XX

XXLas criadas.—Los chinos.—Los alemanes.—Casas ambulantes.ENTRE las casas de mexicanos que me favorecian con su amistad, habia una que visitaba con particular complacencia.Era una señora venerable, con tres hijas, modelos de virtud y de hermosura.El padre de la familia fué á California con objeto de establecer un comercio: le halagó la fortuna uno ó dos años, murió repentinamente, y la familia, inexperta en los negocios, se encontró pereciendo de miseria al cabo de algun tiempo.Las jóvenes, perfectamente educadas, se persuadieron de su posicion, tomaron sobre sí el cargo de la subsistencia de la familia, y cada cual utilizó su aptitud, no solo conservandola casa como ántes, sino con mayor decencia, rodeándose de toda clase de consideraciones.Una de las jóvenes se dedicó á dar lecciones de piano, lo que hacia con el mejor éxito; otra entró como dependiente á una casa de modas, y estaba encargada de los libros y de los grandes negocios del almacen, y la otra, como maestra de idiomas, contribuia á la subsistencia de la familia.La señora gobernaba la casa, y en las noches se disfrutaba en ella de la mejor sociedad á que yo haya concurrido.Una noche encontré á Guadalupita de mucho mal humor, y cada vez que la acentuaba con cualquier signo, reia la mamá y le decian todas.... “neta mexicana, mexicana completa.”Al fin se descubrió el motivo del mal humor.En la casa estaban con la necesidad de una recamarera. Se presentó una jóven á quien se le impuso de sus obligaciones, y parecia con todo conforme.—¿Cuánto es lo que quiere vd. de salario? le preguntó Guadalupe.—Yo, señorita, nada.—Cómo nada! eso no puede ser!—Sí puede ser. Yo trabajaré todo el dia, como vd. me dice; pero luego que termine yo mi trabajo, vd. me dará durante una hora mi leccion de piano, porque yo quiero ser artista: con mi trabajo pago á mi maestra.—Yo, dijo Guadalupe, le volví la espalda, y ella replicó:—Es que acepta muy gustosa mi propuesta una paisana mia que lo hace muy bien; pero su método de vd. es mejor.—¿Me dará vd. insolencia? repetia colérica Guadalupe.Y la mamá y las otras dos jóvenes reian, llamándola “muy mexicana.”—Fidel, me decia un viejo frances visita de la casa, que me profesaba particular cariño. Aquí los criados son trabajadores como los artesanos; aquí, propiamente hablando, no hay servidumbre á la manera que vdes. lo comprenden.Un criado se contrata para determinados quehaceres, asiste á la casa como á su oficina á desempeñar sus obligaciones, llena éstas y queda en libertad para otros trabajos ó sus placeres en la calle.Es muy frecuente que su cocinero de vd. le tome la delantera en un teatro, ó se siente en unbar-roomá tomar ostiones.—Pero eso es repugnantísimo.—¿Por qué? le choca á vd. un pintor? un músico? pues yo no sé que tenga más importancia que un cocinero. Todo es cambio de servicios. Todo es el mismo proloquio: dinero por mi pan, nada me dan; pan por mi dinero, nada agradezco al panadero.—Todo estará muy bueno; pero ese igualamiento no puede ser; ese criado un dia tira á vd. con un trasto en la cabeza, le replicará á todo, será insoportable.—Nada de eso, porque á la primera falta le pondrá vd. en la calle. Su interes, por otra parte, le obliga á cumplir con exactitud, concurre á la casa como á su taller ó á su oficina: lo que hay de cierto es que elamono ultraja al criado, no le quiere corregir en su vida íntima, ni se mete en las poridades de su conciencia; en las noches es libre, y hace de su tiempo lo que le parece. Estas casas, que son una prision para las criadas; esa comunicacion de carácter clandestinocon niños y niñas, trae inconvenientes de otro género; tal vez se priva uno de esos criados viejos que se identifican con los amos y son modelos de lealtad y amigos llenos de abnegacion en sus infortunios; pero en cambio, pocas veces aquí el criado es el cómplice de una maldad; en fin, tendrá su pro y su contra la servidumbre constante en el interior de la familia; pero sí aseguro á vd. que con el sistema americano, gana mucho la dignidad humana.—Fidel, vd. se haayankado, vd. no discurre como mexicano.—No, señora; si apruebo lo que el señor dice, es porque no veo inconveniente en que luzca su trabajo el lacayo, en que si es instruido, se abra camino y ocupe un asiento en el congreso; ¿por qué no?Yo conozco lacayos mucho más ameritados é instruidos que muchos próceres de alfanje al cinto, que no tienen más méritos que extorsionar á los pueblos y oprimir á los infelices.No obstante lo expuesto, el americano es poco afecto al servicio doméstico; aquí los chinos desempeñan esas tareas; excelentes cocineros, buenos y dedicados jardineros, peones del campo y trabajadores asíduos, se concitan el odio de los yankees, cabalmente por la competencia terrible de sus menores salarios; pero esto mismo los hace acreedores á mil consideraciones.Los chinos han sido los grandes obreros de los caminos de fierro; su sobriedad y su decision para el trabajo, los hace apreciables. En los negocios, los comerciantes han hecho muy considerables fortunas.Hay más de cien mil chinos en todo California, la mayorparte de ellos, hombres. Las mujeres, que llegan en corto número, se dedican á la prostitucion, y se acusa á muchos de los hombres de vicios infames.Pero el chino, con generalidad hablando, es perseverante, económico, sufrido y de gran flexibilidad para toda clase de ocupaciones.Reservado y astuto, siempre que puede engaña á las personas con quienes trata, y espía el medio de descargar sobre otro su responsabilidad.Gran parte de los chinos que llegan á San Francisco dependen de las compañías formadas expresamente con el objeto de proteger la emigracion. Dícese que estas compañías tienen ostensiblemente objetos caritativos y de beneficencia, y que realmente hacen poderosas especulaciones.Las compañías se denominan y tienen de fondo:Wing Yung$75,000Hop-Wo”10,200Sam Yup”10,100Yan Wo”4,300Kong Chow”15,000Cada compañía tiene un presidente elegido por los comerciantes y los ricos únicamente.Los alemanes, aunque en gran número, pocas veces se dedican á la servidumbre, establecen á los cuatro vientos sus chozas ó tiendas, guareciéndose algunas ocasiones bajo una carreta; de los primeros cuatro palos que tienen á mano, construyen unbar-room, en que se expende cerveza; sin esa circunstancia, la iniciativa de poblacion es como trunca y defectuosa. En pos del tonel viene la Biblia. El temploprotestante y elbar-roomson como las piedras angulares de la futura poblacion.El aleman se instala con familia y trabajan todos los miembros de ella asíduamente: sóbrio, económico, previsivo y constante en el trabajo, no aventura un paso sin sentir muy firme el terreno.Admira la audacia delyankee, elogia los arranques de su génio emprendedor; pero él no abandona sus prácticas; modesto, reservado con el americano, expansivo y servicial con sus paisanos. El aleman es como ciertos insectos, no se perciben hasta que no se trasforman en mariposas, ó más propiamente, el alemanes la araña de la mosca del yankee.El uno audaz, pero frívolo; el otro, cauto y reflexivo; elyankeees el hombre de hoy; el aleman el de mañana: elyankeeen una empresa entrega muchas probabilidades al acaso; el aleman ninguna. Diez alemanes se hacen ricos con las locuras de unyankee; elyankeepocas veces explota á un aleman. En sus juegos de astucia, el aleman semeja á esos gatos que dormitan sobre una silla al parecer, que se descuidan y no se aperciben del raton que va, vuelve y se solaza á sus piés; pero en el momento ménos pensado, cae el raton, rendido de fatiga, en las garras del gato papalon.Por este estilo fué la plática de la casa de Guadalupita, que disipó su mal humor con los chistes y con el agrado de sus apreciables hermanas.Serian las once de la noche cuando nos retiramos de la agradable tertulia: la noche era hermosa, la mitad de la calle estaba alumbrada por la luna: en la otra mitad se proyectaba la sombra, abriendo claros de trecho en trecho, en las puertas y ventanas, la luz artificial.De pronto, detuve á mis compañeros, porque me pareció que torciamos por una calle cerrada: un gran edificio nos obstruia el paso.—Vamos bien, esta es la calle.—¿Cómo ha de ser? ¿No ven vdes. que vamos á dar de narices contra esas paredes?—Esa es una casa que anda.... acércate, me dijeron.Y yo, con estupor, me acerqué. En efecto, venian varios trabajadores conduciendo una casa en forma, con todas sus cosas: la habian sacado de su quicio, y por medio de rodillos, cables y palancas, la trasladaban á otro lugar de la ciudad.La casa era de tres pisos; pero lo que me sorprendió fué que en esos pisos habia gente, se veian las recámaras con unas criadas, y las camas hechas y en tren de no interrumpirse los quehaceres comunes.—¡Esto es singular! singular! decia yo.—Singular para vd.: aquí no hay cosa más comun.—Pues mucho más le sorprenderia á vd., me decia otro amigo, lo que sucedió hace pocos dias en la calle de Washington. Un propietario queria aumentar su casa. Vió á uno de nuestros célebres ingenieros, y éste hizo de modo que independió un piso del otro, suspendiendo realmente en el aire una seccion de la casa: intercaló el nuevo piso y volvieron las cosas á su estado normal, sin que se hubiese desarreglado nada, ni interrumpido la familia sus costumbres: por ese estilo se verificó una ampliacion de terreno en la calle del Mercado.—Es verdad que se trata de casas de palo; pero siempre tienen fierro y ladrillo, y el conjunto compone moles inmensas.Yo seguí gran trecho viendo andar la casa y admirando la tranquilidad, mejor dicho, la indiferencia que mostraban en el interior de ella los habitantes.Despues, en las colonias nacientes, en los caminos desiertos, me he encontrado verdaderas habitaciones y aun oficinas sobre carros, con sus rubros:—Gran Galería de Pinturas.—Fotografía.—Sastrería.—Dentista.Una de esas habitaciones que encontré en otro tiempo en Tejas, era de hoja de lata: las personas formales iban entregadas á sus ocupaciones, en medio del ruido infernal que producian los juegos de los niños; pero estos edificios ambulantes en California fué la primera vez que los ví, y me dejó estupefacto el espectáculo.

XXLas criadas.—Los chinos.—Los alemanes.—Casas ambulantes.ENTRE las casas de mexicanos que me favorecian con su amistad, habia una que visitaba con particular complacencia.Era una señora venerable, con tres hijas, modelos de virtud y de hermosura.El padre de la familia fué á California con objeto de establecer un comercio: le halagó la fortuna uno ó dos años, murió repentinamente, y la familia, inexperta en los negocios, se encontró pereciendo de miseria al cabo de algun tiempo.Las jóvenes, perfectamente educadas, se persuadieron de su posicion, tomaron sobre sí el cargo de la subsistencia de la familia, y cada cual utilizó su aptitud, no solo conservandola casa como ántes, sino con mayor decencia, rodeándose de toda clase de consideraciones.Una de las jóvenes se dedicó á dar lecciones de piano, lo que hacia con el mejor éxito; otra entró como dependiente á una casa de modas, y estaba encargada de los libros y de los grandes negocios del almacen, y la otra, como maestra de idiomas, contribuia á la subsistencia de la familia.La señora gobernaba la casa, y en las noches se disfrutaba en ella de la mejor sociedad á que yo haya concurrido.Una noche encontré á Guadalupita de mucho mal humor, y cada vez que la acentuaba con cualquier signo, reia la mamá y le decian todas.... “neta mexicana, mexicana completa.”Al fin se descubrió el motivo del mal humor.En la casa estaban con la necesidad de una recamarera. Se presentó una jóven á quien se le impuso de sus obligaciones, y parecia con todo conforme.—¿Cuánto es lo que quiere vd. de salario? le preguntó Guadalupe.—Yo, señorita, nada.—Cómo nada! eso no puede ser!—Sí puede ser. Yo trabajaré todo el dia, como vd. me dice; pero luego que termine yo mi trabajo, vd. me dará durante una hora mi leccion de piano, porque yo quiero ser artista: con mi trabajo pago á mi maestra.—Yo, dijo Guadalupe, le volví la espalda, y ella replicó:—Es que acepta muy gustosa mi propuesta una paisana mia que lo hace muy bien; pero su método de vd. es mejor.—¿Me dará vd. insolencia? repetia colérica Guadalupe.Y la mamá y las otras dos jóvenes reian, llamándola “muy mexicana.”—Fidel, me decia un viejo frances visita de la casa, que me profesaba particular cariño. Aquí los criados son trabajadores como los artesanos; aquí, propiamente hablando, no hay servidumbre á la manera que vdes. lo comprenden.Un criado se contrata para determinados quehaceres, asiste á la casa como á su oficina á desempeñar sus obligaciones, llena éstas y queda en libertad para otros trabajos ó sus placeres en la calle.Es muy frecuente que su cocinero de vd. le tome la delantera en un teatro, ó se siente en unbar-roomá tomar ostiones.—Pero eso es repugnantísimo.—¿Por qué? le choca á vd. un pintor? un músico? pues yo no sé que tenga más importancia que un cocinero. Todo es cambio de servicios. Todo es el mismo proloquio: dinero por mi pan, nada me dan; pan por mi dinero, nada agradezco al panadero.—Todo estará muy bueno; pero ese igualamiento no puede ser; ese criado un dia tira á vd. con un trasto en la cabeza, le replicará á todo, será insoportable.—Nada de eso, porque á la primera falta le pondrá vd. en la calle. Su interes, por otra parte, le obliga á cumplir con exactitud, concurre á la casa como á su taller ó á su oficina: lo que hay de cierto es que elamono ultraja al criado, no le quiere corregir en su vida íntima, ni se mete en las poridades de su conciencia; en las noches es libre, y hace de su tiempo lo que le parece. Estas casas, que son una prision para las criadas; esa comunicacion de carácter clandestinocon niños y niñas, trae inconvenientes de otro género; tal vez se priva uno de esos criados viejos que se identifican con los amos y son modelos de lealtad y amigos llenos de abnegacion en sus infortunios; pero en cambio, pocas veces aquí el criado es el cómplice de una maldad; en fin, tendrá su pro y su contra la servidumbre constante en el interior de la familia; pero sí aseguro á vd. que con el sistema americano, gana mucho la dignidad humana.—Fidel, vd. se haayankado, vd. no discurre como mexicano.—No, señora; si apruebo lo que el señor dice, es porque no veo inconveniente en que luzca su trabajo el lacayo, en que si es instruido, se abra camino y ocupe un asiento en el congreso; ¿por qué no?Yo conozco lacayos mucho más ameritados é instruidos que muchos próceres de alfanje al cinto, que no tienen más méritos que extorsionar á los pueblos y oprimir á los infelices.No obstante lo expuesto, el americano es poco afecto al servicio doméstico; aquí los chinos desempeñan esas tareas; excelentes cocineros, buenos y dedicados jardineros, peones del campo y trabajadores asíduos, se concitan el odio de los yankees, cabalmente por la competencia terrible de sus menores salarios; pero esto mismo los hace acreedores á mil consideraciones.Los chinos han sido los grandes obreros de los caminos de fierro; su sobriedad y su decision para el trabajo, los hace apreciables. En los negocios, los comerciantes han hecho muy considerables fortunas.Hay más de cien mil chinos en todo California, la mayorparte de ellos, hombres. Las mujeres, que llegan en corto número, se dedican á la prostitucion, y se acusa á muchos de los hombres de vicios infames.Pero el chino, con generalidad hablando, es perseverante, económico, sufrido y de gran flexibilidad para toda clase de ocupaciones.Reservado y astuto, siempre que puede engaña á las personas con quienes trata, y espía el medio de descargar sobre otro su responsabilidad.Gran parte de los chinos que llegan á San Francisco dependen de las compañías formadas expresamente con el objeto de proteger la emigracion. Dícese que estas compañías tienen ostensiblemente objetos caritativos y de beneficencia, y que realmente hacen poderosas especulaciones.Las compañías se denominan y tienen de fondo:Wing Yung$75,000Hop-Wo”10,200Sam Yup”10,100Yan Wo”4,300Kong Chow”15,000Cada compañía tiene un presidente elegido por los comerciantes y los ricos únicamente.Los alemanes, aunque en gran número, pocas veces se dedican á la servidumbre, establecen á los cuatro vientos sus chozas ó tiendas, guareciéndose algunas ocasiones bajo una carreta; de los primeros cuatro palos que tienen á mano, construyen unbar-room, en que se expende cerveza; sin esa circunstancia, la iniciativa de poblacion es como trunca y defectuosa. En pos del tonel viene la Biblia. El temploprotestante y elbar-roomson como las piedras angulares de la futura poblacion.El aleman se instala con familia y trabajan todos los miembros de ella asíduamente: sóbrio, económico, previsivo y constante en el trabajo, no aventura un paso sin sentir muy firme el terreno.Admira la audacia delyankee, elogia los arranques de su génio emprendedor; pero él no abandona sus prácticas; modesto, reservado con el americano, expansivo y servicial con sus paisanos. El aleman es como ciertos insectos, no se perciben hasta que no se trasforman en mariposas, ó más propiamente, el alemanes la araña de la mosca del yankee.El uno audaz, pero frívolo; el otro, cauto y reflexivo; elyankeees el hombre de hoy; el aleman el de mañana: elyankeeen una empresa entrega muchas probabilidades al acaso; el aleman ninguna. Diez alemanes se hacen ricos con las locuras de unyankee; elyankeepocas veces explota á un aleman. En sus juegos de astucia, el aleman semeja á esos gatos que dormitan sobre una silla al parecer, que se descuidan y no se aperciben del raton que va, vuelve y se solaza á sus piés; pero en el momento ménos pensado, cae el raton, rendido de fatiga, en las garras del gato papalon.Por este estilo fué la plática de la casa de Guadalupita, que disipó su mal humor con los chistes y con el agrado de sus apreciables hermanas.Serian las once de la noche cuando nos retiramos de la agradable tertulia: la noche era hermosa, la mitad de la calle estaba alumbrada por la luna: en la otra mitad se proyectaba la sombra, abriendo claros de trecho en trecho, en las puertas y ventanas, la luz artificial.De pronto, detuve á mis compañeros, porque me pareció que torciamos por una calle cerrada: un gran edificio nos obstruia el paso.—Vamos bien, esta es la calle.—¿Cómo ha de ser? ¿No ven vdes. que vamos á dar de narices contra esas paredes?—Esa es una casa que anda.... acércate, me dijeron.Y yo, con estupor, me acerqué. En efecto, venian varios trabajadores conduciendo una casa en forma, con todas sus cosas: la habian sacado de su quicio, y por medio de rodillos, cables y palancas, la trasladaban á otro lugar de la ciudad.La casa era de tres pisos; pero lo que me sorprendió fué que en esos pisos habia gente, se veian las recámaras con unas criadas, y las camas hechas y en tren de no interrumpirse los quehaceres comunes.—¡Esto es singular! singular! decia yo.—Singular para vd.: aquí no hay cosa más comun.—Pues mucho más le sorprenderia á vd., me decia otro amigo, lo que sucedió hace pocos dias en la calle de Washington. Un propietario queria aumentar su casa. Vió á uno de nuestros célebres ingenieros, y éste hizo de modo que independió un piso del otro, suspendiendo realmente en el aire una seccion de la casa: intercaló el nuevo piso y volvieron las cosas á su estado normal, sin que se hubiese desarreglado nada, ni interrumpido la familia sus costumbres: por ese estilo se verificó una ampliacion de terreno en la calle del Mercado.—Es verdad que se trata de casas de palo; pero siempre tienen fierro y ladrillo, y el conjunto compone moles inmensas.Yo seguí gran trecho viendo andar la casa y admirando la tranquilidad, mejor dicho, la indiferencia que mostraban en el interior de ella los habitantes.Despues, en las colonias nacientes, en los caminos desiertos, me he encontrado verdaderas habitaciones y aun oficinas sobre carros, con sus rubros:—Gran Galería de Pinturas.—Fotografía.—Sastrería.—Dentista.Una de esas habitaciones que encontré en otro tiempo en Tejas, era de hoja de lata: las personas formales iban entregadas á sus ocupaciones, en medio del ruido infernal que producian los juegos de los niños; pero estos edificios ambulantes en California fué la primera vez que los ví, y me dejó estupefacto el espectáculo.

Las criadas.—Los chinos.—Los alemanes.—Casas ambulantes.

ENTRE las casas de mexicanos que me favorecian con su amistad, habia una que visitaba con particular complacencia.

Era una señora venerable, con tres hijas, modelos de virtud y de hermosura.

El padre de la familia fué á California con objeto de establecer un comercio: le halagó la fortuna uno ó dos años, murió repentinamente, y la familia, inexperta en los negocios, se encontró pereciendo de miseria al cabo de algun tiempo.

Las jóvenes, perfectamente educadas, se persuadieron de su posicion, tomaron sobre sí el cargo de la subsistencia de la familia, y cada cual utilizó su aptitud, no solo conservandola casa como ántes, sino con mayor decencia, rodeándose de toda clase de consideraciones.

Una de las jóvenes se dedicó á dar lecciones de piano, lo que hacia con el mejor éxito; otra entró como dependiente á una casa de modas, y estaba encargada de los libros y de los grandes negocios del almacen, y la otra, como maestra de idiomas, contribuia á la subsistencia de la familia.

La señora gobernaba la casa, y en las noches se disfrutaba en ella de la mejor sociedad á que yo haya concurrido.

Una noche encontré á Guadalupita de mucho mal humor, y cada vez que la acentuaba con cualquier signo, reia la mamá y le decian todas.... “neta mexicana, mexicana completa.”

Al fin se descubrió el motivo del mal humor.

En la casa estaban con la necesidad de una recamarera. Se presentó una jóven á quien se le impuso de sus obligaciones, y parecia con todo conforme.

—¿Cuánto es lo que quiere vd. de salario? le preguntó Guadalupe.

—Yo, señorita, nada.

—Cómo nada! eso no puede ser!

—Sí puede ser. Yo trabajaré todo el dia, como vd. me dice; pero luego que termine yo mi trabajo, vd. me dará durante una hora mi leccion de piano, porque yo quiero ser artista: con mi trabajo pago á mi maestra.

—Yo, dijo Guadalupe, le volví la espalda, y ella replicó:

—Es que acepta muy gustosa mi propuesta una paisana mia que lo hace muy bien; pero su método de vd. es mejor.

—¿Me dará vd. insolencia? repetia colérica Guadalupe.

Y la mamá y las otras dos jóvenes reian, llamándola “muy mexicana.”

—Fidel, me decia un viejo frances visita de la casa, que me profesaba particular cariño. Aquí los criados son trabajadores como los artesanos; aquí, propiamente hablando, no hay servidumbre á la manera que vdes. lo comprenden.

Un criado se contrata para determinados quehaceres, asiste á la casa como á su oficina á desempeñar sus obligaciones, llena éstas y queda en libertad para otros trabajos ó sus placeres en la calle.

Es muy frecuente que su cocinero de vd. le tome la delantera en un teatro, ó se siente en unbar-roomá tomar ostiones.

—Pero eso es repugnantísimo.

—¿Por qué? le choca á vd. un pintor? un músico? pues yo no sé que tenga más importancia que un cocinero. Todo es cambio de servicios. Todo es el mismo proloquio: dinero por mi pan, nada me dan; pan por mi dinero, nada agradezco al panadero.

—Todo estará muy bueno; pero ese igualamiento no puede ser; ese criado un dia tira á vd. con un trasto en la cabeza, le replicará á todo, será insoportable.

—Nada de eso, porque á la primera falta le pondrá vd. en la calle. Su interes, por otra parte, le obliga á cumplir con exactitud, concurre á la casa como á su taller ó á su oficina: lo que hay de cierto es que elamono ultraja al criado, no le quiere corregir en su vida íntima, ni se mete en las poridades de su conciencia; en las noches es libre, y hace de su tiempo lo que le parece. Estas casas, que son una prision para las criadas; esa comunicacion de carácter clandestinocon niños y niñas, trae inconvenientes de otro género; tal vez se priva uno de esos criados viejos que se identifican con los amos y son modelos de lealtad y amigos llenos de abnegacion en sus infortunios; pero en cambio, pocas veces aquí el criado es el cómplice de una maldad; en fin, tendrá su pro y su contra la servidumbre constante en el interior de la familia; pero sí aseguro á vd. que con el sistema americano, gana mucho la dignidad humana.

—Fidel, vd. se haayankado, vd. no discurre como mexicano.

—No, señora; si apruebo lo que el señor dice, es porque no veo inconveniente en que luzca su trabajo el lacayo, en que si es instruido, se abra camino y ocupe un asiento en el congreso; ¿por qué no?

Yo conozco lacayos mucho más ameritados é instruidos que muchos próceres de alfanje al cinto, que no tienen más méritos que extorsionar á los pueblos y oprimir á los infelices.

No obstante lo expuesto, el americano es poco afecto al servicio doméstico; aquí los chinos desempeñan esas tareas; excelentes cocineros, buenos y dedicados jardineros, peones del campo y trabajadores asíduos, se concitan el odio de los yankees, cabalmente por la competencia terrible de sus menores salarios; pero esto mismo los hace acreedores á mil consideraciones.

Los chinos han sido los grandes obreros de los caminos de fierro; su sobriedad y su decision para el trabajo, los hace apreciables. En los negocios, los comerciantes han hecho muy considerables fortunas.

Hay más de cien mil chinos en todo California, la mayorparte de ellos, hombres. Las mujeres, que llegan en corto número, se dedican á la prostitucion, y se acusa á muchos de los hombres de vicios infames.

Pero el chino, con generalidad hablando, es perseverante, económico, sufrido y de gran flexibilidad para toda clase de ocupaciones.

Reservado y astuto, siempre que puede engaña á las personas con quienes trata, y espía el medio de descargar sobre otro su responsabilidad.

Gran parte de los chinos que llegan á San Francisco dependen de las compañías formadas expresamente con el objeto de proteger la emigracion. Dícese que estas compañías tienen ostensiblemente objetos caritativos y de beneficencia, y que realmente hacen poderosas especulaciones.

Las compañías se denominan y tienen de fondo:

Cada compañía tiene un presidente elegido por los comerciantes y los ricos únicamente.

Los alemanes, aunque en gran número, pocas veces se dedican á la servidumbre, establecen á los cuatro vientos sus chozas ó tiendas, guareciéndose algunas ocasiones bajo una carreta; de los primeros cuatro palos que tienen á mano, construyen unbar-room, en que se expende cerveza; sin esa circunstancia, la iniciativa de poblacion es como trunca y defectuosa. En pos del tonel viene la Biblia. El temploprotestante y elbar-roomson como las piedras angulares de la futura poblacion.

El aleman se instala con familia y trabajan todos los miembros de ella asíduamente: sóbrio, económico, previsivo y constante en el trabajo, no aventura un paso sin sentir muy firme el terreno.

Admira la audacia delyankee, elogia los arranques de su génio emprendedor; pero él no abandona sus prácticas; modesto, reservado con el americano, expansivo y servicial con sus paisanos. El aleman es como ciertos insectos, no se perciben hasta que no se trasforman en mariposas, ó más propiamente, el alemanes la araña de la mosca del yankee.

El uno audaz, pero frívolo; el otro, cauto y reflexivo; elyankeees el hombre de hoy; el aleman el de mañana: elyankeeen una empresa entrega muchas probabilidades al acaso; el aleman ninguna. Diez alemanes se hacen ricos con las locuras de unyankee; elyankeepocas veces explota á un aleman. En sus juegos de astucia, el aleman semeja á esos gatos que dormitan sobre una silla al parecer, que se descuidan y no se aperciben del raton que va, vuelve y se solaza á sus piés; pero en el momento ménos pensado, cae el raton, rendido de fatiga, en las garras del gato papalon.

Por este estilo fué la plática de la casa de Guadalupita, que disipó su mal humor con los chistes y con el agrado de sus apreciables hermanas.

Serian las once de la noche cuando nos retiramos de la agradable tertulia: la noche era hermosa, la mitad de la calle estaba alumbrada por la luna: en la otra mitad se proyectaba la sombra, abriendo claros de trecho en trecho, en las puertas y ventanas, la luz artificial.

De pronto, detuve á mis compañeros, porque me pareció que torciamos por una calle cerrada: un gran edificio nos obstruia el paso.

—Vamos bien, esta es la calle.

—¿Cómo ha de ser? ¿No ven vdes. que vamos á dar de narices contra esas paredes?

—Esa es una casa que anda.... acércate, me dijeron.

Y yo, con estupor, me acerqué. En efecto, venian varios trabajadores conduciendo una casa en forma, con todas sus cosas: la habian sacado de su quicio, y por medio de rodillos, cables y palancas, la trasladaban á otro lugar de la ciudad.

La casa era de tres pisos; pero lo que me sorprendió fué que en esos pisos habia gente, se veian las recámaras con unas criadas, y las camas hechas y en tren de no interrumpirse los quehaceres comunes.

—¡Esto es singular! singular! decia yo.

—Singular para vd.: aquí no hay cosa más comun.

—Pues mucho más le sorprenderia á vd., me decia otro amigo, lo que sucedió hace pocos dias en la calle de Washington. Un propietario queria aumentar su casa. Vió á uno de nuestros célebres ingenieros, y éste hizo de modo que independió un piso del otro, suspendiendo realmente en el aire una seccion de la casa: intercaló el nuevo piso y volvieron las cosas á su estado normal, sin que se hubiese desarreglado nada, ni interrumpido la familia sus costumbres: por ese estilo se verificó una ampliacion de terreno en la calle del Mercado.

—Es verdad que se trata de casas de palo; pero siempre tienen fierro y ladrillo, y el conjunto compone moles inmensas.

Yo seguí gran trecho viendo andar la casa y admirando la tranquilidad, mejor dicho, la indiferencia que mostraban en el interior de ella los habitantes.

Despues, en las colonias nacientes, en los caminos desiertos, me he encontrado verdaderas habitaciones y aun oficinas sobre carros, con sus rubros:—Gran Galería de Pinturas.—Fotografía.—Sastrería.—Dentista.

Una de esas habitaciones que encontré en otro tiempo en Tejas, era de hoja de lata: las personas formales iban entregadas á sus ocupaciones, en medio del ruido infernal que producian los juegos de los niños; pero estos edificios ambulantes en California fué la primera vez que los ví, y me dejó estupefacto el espectáculo.


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