Hubo tambien un método que se llamó hidráulico, que produjo los mejores resultados.

—Eso fué, dijo M. Wood, de un hombre del Conneticut; el método consistia en dirigir un chorro de bomba contra las rocas en que se esconde el oro, y así sale el gato amarillo á toda prisa.

Algunas veces los lechos de la arena se tenian que profundizar; abriéronse hondísimos pozos en que los buscadores se hundian.

—Y bien que se hundian; uno se hundió tanto, que dejó allí el cráneo, dijo el de la navaja; y vea vd. las cosas: yendo dias y viniendo dias, un sabio, M. Wetney, halló el tal cráneo, y dió y tomó que era un cráneo fósil. Las sociedades científicas hicieron grande escándalo, se escribieron libros, se nombraron comisiones y no se habló de otra cosa que del hombreprehistórico, que era en resumidas cuentas un pobre diablo desbarrancado en un pozo.

—Despues de esto fué el beneficio del cuarzo, ¿no es así? le pregunté al ingeniero.

—Sí, señor; y aunque hoy las minas de cuarzo están muy en boga, al principio se decia que no costeaban. En el centro de la Nevada tiene vd. hoy áAllision Banck, que debió haber hecho millonarios á tres irlandeses ignorantes que lo descubrieron y le abandonaron el año de 1851, que fué el mismo año del descubrimiento.

—Los tiempos heróicos del oro, replicó el de la navaja, son de 1848 á 1859.

Un mormon Marshal, soldado licenciado que habia estado en la guerra de Mexico, y de paso para Utah, se empleó momentáneamente en la máquina de aserrar madera que tenia el capitan Sutter á las orillas del Sacramento, y éstos, por verdadera casualidad, descubrieron los placeres de oro.

—Al decaer la bonanza del oro, notó el ingeniero, muchas familias estaban aquí establecidas, y los naturales del país, en once años, habian dado gran desarrollo á sus industrias.

La viña, las cereales, las maderas, constituian ramos de riqueza tan valiosos como los placeres.

—Y más que todo, dijo alegremente M. Wood, la Nevada, el Colorado, los montes de Wahsath, son vacas que dan plata y oro.

—No, dijo el ingeniero entusiasmado, con una mímica grotesca y especial al yankee. Ahora es el tiempo heróico de las minas, se han hecho inventos maravillosos, se ve á la ciencia armada con la clava de Hércules, arrancando á la tierra sus tesoros, guardados por la sombra y el abismo.

Apénas se sospecha una veta, se le ponen diques, se le circunscribe, se sorprende con grandes túneles debajo de la tierra, se descuelga dentro de ellos el dia por la lámpara del gas, se abren espacios en figura de cruz, se rellenan de barriles de pólvora ó dinamita, se escurre entre ellos el hilo metálico conductor del rayo, y se envía la chispa eléctrica; la explosion es espantosa, vuelan como polvo y como hojas secas las piedras y los inmensos peñascos, se derrumban masas enormes de granito, se desgarran y riegan las entrañas del abismo; entre ese humo, esa llama, esa granizada de fragmentos de montaña, se precipitan los monitores, bombasde agua estupendas, del empuje del ariete y del proyectil del cañon; la respiracion de esas bombas llama con terrible pujanza 3.800,000 litros de agua.

Vencida, pulverizada la roca, deja al descubierto heridas profundísimas, se abren extensos arcos, surgen pirámides y pilares de la superficie plana de la roca; al terminarse este cataclismo.... alumbra el gas y la reverberacion de rayos de sol de oro, anuncia la bonanza y corona una lucha en que el peligro ha sido contínuo, y la muerte ha estado vacilando entre la eleccion de sus presas.

Ahora, para que vdes. se formen idea de una de estas negociaciones, les citaré la deNoorth Bloomfiel, que es de la que hay mejores noticias.

La Compañía posee 635 hectaras de terreno aurífero.

En un angosto valle ha construido un gran dique para formar un receptáculo que en 21 metros de altura deposite el agua.

El volúmen de agua encerrado en el cañon que describimos, es de 15 millones de metros cúbicos.

El canal que va del dique al terreno aurífero tuvo de costo 500,000 pesos.

Desemboca el acueducto á trescientos metros sobre las minas, y allí se encuentra un segundo receptáculo.

—Gigantesco! estupendo! exclamé sin poderme contener.

—Pues no ha oido vd. todo: la Compañía tiene en obra otro canal que reunido á este, le dará posibilidad de trabajar todo el año; habrá entónces muchos puntos de ataque, se verán dos infiernos, uno de piedras y otro de agua, y tendrá la Compañía en caja, como quien dice, 380 millones de litros de agua. La Compañía es dueña de 150 kilómetrosde agua empacada, que puede dejar caer desde lo de alto las montañas, bañar los picos de nieve de la Sierra y convertir en lagos los valles que se extienden á sus piés.

En los bancos hay varios pozos de trecho en trecho y sus túneles: hay cerca de 300 millones de metros cúbicos de tierra aurífera, que se cree contienen, mejor dicho, que contiene cientos de millones de pesos. El ingeniero de esas obras titánicas se llama M. Hamilton Smith.

—Usted que es compadre de las musas, me decia M. Wood, habia de ver esos inmensos canales que llegan en todos los terrenos metalíferos á 10,000 kilómetros, con lo que se podria hacer una faja á la cuarta parte del globo, y las ruinas de esos antros son una maravilla: montañas desbaratadas, moles gigantescas en tierra, laberintos de granito y de cuarzo, el desórden, la desarticulacion, el caos de la piedra, los despojos, la osamenta de los montes gigantescos, vecinos de las nubes.

La Nevada, Calaveras, Amador, Joulumne, presentan espectáculos nuevos, terribles, de desquiciamiento y muerte. ¡Cuando se abandonan esos trabajos y la soledad impera en aquellos sitios, se ve algo semejante á lo que será el cadáver del mundo en el seno de la Eternidad!

—Bien, muy bien, M. Wood, dijimos todos: un hombre del Kentuky, poeta, eso es más raro que los canales de que se nos habla.

Yo seguia con interes sumo la conversacion de los amigos de Francisco, y ellos me alentaban en mis apuntaciones, haciendo que éste me tradujese lo que yo no podia entender; pero léjos de molestar á aquellos caballeros, mi curiosidad les complacia, se esperaban á que yo escribiese,me repetian lo que habian dicho, con suma deferencia y finura.

—Hoy, me dijo el ingeniero, la atencion se concentra en la explotacion de los placeres subterráneos. El oro no aparece ya en deslumbradoraspepitascomo en otros tiempos felices. Es muy raro aquel que amaneciendo pobre anochece rico, como sucedia cuando Eldorado.

Los rendimientos son ménos fecundos, y ya no se prestan al romance: en cambio, están permanentemente organizados; esto hace que la poblacion del Estado sea de cerca de un millon de habitantes.

La tierra, como celosa de las minas, abre su seno vírgen y convierte en cuento mezquino la fábula preciosa del Cuerno de Amaltea. Las cereales y la vid producen cosechas abundantísimas: el año de 1874 dieron los campos 150,000 hectólitros de vino.

Las maderas se exportan para los más remotos pueblos; 18 millones de kilógramos de lana han producido nuestros carneros, que se crian lo mismo que en Australia, y ya vd. ve, en cuanto á los negocios, algo dirá á vd, Mr. Keen, que se ha estado callado como un muerto.

Mr. Keen dió un tajo al palito que tenia entre sus manos, pronunció unold rigtestrepitoso, y habló en estos términos:

“En varios puntos de los Estados-Unidos se produce la plata, aun cuando no todos tengan la nombradía de la Nevada, Utah, el Nuevo México y la parte del Arizona que se relaciona con el Estada de Sonora.

Utah fué ménos explotado que aquellos distritos; mejor dicho, no fué explotado sino hasta 1870, porque el Papa de los Santos, así es llamado el Jefe de los Mormones, odia elcontacto de los gentiles, así llamados á todos los que no pertenecen á su comunion.

Las minas juntas de México, Chile, Perú y Bolivia, no producen lo que una sola mina de la Nevada. Los rendimientos de aquel solo distrito fueron en 1875 sesenta millones de pesos.

La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se llama Comstok.

El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron con la palabraGo ahead(Adelante!) entre los labios. Socavones de 1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000 toneladas.

El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego, si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se arruinan espantosamente.

No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.

Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen sus frutos, se publican opiniones de peritos,y la prensa echa á vuelo todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para comprar dos burros en que volverse al puerto.

La charla, la codicia, la prevision, losanzuelospara atraer á los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que resultan verdaderos desastres.

Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo que es ménos expuesto.

Se forma la Compañía, se emitenStokesó acciones, y la alza ó baja de losStokesconstituye el juego.

El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia, como ninguno, la alza y la baja de losStokes. Se hallaba á su cabeza el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante americano.

Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas sus empresas.

En 1864, ya Ralston volaba con sus propias alas, y fundó con esplendor el Banco de California.

Ninguna empresa minera, ni industrial, ni de mejora importante para la costa del Pacífico, dejó de contar con la cooperacion de M. Ralston.

Se valuaba su fortuna en cien millones de pesos.

Su casa es sin duda alguna la más espléndida de California:tenia constantemente sobre cien convidados á su mesa, y habia departamentos lujosísimos para huéspedes.

Abria para sus amigos las puertas de las elecciones públicas. En las minas, sus indicaciones eran órdenes. Fué padrino y se hizo cargo de la mitad de los costos del Palace Hotel, uno de los primeros del mundo.

Ralston tenia un rival, Mackay, poseedor de una fortuna de setenta y cinco millones de pesos. Es uno de los directores de la minaConsolidatet Virginia, California y Ophir.

Dos de los asociados de Mackay son de orígen tan humilde como el O’Brien y Flood, que empezaron su carrera como dependientes de taberna.

Ralston murió ahogado: cuenta la maledicencia que habiendo determinado suicidarse y verificarlo descaradamente, quitaba á su familia elderecho de seguros: entónces fingió una excursion en el mar, y allí borró la huella de su atentado. Juzgo que no sea cierta esta version; pero el cálculo pinta al yankee. San Francisco le hizo funerales como á un monarca. Muchas personas vistieron luto y se pronunciaron notables discursos fúnebres en su honor.

El Banco de California cerró sus puertas, y se consideró tal acontecimiento como una calamidad pública.

El 3 de Octubre de 1875, un telégrama anunció alTimesde Lóndres que el Banco de California abria de nuevo sus puertas al público.

Hubo hurras, bravos, y contento como en un dia de fiesta nacional: la gente bebia y brindaba en las calles; la multitud rodeaba al Banco como se rodea con entusiasmo un monumento de gloria.

Lo singular en todo esto es que los ingenieros, los mineros, en una palabra, todos los hombres de trabajo de las minas, permanecen como indiferentes á cuanto ocurre al rededor de ellos y sobre sus cabezas, dedicándose con perseverancia extrema á sus ocupaciones.

La dinámica, la química, las ciencias todas, hacen progresos para la más fructuosa extraccion de los metales, y cuando todo parece agotado, se envía la tierra metalífera á Swance, en el país de Gales, y á Friburgo, en donde los más económicos procedimientos sacan partido de los desechos de las minas.

El año pasado y parte del presente han producido las minas todas de la Nevada, entre plata y oro, cien millones de pesos. La Australia, la Siberia y las Américas reunidas, no llegan á esa suma.”

Aunque dilatada y no muy amena la relacion de M. Keen, la escuchamos todos con vivo interes, esencialmente en lo relativo á losStokes, que tanto influjo tienen en la sociedad de California.

Quedaron charlando y fumando mis nuevos amigos en compañía de Francisco, y yo me dirigí á mi cuarto, donde me esperaban mis viejos compañeros.

—Comes con nosotros, me dijo Pablo; estarán en nuestra compañía el bravo capitan Heigs y D. Lino Patiño, aquel viejecito español que tanto blasfema contra los yankees.

A la una de la tarde estábamos en el granRestaurantde la calle de Sutter, en el salon inmenso que da á la calle, desdedonde se ve el mostrador de los marmitones, y donde la servidumbre tiene todos los matices y está en posesion de todos los idiomas del globo.

La mesa albeando, jarrones con flores, jarras con gigantescas ramas de apio, unos panes sacados de trozos de masa cuadrada, como grandes zoquetes de madera.

Comimos alegremente: D. Lino me veia de reojo, porque me habia oido elogiar lo que me parece digno de elogio en los americanos. D. Lino es un carlista recalcitrante, bilioso, de ojos verdes, patilla gris, y un fruncimiento de labios que recrudece su palabra y hace incisivas sus malas razones.

—Instruccion pública, instruccion pública, decia D. Lino, que el sol así, que la luna asado, que esa yerba es lanzácea, y no conocen laO. Ginacio, hombre, retozo y manoteo, y unos angelitos como unos chivos, y unas niñas como gañanes.... y no es eso lo más, sino liebres corridas desde chiquitinas. ¿Union de los sexos? Como el diablo, hombre; cada escuela es una cena de negros.... Hombre, por la Santísima Vírgen esto es una condenacion!

Yo reia, y D. Lino queria comerme con los ojos; mis amigos le azuzaban llevándole la contra.

—El señor habla como adolorido: que le cuente á vd. su aventura con Lulú.

—Hombre, ese no es cuento de broma, replicó D. Lino; no creo que vdes. quieran que me dé cabezadas contra las paredes.

—Cuente vd.

—Cuente vd., repetimos á una voz.

—Pues, señor, yo soy viudo y con tres hijas, cristianas yeducadas á mi modo, gracias á Dios! Vine á esta California ó Calinfierno á recoger unos cuartos de un tio minero.

Don Lino, ¿un paseito porCliff-House?—D. Lino viene á su negocio y no pasea.—D. Lino, ¿una visitadita al Teatro de las Circasianas?—D. Lino no visita, y que esas doncellas se la pasen como puedan.

Un dia fuimos á Oklan; esosferrisson como demonios, se embaula gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando, hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos....thank you, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia:very fine,very nice,esplendide.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo, me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de mis hijas!

Va á la casa, les enseña estegury gury, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!

Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....

Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.

Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta para tomar una calavera y una disciplina!

—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por indemnizacion.

—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa furia?

Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares.... grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú. Pues, señor, aquelloera causa célebre: mis hijas empezaron á saber no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.

—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.

—Hombres, pero si yo nada he afianzado ni quiero afianzar.

Entre tanto mis retratos volaban por el orbe: ya viene unreportercon quien me doy de puñetazos por venirse ámeter en lo que no le importa; ya quiere un fotógrafo sacar ejemplares de mi individuo, en no sé cuántas actitudes; ya un frenólogo me quita el sombrero en la calle para reconocermela amativité, y yo por aquí riño, por allá bufo, y por todas partes reniego, muriéndome de vergüenza al entrar en mi casa y encontrar á mis hijas con mi retrato y el de Lulú, como dos tórtolas, en el periódico!

Para no cansar á vd., la mitad de la herencia del pariente, se fué en pitos y flautas de jueces y escribanos, y en pagar á Lulú su inocencia, que llevaba tresgachupinesdesplumados!!

Descuídense vdes., descuídense; hagan lo que en México, diciendo palabritas, dando anillos y haciendo protestas á la primera que pasa, y les dan una secuestrada que el alma les arda.

Aplaudimos á D. Lino, y apuramos por su salud nuestra última copa.

LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Templo Chino.

LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Templo Chino.

LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.

Templo Chino.


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