XXIII

XXIIIDelaciones de un perdido.— Exposicion singular.—El cuarto negro.—Jodlums.— Embaucadores.—Los vidrios azules.TAN color de rosa ha pintado vd. á California, que de repente la desconozco en las páginas de vd., me decia un amigo.—Pero vd. lo que me ha de decir es en dónde están las inexactitudes para corregirlas.—Inexactitudes no hay, replicaba; pero á ese cuadro le faltan sombras: sépase vd., que no faltan en California cosas curiosas en materia de diabluras.—Lo supongo, continuaba yo, y aun lo sé; pero, en primer lugar, no tengo aptitud para hacer rectificaciones por mí mismo, y por otra parte, yo no pretendo escribir un Manual de gente perdularia, sino simples impresiones de viaje.—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se conocerá el anverso de la medalla.—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de laexposicionque nos contó el españolito: eso no es creible.—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he sido objeto deexposicion.—Véamos cómo.—Aseguráronme algunos amigos calaveras que variasdamas, ofendidas del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse denovios.La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura; allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me pusiera en cruz.—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en todas partes, delBlak room.—¿Qué quiere decir eso?—Quiere decir el cuarto negro.—¿Y qué?—Es una asociacion de mujeres caprichosas. Se invita alcaballero para una visita, absolutamente á oscuras. Se penetra en las tinieblas, se introduce al galan á una espantosa caverna, y no sabe jamás quiénes son las personas que le dan hospitalidad.—Sabe vd. que eso es tremendo. Esa será una asociacion de viejas, ó por lo ménos de lisiadas.—Yo no sabré decir á vd.; pero la cosa tiene tanto de romancesco y de fantástico, que hay viajeros excéntricos que lo primero porque preguntan es por elBlak room, haciendo grandes desembolsos para encontrar un guía que los lleve al imperio de las tinieblas.—Vd. lo ve. ¿Cómo habia de poner esas atrocidades en mi viaje?—Pues ponga vd. siquiera á losJodlums(Judloms), que están á la vista de todo el mundo.—Instrúyame vd. acerca de esos animalejos.—LosJodlumsson esos muchachos vagabundos que se pudieran llamaraerolitos, porque parecen llover de lo alto, sin padre ni madre.Estos chicos nacen ébrios al parecer y con el tabaco en la boca: se ocupan en robos, en seducciones y en cuanto malo puede imaginarse. Los diablos estos, de 18 á 20 años, son los más perniciosos.Propiamente hablando, el tipo que me propongo describir, es una especie de calavera temeron, novel, un calavera en agraz, más atrevido, más impertinente y más escandaloso que el calavera aguerrido.Seria el ideal elJodlumsde nuestros advenedizosdesordenadosde la escuela materialista, que ni estudian ni comprenden, derivolvery aventuras soeces: en el periodismotraficantes; en la amistad rastreros y desleales; en el amor abyectos y asquerosos; vagos de profesion, llevando sus mercancías de desvergüenzas y calumnias al primerreceptadorde infamias que aparece como al frente de un gran partido político, como él mismo cacareamodestamente.ElJodlumsno es así, se fija especialmente en no respetar lo que se respeta en público, más religiosamente en los Estados-Unidos: la mujer.No solo emprende, para jactarse, criminales seducciones, sino que se congrega en compañías que en el despoblado, en los lotes mal cercados con latas, se embosca y asalta á la mujer honrada y abusa de ella algunas veces, arrancándola de los brazos del marido y del amante.En el año de 74 hubo un lance en una de las calles más conocidas de estos asaltos: el esposo riñó hasta rendirse; á la esposa la pasaron al interior de la cerca; pero aquella robusta Lucrecia, repelió á los unos, perniquebró á los otros, magulló á todos y dió tales gritos y armó tal escándalo, que la perezosa policía hubo de acudir al fin, y la cuasi víctima, desmelenada, desgarrada, inmirable, pudo exclamar como Francisco I y sus atrasados plagiarios: “Todo se ha perdido, ménos el honor.”Los calaveras de que me ocupo, suelen organizarse y prestarse admirablemente al incendio, á los asesinatos contra los chinos y á romper vidrios ó carruajes, de acuerdo con hojalateros y carroceros, para proteger la industria del país.El teatro de las hazañas de estos malvados, son los muelles, y suelen extender sus correrías hasta lo que se llama lacontracosta.Allí suelen verificarse esos asaltos conchorizos de arena, cuyo golpe certero en el cerebro, no deja rastro del crímen que se perpetra. A veces detienen á un viandante: uno le oprime con los dedos abajo de las orejas, hasta dejarlo sin respiracion; el otro le quita entre tanto cuanto lleva, y tal parece el grupo un corrillo de amigos; pero estas son las hazañas del calavera vulgar.ElJodlums pur sangpercibe un labriego bonachon, un viajero aturdido; á esto le llama,un green, es decir, un verde, y ó bien le echa los brazos, dizque confundiéndolo con un pariente ó con un bienhechor, ó bien le propone un negocio pingüe, una posada cómoda, etc.Domesticado elGreen, se le lleva á una posada de mala ley, en que hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera, mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su fortuna, interesar á la inflexible policía.El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, delazzaronisy gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el corazon mismo de la sociedad.ElJodlumssiempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere, se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece trasmigrar á varias personalidades.El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas, han disminuido la importancia delJodlums; pero cuando se le cree perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso de su existencia turbulenta.El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila de esta poblacion afortunada.—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país de números, de inmensa popularidad.Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.—Pues bien, dícteme vd.—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las calles de Bush y de Sutter.Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea. Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que ha reunido un inmenso caudal.De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años, lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que adivinase; para esto el doctor suministrabael lápiz ó tenia en el círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano. Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales.... despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de San Francisco.Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á conocer como en el uso de los vidrios azules.Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él, miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve al ménos para aquietar á las personas aprensivas.“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender susmedidas, sutierra de Chalmay susaguas milagrosas, hombres, mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro, sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda sabiduría; con esto, y el sello de la oficina depatentes, tienen pasaporte las mayores barbaridades.“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia deMinistrils, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre deEl Sol, que hacia la oposicion á Grant.“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra ocurrencia deMinistrils.“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de sus raptos de entusiasmo,exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.—“Washington, Washington, dijo el payaso.—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....—“¿Le pondremos Aníbal?“El empresario hacia que nó con la cabeza.—“¿Carlo Magno?—“No.—“¿Napoleon?—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”

XXIIIDelaciones de un perdido.— Exposicion singular.—El cuarto negro.—Jodlums.— Embaucadores.—Los vidrios azules.TAN color de rosa ha pintado vd. á California, que de repente la desconozco en las páginas de vd., me decia un amigo.—Pero vd. lo que me ha de decir es en dónde están las inexactitudes para corregirlas.—Inexactitudes no hay, replicaba; pero á ese cuadro le faltan sombras: sépase vd., que no faltan en California cosas curiosas en materia de diabluras.—Lo supongo, continuaba yo, y aun lo sé; pero, en primer lugar, no tengo aptitud para hacer rectificaciones por mí mismo, y por otra parte, yo no pretendo escribir un Manual de gente perdularia, sino simples impresiones de viaje.—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se conocerá el anverso de la medalla.—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de laexposicionque nos contó el españolito: eso no es creible.—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he sido objeto deexposicion.—Véamos cómo.—Aseguráronme algunos amigos calaveras que variasdamas, ofendidas del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse denovios.La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura; allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me pusiera en cruz.—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en todas partes, delBlak room.—¿Qué quiere decir eso?—Quiere decir el cuarto negro.—¿Y qué?—Es una asociacion de mujeres caprichosas. Se invita alcaballero para una visita, absolutamente á oscuras. Se penetra en las tinieblas, se introduce al galan á una espantosa caverna, y no sabe jamás quiénes son las personas que le dan hospitalidad.—Sabe vd. que eso es tremendo. Esa será una asociacion de viejas, ó por lo ménos de lisiadas.—Yo no sabré decir á vd.; pero la cosa tiene tanto de romancesco y de fantástico, que hay viajeros excéntricos que lo primero porque preguntan es por elBlak room, haciendo grandes desembolsos para encontrar un guía que los lleve al imperio de las tinieblas.—Vd. lo ve. ¿Cómo habia de poner esas atrocidades en mi viaje?—Pues ponga vd. siquiera á losJodlums(Judloms), que están á la vista de todo el mundo.—Instrúyame vd. acerca de esos animalejos.—LosJodlumsson esos muchachos vagabundos que se pudieran llamaraerolitos, porque parecen llover de lo alto, sin padre ni madre.Estos chicos nacen ébrios al parecer y con el tabaco en la boca: se ocupan en robos, en seducciones y en cuanto malo puede imaginarse. Los diablos estos, de 18 á 20 años, son los más perniciosos.Propiamente hablando, el tipo que me propongo describir, es una especie de calavera temeron, novel, un calavera en agraz, más atrevido, más impertinente y más escandaloso que el calavera aguerrido.Seria el ideal elJodlumsde nuestros advenedizosdesordenadosde la escuela materialista, que ni estudian ni comprenden, derivolvery aventuras soeces: en el periodismotraficantes; en la amistad rastreros y desleales; en el amor abyectos y asquerosos; vagos de profesion, llevando sus mercancías de desvergüenzas y calumnias al primerreceptadorde infamias que aparece como al frente de un gran partido político, como él mismo cacareamodestamente.ElJodlumsno es así, se fija especialmente en no respetar lo que se respeta en público, más religiosamente en los Estados-Unidos: la mujer.No solo emprende, para jactarse, criminales seducciones, sino que se congrega en compañías que en el despoblado, en los lotes mal cercados con latas, se embosca y asalta á la mujer honrada y abusa de ella algunas veces, arrancándola de los brazos del marido y del amante.En el año de 74 hubo un lance en una de las calles más conocidas de estos asaltos: el esposo riñó hasta rendirse; á la esposa la pasaron al interior de la cerca; pero aquella robusta Lucrecia, repelió á los unos, perniquebró á los otros, magulló á todos y dió tales gritos y armó tal escándalo, que la perezosa policía hubo de acudir al fin, y la cuasi víctima, desmelenada, desgarrada, inmirable, pudo exclamar como Francisco I y sus atrasados plagiarios: “Todo se ha perdido, ménos el honor.”Los calaveras de que me ocupo, suelen organizarse y prestarse admirablemente al incendio, á los asesinatos contra los chinos y á romper vidrios ó carruajes, de acuerdo con hojalateros y carroceros, para proteger la industria del país.El teatro de las hazañas de estos malvados, son los muelles, y suelen extender sus correrías hasta lo que se llama lacontracosta.Allí suelen verificarse esos asaltos conchorizos de arena, cuyo golpe certero en el cerebro, no deja rastro del crímen que se perpetra. A veces detienen á un viandante: uno le oprime con los dedos abajo de las orejas, hasta dejarlo sin respiracion; el otro le quita entre tanto cuanto lleva, y tal parece el grupo un corrillo de amigos; pero estas son las hazañas del calavera vulgar.ElJodlums pur sangpercibe un labriego bonachon, un viajero aturdido; á esto le llama,un green, es decir, un verde, y ó bien le echa los brazos, dizque confundiéndolo con un pariente ó con un bienhechor, ó bien le propone un negocio pingüe, una posada cómoda, etc.Domesticado elGreen, se le lleva á una posada de mala ley, en que hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera, mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su fortuna, interesar á la inflexible policía.El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, delazzaronisy gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el corazon mismo de la sociedad.ElJodlumssiempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere, se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece trasmigrar á varias personalidades.El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas, han disminuido la importancia delJodlums; pero cuando se le cree perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso de su existencia turbulenta.El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila de esta poblacion afortunada.—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país de números, de inmensa popularidad.Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.—Pues bien, dícteme vd.—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las calles de Bush y de Sutter.Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea. Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que ha reunido un inmenso caudal.De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años, lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que adivinase; para esto el doctor suministrabael lápiz ó tenia en el círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano. Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales.... despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de San Francisco.Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á conocer como en el uso de los vidrios azules.Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él, miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve al ménos para aquietar á las personas aprensivas.“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender susmedidas, sutierra de Chalmay susaguas milagrosas, hombres, mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro, sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda sabiduría; con esto, y el sello de la oficina depatentes, tienen pasaporte las mayores barbaridades.“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia deMinistrils, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre deEl Sol, que hacia la oposicion á Grant.“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra ocurrencia deMinistrils.“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de sus raptos de entusiasmo,exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.—“Washington, Washington, dijo el payaso.—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....—“¿Le pondremos Aníbal?“El empresario hacia que nó con la cabeza.—“¿Carlo Magno?—“No.—“¿Napoleon?—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”

Delaciones de un perdido.— Exposicion singular.—El cuarto negro.—Jodlums.— Embaucadores.—Los vidrios azules.

TAN color de rosa ha pintado vd. á California, que de repente la desconozco en las páginas de vd., me decia un amigo.

—Pero vd. lo que me ha de decir es en dónde están las inexactitudes para corregirlas.

—Inexactitudes no hay, replicaba; pero á ese cuadro le faltan sombras: sépase vd., que no faltan en California cosas curiosas en materia de diabluras.

—Lo supongo, continuaba yo, y aun lo sé; pero, en primer lugar, no tengo aptitud para hacer rectificaciones por mí mismo, y por otra parte, yo no pretendo escribir un Manual de gente perdularia, sino simples impresiones de viaje.

—Vd. diga lo que le parezca; pero con el sistema de vd., solo se conocerá el anverso de la medalla.

—¿Y quién me garantiza la verdad de cuentos y consejas que unos afirman y otros desmienten? Ya ha oido vd. lo de laexposicionque nos contó el españolito: eso no es creible.

—Yo no sé si aquí en San Francisco existirá; pero en Nueva-York, yo he sido objeto deexposicion.

—Véamos cómo.

—Aseguráronme algunos amigos calaveras que variasdamas, ofendidas del desden de sus compañeros á quienes absorben totalmente los negocios, formaron sigilosamente una asociacion para proveerse denovios.

La asociacion costea una casa magnífica, á cuyos corredores, llenos de flores, estancias deliciosas y retirados gabinetes, se atraen por medio de agentes, diestros viajeros de la más alta distincion y hermosura; allí pasean los galanes, miéntras por una entrada subterránea penetran aisladas, á miradores con espesas celosías, damas opulentas: allí ven y examinan á los paseantes, haciendo conducir cuando conviene, á la presencia de la hermosa, al objeto de su eleccion.

—Hombre, calle vd., clamé; calle vd., por el amor de Dios: eso, dado caso que fuera cierto, no me lo creerian en mi tierra, aunque me pusiera en cruz.

—Pues ménos habrán de creer lo que se platica, muy en secreto, pero en todas partes, delBlak room.

—¿Qué quiere decir eso?

—Quiere decir el cuarto negro.

—¿Y qué?

—Es una asociacion de mujeres caprichosas. Se invita alcaballero para una visita, absolutamente á oscuras. Se penetra en las tinieblas, se introduce al galan á una espantosa caverna, y no sabe jamás quiénes son las personas que le dan hospitalidad.

—Sabe vd. que eso es tremendo. Esa será una asociacion de viejas, ó por lo ménos de lisiadas.

—Yo no sabré decir á vd.; pero la cosa tiene tanto de romancesco y de fantástico, que hay viajeros excéntricos que lo primero porque preguntan es por elBlak room, haciendo grandes desembolsos para encontrar un guía que los lleve al imperio de las tinieblas.

—Vd. lo ve. ¿Cómo habia de poner esas atrocidades en mi viaje?

—Pues ponga vd. siquiera á losJodlums(Judloms), que están á la vista de todo el mundo.

—Instrúyame vd. acerca de esos animalejos.

—LosJodlumsson esos muchachos vagabundos que se pudieran llamaraerolitos, porque parecen llover de lo alto, sin padre ni madre.

Estos chicos nacen ébrios al parecer y con el tabaco en la boca: se ocupan en robos, en seducciones y en cuanto malo puede imaginarse. Los diablos estos, de 18 á 20 años, son los más perniciosos.

Propiamente hablando, el tipo que me propongo describir, es una especie de calavera temeron, novel, un calavera en agraz, más atrevido, más impertinente y más escandaloso que el calavera aguerrido.

Seria el ideal elJodlumsde nuestros advenedizosdesordenadosde la escuela materialista, que ni estudian ni comprenden, derivolvery aventuras soeces: en el periodismotraficantes; en la amistad rastreros y desleales; en el amor abyectos y asquerosos; vagos de profesion, llevando sus mercancías de desvergüenzas y calumnias al primerreceptadorde infamias que aparece como al frente de un gran partido político, como él mismo cacareamodestamente.

ElJodlumsno es así, se fija especialmente en no respetar lo que se respeta en público, más religiosamente en los Estados-Unidos: la mujer.

No solo emprende, para jactarse, criminales seducciones, sino que se congrega en compañías que en el despoblado, en los lotes mal cercados con latas, se embosca y asalta á la mujer honrada y abusa de ella algunas veces, arrancándola de los brazos del marido y del amante.

En el año de 74 hubo un lance en una de las calles más conocidas de estos asaltos: el esposo riñó hasta rendirse; á la esposa la pasaron al interior de la cerca; pero aquella robusta Lucrecia, repelió á los unos, perniquebró á los otros, magulló á todos y dió tales gritos y armó tal escándalo, que la perezosa policía hubo de acudir al fin, y la cuasi víctima, desmelenada, desgarrada, inmirable, pudo exclamar como Francisco I y sus atrasados plagiarios: “Todo se ha perdido, ménos el honor.”

Los calaveras de que me ocupo, suelen organizarse y prestarse admirablemente al incendio, á los asesinatos contra los chinos y á romper vidrios ó carruajes, de acuerdo con hojalateros y carroceros, para proteger la industria del país.

El teatro de las hazañas de estos malvados, son los muelles, y suelen extender sus correrías hasta lo que se llama lacontracosta.

Allí suelen verificarse esos asaltos conchorizos de arena, cuyo golpe certero en el cerebro, no deja rastro del crímen que se perpetra. A veces detienen á un viandante: uno le oprime con los dedos abajo de las orejas, hasta dejarlo sin respiracion; el otro le quita entre tanto cuanto lleva, y tal parece el grupo un corrillo de amigos; pero estas son las hazañas del calavera vulgar.

ElJodlums pur sangpercibe un labriego bonachon, un viajero aturdido; á esto le llama,un green, es decir, un verde, y ó bien le echa los brazos, dizque confundiéndolo con un pariente ó con un bienhechor, ó bien le propone un negocio pingüe, una posada cómoda, etc.

Domesticado elGreen, se le lleva á una posada de mala ley, en que hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera, mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su fortuna, interesar á la inflexible policía.

El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, delazzaronisy gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.

El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el corazon mismo de la sociedad.

ElJodlumssiempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere, se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece trasmigrar á varias personalidades.

El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas, han disminuido la importancia delJodlums; pero cuando se le cree perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso de su existencia turbulenta.

El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.

—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila de esta poblacion afortunada.

—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país de números, de inmensa popularidad.

Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.

—Pues bien, dícteme vd.

—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las calles de Bush y de Sutter.

Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea. Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que ha reunido un inmenso caudal.

De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.

Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años, lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.

La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que adivinase; para esto el doctor suministrabael lápiz ó tenia en el círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.

Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano. Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales.... despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de San Francisco.

Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á conocer como en el uso de los vidrios azules.

Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:

“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él, miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve al ménos para aquietar á las personas aprensivas.

“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender susmedidas, sutierra de Chalmay susaguas milagrosas, hombres, mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro, sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda sabiduría; con esto, y el sello de la oficina depatentes, tienen pasaporte las mayores barbaridades.

“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia deMinistrils, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre deEl Sol, que hacia la oposicion á Grant.

“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra ocurrencia deMinistrils.

“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de sus raptos de entusiasmo,exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”

—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.

—“Washington, Washington, dijo el payaso.

—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....

—“¿Le pondremos Aníbal?

“El empresario hacia que nó con la cabeza.

—“¿Carlo Magno?

—“No.

—“¿Napoleon?

—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.

—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....

“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”


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