XXXII

XXXIIEl 4 de Marzo.—El muelle.—El ferry.—Amigos cariñosos.—Ibarra y Alatorre.—Capitan Hagen.—La estacion.—El tren.AMANECIÓ al fin el 4 de Marzo, reinando aún cruelísimo el invierno.—No obstante los preparativos de viaje y el buen arreglo de los equipajes, expeditados desde la víspera, quedaron como adheridos á nosotros, flotantes y sin colocacion, canastos, abrigos, sombreros, paraguas y todo aquello á que se le ha dado el significativo nombre detriquis, no obstante proclamar todo viajero, que estorba hasta el rosario á los que tienen la costumbre de usarlo.A mí me condujo hasta el muelle el coche de un caballo, mi vehículo constante, el confidente, por decirlo así, de todas mis impresiones de San Francisco.Ya hemos dado idea del muelle de Oakland y ya conocemos esosferrysó vapores de rios, encargados en traginconstante del acarreo de viajeros de uno al otro lado de la bahía.Las aguas estaban un tanto inquietas, pero como encadenadas y obedeciendo al timon y viendo subordinadas las maniobras de los buques.Al entrar en nuestro vapor, á las seis de la mañana, encontramos arropados á varios de nuestros amigos, y á algunas señoritas vestidas elegantemente y desafiando el ventisco helado, que azotaba sus hermosos rostros.Entre los favorecedores que acabo de mencionar, se contaban los Sres. Andrade, Ferrer, Ahumada, Gaxiola, Coroella, y las Sritas. Gutierrez, de lo más inteligente y virtuoso que cuenta la colonia mexicana.Dos ó tres dias ántes de nuestra partida, un amigo veracruzano, á quien soy deudor de mil finezas, me invitó á una visita por una de las calles más accidentadas y embrionarias, por decirlo así, de San Francisco: la calle de Green.No hacia mucho, en una de mis descarriladas por falta de direccion, me encontré en el término de los ferrocarriles urbanos del N. E. de la ciudad: apéeme resuelto para seguir á pié; interceptó mi vista un barranco profundo; descendí casi rodando; á poco me salió al paso una montaña y la escalé decidido: entónces me quisieron envolver marañas de casas, escaleras escurriéndose y asaltando las rocas, ventanillas como los ojos de un buho en las eminencias, tendederos de ropa, juegos de coche botados en el suelo, vacas pastando tranquilas en la llanura tendida entre dos casas, hondonadas con sus árboles, sus jardines floridos y sus graciosas fuentes, todo á los lados de una cuesta; yo descendia entretenido, cuando ví en un farol escrito el nombre deGreen. Estaba en la calle de Green, indicando la resurreccion de la ciudad.LIT. H. IRIARTE.Calle de Montgomery.A la calle de Green fuí conducido por mi amigo el veracruzano, una noche oscurísima. Llegamos á un punto en que estaba obstruido el paso; era una casa en obra: atravesamos por entre escombros y como en un subterráneo; yo llamaba á mi guía á cada momento, porque perdia el piso: me dijo “suba vd.” y comencé mi ascension por una escalerita de palo que casi flotaba como una cinta con nudos, que no tendrá una vara de ancho; dí vuelta, y entónces me embarraba á la pared por una verdadera cornisa con su barandal, todo trémulo y amenazante. Saliónos al paso una puertecita pequeña. Estábamos á grande altura, causaba pavor la consideracion de los muchos escalones que habiamos subido.Abrióse la puertecita y nos hallamos en el sacramental pasadizo americano, con susguarda-sombreros, como es de rigor.Podria caber la casita en la palma de la mano; pero qué limpieza! qué elegancia! qué exquisitos adornos! siendo para mí el de más precio las banderas nacionales y los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo.Esa es la casita de las Sritas. Gutierrez, entre quienes se mantiene dudoso el sólido mérito, sin decidirse por la hermosura, por las gracias ó las virtudes.Saben encargarse de nuestra felicidad miéntras estamos bajo su techo, olvidamos nuestras penas y va nuestra admiracion de sorpresa en sorpresa, enorgulleciéndonos de lo que vale la mujer mexicana.Una de las señoritas me enseñó sus versos, llena de timidez y de bondad.Lindísimos versos, alma pura de mujer, cantos de ave melodiosa que enajenan por su elevacion y su pureza cristalina.Estas Sritas. Gutierrez estaban tambien formando grupo cerca de nuestro noble marino el capitan Hagen y de Schleidem, ambos sombríos, y el primero con brusco aspecto y brillantes los ojos de llanto reprimido.Nuestros amigos Ibarra y Alatorre, que quedaban en San Francisco, se disponian á acompañarnos con M. Hagen hasta la primera estacion del tren.La conversacion fué animada, casi alegre, durante los primeros momentos; entónces, en tiras de papel, escribí algunos versos; en cuanto partió el vapor, se hizo entrecortada y difícil la palabra; al tocar el muelle de Oakland, unos amigos se arrojaron en nuestros brazos, los otros se alejaron, llevándose sus pañuelos á los ojos.La estacion ó punto de partida del ferrocarril, con la grandiosidad del edificio, los rieles y ruedas en los suelos, las máquinas, los talleres y el inmenso agolpamiento de gente, presentaba aspecto singularísimo.Los grupos de viajeros se ordenan como por sí mismos: el viajero aguerrido se relaciona con el conductor, recorre los asientos para apoderarse del mejor, y cuando suena la campana, está instalado.Hablemos de los trenes.Los diversos trenes corren por sus cuerdas separadas, aunque dependan de una misma empresa.Así es que hay trenes de efectos, de semillas, de ganados, y de pasajeros con sus equipajes.Los carros de semillas son verdaderas trojes rodantes detablas, con sus grandes puertas en el medio ó en los extremos.Los carros de ganado son como grandes jaulas exteriormente, y en la parte interior como corrales y caballerizas; hay carros descubiertos totalmente, en que se conduce carbon, y otros, como tanques ó grandes cajones para el petróleo.El tren de pasajeros tiene dos grandes divisiones: una de carros que pertenecen á la Compañía empresaria, y otra de carros accesorios y especiales (los de Pullman), que pagan á la Compañía un tanto por recorrer el trayecto.Entre los carros de la empresa, los hay de primera y segunda clase, division que marca más bien el precio para hacer más escogida la concurrencia.Los carros de primera clase tienen sus asientos traveseros de dos en dos, con sus cojines, su alfombra y sus departamentos cuidados y limpios.Los de segunda, están llenos de sofacitos de bejuco; en uno de los extremos de ese carro se ve la estufa y el depósito de la leña que la alimenta.Al extremo opuesto hay oficinas de desahogo y de aseo, y un aparato que contiene agua con hielo para la provision comun.La gente que se aloja en las secciones más baratas, es pobrísima y de maneras las más bruscas; patanes, con pisones tremendos llenos de clavos, por piés; racimos de plátanos, por manos; sobrecargados de trapos y de chirlos, y con unos sombreros obtusos, inverosímiles, escurridizos y sin figura determinada, como al derretirse, como al pasar á líquidos. En esos carros se fuma con libertad, y eso quiere decirel imperio de la pipa, esa hornilla adherida á un tubo y dependiente de unos labios como claraboyas, y de unos pulmones como fuelles, que soplan torbellinos de humo pestilente....Y ese incidente es el menor; los que mascan tabaco, en los muladares, en las zahurdas, en las cloacas, en donde la asafétida seria perfume y la putrefaccion campea, pueden llevar el estandarte de la suciedad repugnante.El tabaco de mascar es un panecillo negro y meloso, compacto como una tabla: las astillas de ese tabaco, que son las que se mascan, producen raudales de saliva negra, que todo lo inunda, dejando por donde quiera rastros asquerosos.En esos carros, en que el que puede duerme sentado, se ostenta el tipo del yankee ordinario, en toda su desnudez. El yankee en quietud, se echa, se rueda, se empina, se para de cabeza; pero pocas ó ningunas veces atina á sentarse como la gente, y el pandemonium aquel del carro, es una de cuadriles, de codos, de patazas enarboladas, de gañanes patiabiertos, que es una delicia.El yankee es invasor por excelencia, y declara respaldo, cojin, ó colchon, ó silla, al primero que se le presenta; cuando uno vuelve la cara, ya un rinoceronte de esos se le reclinó en el pecho, como si le hubiesen visto á uno cara de sofá: cuando ménos siente, puja oprimido por una torre que se le vino encima; y cuando está más descuidado, un brazo pesado y velludo le está enlazando el cuello como una serpiente, si no es que se ha instalado con el mayor desplante en las rodillas de cualquiera.Por su parte, la mamá de baja estofa, protege con todas sus fuerzas la independencia del nene, y el nene, en mangasde camisa, salta sobre las gentes, invade tambien, y es un encanto pasar unas horas con los renuevos de los titanes de la América.En cuanto alPullman car, hay elcarro-salon,el carro-comedor, con cocina, y elcarro de pasajeros, secciones que constituyen el departamento de un palacio andante, con cuanto el esplendor, el lujo, la grandeza y la comodidad pueden inventar.Me ceñiré por ahora á la descripcion del carro de dormir ó de pasajeros, porque los otros se habian suprimido en el ferrocarril central del Pacífico en que yo hice el viaje.El carro todo es de madera exquisita, y en su interior, de chapeados y embutidos de madera de rosa, con adornos y molduras riquísimas de plata alemana.Al entrar al carro, perfectamente alfombrado de alfombras, imitacion de las turcas, se pasa por un callejon con sus ventanas de cristales cincelados, que da al gabinete de aseo de las señoras.Ese gabinete es un precioso camarin, con su tocador, con su mesa de mármol, agua corriente, jabones, pomadas, cepillos, toallas y cuanto puede desearse para el aseo.Contiguo al tocador, y dando uno de sus costados al tránsito que ya describimos, existe un cuarto pequeño para familias que desean estar aisladas, y el que se incomunica del resto del carro, quedando con su luz y todas sus comodidades.Al extremo opuesto hay tres departamentos para los hombres, uno de aseo, elWater Closset, y el cuarto de fumar, porque en el interior de estos carros no se fuma.La seccion de aseo la compone un gran mostrador, contres ó cuatro lavamanos bajo sus llaves, de metal blanco, que arrojan agua en abundancia, requeridos por sus respectivas bombas; junto á cada lavamanos, hay en sus trastos grandes trozos de jabon, una que otra vez con esponjas; no se conoce elzacate, y á los extremos, toallas que podrian llamarse fajas que giran contínuas en un perchero, y donde litografía su rostro y se limpia todo bicho viviente.El yankee zabulle su cabeza, escupe, hace diabluras, y deja las más veces su agua inmunda como herencia al sucesor. En una especie de nicho embutido en la pared, está un vaso y hay agua con hielo.Por supuesto, las escenas de ese departamento son en paños menores, y nada hay más repugnante que el estado en que dejan jabones y toalla giratoria, los hijos de Guillermo Pen.ElWater Clossety elSmoking car(carro de fumar), son cuartos adaptados á su objeto. Este último da á la plataforma, con completa separacion del carro interior.Veamos ahora lo que constituye elSleepen car(carro de dormir), que se elogia como una invencion de las más felices.Figuremos un salon, poco más ó ménos de doce varas de largo, lleno de pequeños sofacitos de dos asientos, unos frente á los otros, pero con goznes en el respaldo, de modo que se presten á la trasformacion en lecho cuando conviene.Los viajeros quedan durante el dia en secciones de cuatro en cuatro con dos ventanillas disponibles. En el intermedio de las ventanas hay un hueco donde se coloca una pequeña lámpara en las noches, y de dia se afianza una mesitamuy cómoda para escribir ó para comer los que llevan provisiones y no quieren salir del carro.En la parte superior del carro se abulta un adorno ó cómoda corrida que lo corona lateralmente, y siguiendo una especie de órden gótico, toca el cielo, de donde penden de trecho en trecho grandes lámparas dentro de globos de cristal apagado, en sus sustentáculos elegantes de plata alemana.Al frente del adorno que describimos, corre una gruesa varilla de metal blanco y reluciente.Los pequeños sofaes ó asientos están forrados en terciopelo carmesí. Los cristales de las ventanas son hermosísimos.La concurrencia es selecta, generalmente se aisla, jamás importunan á una señora, prodigan á los niños cariñosos cuidados, y unyankeebien educado, es de lo mejor y más caballeroso.Fino sin afectacion, consecuente y franco sin llaneza.Ríe conbonhomiey estrepitosamente, manifiesta ingénua admiracion por lo que cree bueno y no comprende, y se apasiona de las gracias y de la dulzura de nuestras damas.Sobre todo, el respeto á las señoras es de todos ellos, y eso explica esa intimidad y esas grandes travesías sin accidentes, que no, no pasarian con gente de nuestros hábitos; se puede jurar esto que digo, no hay que acusarme de parcialidad.En las noches, los asientos de los sofacitos se corren y extienden: el adorno cae como una tapa, sirviéndoles de techo, de esa tapa se hace otra alcoba y se convierte aquella seccion en dos camas: dentro de la caja superior está la ropade las dos camas, que quedan con sus colchones, sus cobertores, sus respaldos, su lámpara y cuanto puede apetecerse, ménos cierto adminículo que en esos casos quisiera uno llevar colgado como un arete.Dispuestas así las cosas, se corre una cortina por las varillas superiores, se afianza de trecho en trecho de grandes clavos de metal, y quedan formadas alcobas perfectamente iguales, donde se pasa la noche muy cómodamente, cuando todo marcha en regla.El exterior de las alcobas queda como un callejon angosto entre dos altas paredes de lienzo grueso.El servicio está sobrevigilado por caballerosos y atentos inspectores, á quienes se recomiendan las mejores maneras, y los que son despedidos á cualquiera falta.Se ocupan del aseo y sirven á los viajeros, negros muy elegantes y bien vestidos de azul, con sus cachuchas en que está escrito el oficio á que se les destina. Estos negros asean, preparan el agua, cepillan la ropa, limpian las botas, y en la carga y descarga de los trenes se encargan de los equipajes, haciendo mandados en las estaciones y siendo en general útiles y honrados.En el interior de los carros, y á los piés de los asientos, corren tubos caloríferos que los mantienen á la temperatura que se quiere, de suerte que está azotando la nieve los cristales, á la vez que corren los niños en el saloncito con sus vestidos de lienzo, y las damas ostentan sus trages de primavera.Por los tránsitos interiores de todo el tren pasa, con más frecuencia que lo que se quisiera, álguien que ofrece en venta á los viajeros libros y folletos á propósito para los ferrocarriles,guías de viaje, vistas, itinerarios y cuadernos con novelas maravillosas y patibularias.Acaba su primera excursion el vendedor y á poco vuelve á pasar con su canasto de naranjas, peras, dulces y juguetes; en otro paseo ofrece las curiosidades de la localidad que se recorre.Los libros y cuadernos los deja en los asientos.... despues recoge los que no se han vendido, y cobra.Pero tanto éstos como los servidores, si bien no hablan sino pocas palabras, dan en cambio sendos puertazos, que aturden cuando se cierran y abren varias puertas á la vez.Por la parte exterior de todos los carros, y saliente sobre las ruedas, hay una andadera ó pasadizo por donde transita la servidumbre, con tal desembarazo y rapidez, como si fueran en un corredor.Corren, suben, bajan, se escurren, se acurrucan, se encaraman y se estacionan como unos zopilotes horas enteras, asidos á la rueda de que pende el garrote, en lo más alto de los trenes, con sus blusas cortas y sus cachuchas, cuyas viseras se ven á lo léjos como anchos picos de grandes pájaros.El conjunto de la concurrencia que partió con nosotros era hermoso é iba alegre como á un paseo, en el carro de dormir que ocupaba la primera clase.En lo alto del interior del carro veíanse, bien colocados, sombreros, neceseres, paraguas y bastones, y bajo los asientos, petaquillas manuables, sacos de noche, licoreros, botiquines, porta-ropas, neceseres de viaje y esos mil utilísimos adminículos del viajero, que están al alcance de todo el mundo en los Estados-Unidos, y donde se confeccionan con increible baratura.Hay baúles desde veinte reales hasta cuarenta y cincuenta pesos, con cuanto se puede desear para un viajero, y lo mismo puede decirse de los artículos manuables.El interior del carro, lleno de luz, presentaba un bello conjunto.Ladiescon sus sombrerillos con flores y plumas, sus grandes sobretodos de nutria ó de paño, caballeros con paletós riquísimos de las mismas materias y sus cubiertas de dril para conservar siempre el aseo, y niños angelicales con increible gorrillos, encajes, sedas y pieles.Como deciamos, nos acompañaban nuestros amigos Ibarra, Alatorre y Hagen.Nada puede compararse en fertilidad y animacion á los campos que recorriamos. En los caminos se encontraban ómnibus y carruajes, y carretas que chirriaban conduciendo mieses y granos; en el suelo formaban alfombra las sementeras; bajo grupos de árboles gigantes tendia la viña sus toldos caprichosos; sobresalian entre los sembrados los discos de los molinos de viento, las chimeneas de las fábricas y las puntiagudas torres de los templos; y á lo léjos, al pié de las montañas, veíanse pastando los ganados ó corriendo en hileras al lago en que reverberaba, tiñéndolo de azul y grana, la risueña luz matutina.En la estacion deLanthroop, ántes de Sacramento, recibimos los adioses de nuestros amigos.............................De aquella estacion parten varios caminos; pero dos me atraian por su fama: el de los Angeles y el del Valle deYo-semite. El primero conserva mil recuerdos de México: en medio de la corriente de la colonizacion; donde hay una leyenda sentida; donde se balancea una ave canora; dondetiende el amor sus alas de oro, allí se invoca á México, como si el sentimiento concediera nuestra nacionalizacion á todo lo bello y á todo lo poético.En cuanto al Valle deYo-semite, llenos están losAlbumsy las guías de viaje con las relaciones de aquella naturaleza magnífica sobre toda comparacion.Arboles á los que se ha tenido que llamar monstruosos, porque ha parecido vulgar y fria la denominacion de gigantescos, rocas cuyo conjunto ha merecido el dictado de catedrales y de las que una sola fungiria como montaña. Cataratas cayendo como en tropel y precipitándose por gradas de inmensa altura, valles apacibles y sombríos limitados por alturas inconmensurables, y lagos entre follajes y arboledas, que como que se esconden avaros para guardar pedazos de cielo en sus entrañas, y comprender en un sentimiento único de admiracion tierna, las más espléndidas manifestaciones de Dios....Pero no era posible detenerse: elwagontiene algo de fatal en su marcha; sigamos contemplando lo que nos rodea, á vuelo de pájaro.Dejando por uno y otro lado sembradas estancias y chozas, que como que brotaban al borde de las ventanillas del carro, abriendo sus bocas y sus ojos para vernos pasar y desaparecer veloces, los conocedores nos hacian notar la proximidad de una grande estacion.... leña apilada por dos y tres millas.... ruedas y rieles aquí y acullá.... grandes pipas con agua.... carbon amontonado en colinas.... despues cruceros de rieles en todas direcciones.... luego como una ciudad desbaratándose y andando sus aceras cada una con su locomotora.La estacion, cuando es de alguna importancia, está bajo grandes jacalones que cubren el despacho, el telégrafo, los depósitos para la carga, caminos para coches y carros, fondas y cantinas, depósitos de ropa hecha, sombreros, zapatos, baúles y todo género de útiles de viaje.Antes de llegar el tren á la estacion, repica á vuelo su sonora campana; el mugir de la locomotora se hace vibrante y agudísimo, jadea la máquina, el sonar de las ruedas parece remedar la carrera contenida del monstruo.A ese espectáculo corren en bandadas los vendedores y asaltan el tren con periódicos, tarjetas y vendimias á millares; suena á la vez elgongoó la campana delrestaurant; la voz del conductor anuncia que hay diez ó veinte minutos de descanso: entónces, como una catarata, descienden los pasajeros y corren á las mesas delrestaurant, esto es, los pasajeros acomodados: los de escasa fortuna, vuelan á la cantina órestaurantde puro mostrador.Luego que han entrado los viajeros alrestaurantdecente, se cierran las puertas, quedando una salida única, donde se paga cuota fija, cómase lo que se comiere, ó no se coma nada.El arrastrar de sillas, el sonar de platos y cubiertos, los gritos y el afan de engullir lo mejor y más pronto, preocupa la voracidad de esta raza humana, que en ciertos momentos se las puede disputar á los buitres y á los lobos.En cuanto á las comidas,planamericano neto: maíces, papas, huevos, trozos de carne como para jaula de fieras, melaza,cakes, jamon, polvos y salsa de lumbre y aguarrás.Aunque á veces el tiempo concedido de diez á veinte minutos sea el necesario para sorber unos tragos de café y devorarun trozo de carne, la preocupacion de la marcha es tal, que las mismas horas parecerian instantes.Se come ladeado, con la vista fija en la puerta, con el oido atento al más leve ruido.Hay quien diga que esa situacion la explotan maravillosamente los dueños de las fondas: de uno se contaba que hacia servir la sopa de tal manera caliente, que entre un sorbo y un soplido y cien maldiciones, por la tostada del esófago, se iba el tiempo sin que casi probaran bocado los transeuntes: hacia así su negocio, porque el resto de la comida quedaba intacto; pero despues notó que en las bolsas se sacaban muchos la carne y las papas, etc., que el café y el caldo lo enfriaban con trozos de hielo, y celebró una especie de transaccion.Como tengo dicho, desde el anuncio del tren se agolpa la gente á la estacion: nosotros estábamos enLanhtroop. El ferrocarril tiene allí ramales paraYo-semite, por Visalia y San Joaquin.Partió por fin el tren por entre campos cultivados y caminos que parecian escaparse de debajo de nuestros wagones, llenos de movimiento.La personalidad se concentraba: cada uno queria acomodar lo mejor posible sus cachivaches; cada cual buscaba medio de hacerse agradable á los sirvientes.El viajero aguerrido cuidaba su canasto con comestibles, sus neceseres y sus babuchas.El tétrico sacaba su libro, incomunicándose con todo el mundo.Las simpatías y antipatías se manifestaban como por explosion, formando grupos, aunque saludándose apénas.Entre los viajeros, habia dos que desde luego me impresionaron.Era el uno pelon, barbilampiño, rubio, de azules ojos, y de desembarazados movimientos.En todas partes habia estado y todo lo sabia, posee cuatro ó cinco idiomas, es capaz de hacer una tortilla de huevos en la uña del dedo meñique, lleva botiquin, hace prodigios con su navaja, lo mismo engulle dulces que sorbewiskey, parece diestro en las armas, habla de música como un filarmónico consumado, tiene retratos de todos los artistas célebres, que son sus amigos, y no hay suceso notable que no haya presenciado y cuyos resortes íntimos no conozca del pé al pá.Y no obstante esa pluralidad de aptitudes, á nadie molesta, sirve á todo el mundo y de todo el mundo se hace querer: llámase Mr. Gland, é iba para Missouri.El otro era un viajero realmente de leyenda.Encapotado, taciturno, á quien mejor deberia llamarse bulto que persona.Le cubria hasta los ojos, escurriéndose como un lienzo, un sombrero negro, de anchas alas, bajo de las cuales relumbraban los vidrios de sus anteojos verdes, ocultaba su barba y su boca toscocachenézde lana, mal embutido en la solapa de su paletó, que caia sobre gruesas botas de enormes suelas.Unos guantes grises de lana forraban sus manos, haciéndolas de tamaño desproporcionado con su cuerpo.Pero el cabello que ocultaba el disparatado sombrero y se escapaba en sutiles hebras sobre sus hombros, era de rayos de sol, y el cútis, que solia verse por entre el gollete de groserostrapos en que se embutia su cuello, tenia la tersura y la delicadeza de un cáliz de azucena.Era evidente: tratábase de un jóven de alta distincion, que viajaba de incógnito; no se oyó su voz una sola vez; de dia estaba como clavado en su asiento, con su libro al frente, del que no despegaba los ojos. En la noche solia descender en alguna estacion; pero salia ántes que todos y volvia á su puesto primero que nadie.En la noche, cuando todo el mundo se habia recogido, pasaba solitario horas enteras en el cuarto de fumar.Yo, que estaba como Hércules III, deseosísimo que algo me sucediera para tener qué contar, me forjé una novela con aquel personaje desconocido: pero por más intruso que me mostré, no conseguí saber nada absolutamente.A un amigo que nos acompañaba, y que por su desgracia sabia inglés perfectamente, le iba agobiando á preguntas sobre los sitios que recorriamos.—Esta poblacion se llama Stockton, en memoria del célebre comodoro de ese nombre, uno de los conquistadores de California.—Qué alegre es! y parece de importancia por sus muchos edificios, sus torres, sus plazas y el tragin que se nota.—Este pueblo es la cabecera de San Joaquin.... vea vd. los ligeros vaporcitos de su rio.... al principio, el único comercio eran las minas; ahora, los granos hacen competencia á aquel comercio. Hace diez años, continuó Lorenzo, que este es el nombre del amigo, esto era casi desierto; ahora tiene trece iglesias de todos los cultos, catorce escuelas públicas y particulares, está alumbrado con gas y tieneun pozo artesiano de mil dos piés de profundidad, que produce 360,000 galones de agua.Vea vd. esos grandes edificios: aquel que ve vd. al frente esYo-semite; más adelante tiene vd. á Lafayette, por entre aquellos pinos, adelante de esos jardines.Se publican varios periódicos: aquí han traido los tres principales, que son:El Independiente,La Gaceta,El Observador........Relinchó el vapor, sonó la campana.... trac, trac...... adelante.El propio esmerado cultivo, las mismas sementeras; tras de las yuntas, en apariencia señores decentes, con sus gruesos levitones de paño, sus botas hasta la rodilla, alguno su sorbete muy catrin.... ¡diantre de cosa! decia yo.... aquí no hay peones como en México.—Sí, hombre; pero los peones de aquí son ciudadanos como los demás, todos esos comen con tenedor y cuchillo, y leen su periódico, y tienen su mujercita de gorro y de guantes cuando va á la ciudad.—Hombre, ni me lo diga vd.; esas parejuras, por fuerza los han de molestar.Casi todos los campos que cruzábamos estaban cercados y atravesados por pequeños caminos y multitud de carros de todos tamaños y hechuras: un hombre con una carga á cuestas, ni para un remedio; mulas de carga, ni por un ojo de la cara.... ¿y los burros?.... ¿los burros?....—Pero venga vd. acá. ¿Vd. se puede imaginar siquiera á un yankee arreando un burro? La gradacion tiene de ser forzosa: en una invasion americana, los que no combatieran, que por fortuna serian los ménos, bajarian al rangode indios, los indios al de burros y los burros desaparecerian....—Pues oiga vd., á palos muera el pronóstico, y no me ande con esas bromas, si quiere que las amistades se conserven.—Quieto,Fidel, que hemos llegado á Sacramento.Desde luego conocimos que estábamos en una poblacion de alta importancia: la capital nada ménos del poderoso Estado de California.El gentío agolpado en la estacion era inmenso y de personas distinguidas; negreaba de sombreros, casacas y sobretodos aquel espacio; los mil vendedores de toda clase de efectos, circundaron el carruaje, los muchachos repartidores de periódicos invadieron el interior de los wagones, proclamando desaforados sus diarios.El Sr. Iglesias recibió en el wagon la visita de las autoridades y personas notables del Estado, quienes se particularizaron en finura y atenciones.Miéntras se verificaban esas presentaciones, Lorenzo me sacó á la plataforma, dando espalda al bullicio, y me dijo:—Aunque sea á tiro de fusil, vea vd. el Sacramento. Este era el término del ferrocarril en 1870: desde San Francisco á Ogden solamente tiene este ferrocarril 882 millas de largo, ó sean 294 leguas, es decir, como desde México hasta cerca de Matamoros.Vea vd. la ciudad como sobre una peana entre bosques de pinos: á esa altura llaman el Banco de Sacramento: fíjese vd. en sus emparrados y jardines; las calles son muy amplias, las plazas hermosísimas.Los hoteles son excelentes: por aquí tiene vd. á Orleans:allí está vd. viendo el Aguila de Oro; en aquel extremo se distingue el Hotel del Capitolio.Y no es el todo la mucha poblacion, sino la poblacion industriosa y moralizada. Sacramento tiene 18,000 habitantes solamente, y hay más energía de vida que en México comparativamente.Serán 18 iglesias de varias religiones, hay dos orfanatorios, gas y agua por todas partes. Se publican aquí cinco periódicos.—Bien; ¿pero á qué se debe la extraordinaria altura á que está colocada la ciudad?—Se debe á la lucha que se tuvo que sostener con las corrientes impetuosas del rio: en 1851 y 52 fueron esas inundaciones espantosas; no dejaban rastros de construccion, pusiéronse murallas y barreras que paliaron el inconveniente: en 1861 y 1862, repitiéronse las inundaciones, hasta ahogar la ciudad: entónces se levantó el piso sobre el mayor nivel que pudieron alcanzar las aguas, se desgarraron las montañas, se levantó un dique poderoso á la corriente, que vino á estrellarse contra este obstáculo invencible.Una parte de la ciudad quedaba descubierta. Alzóse un muro fuertísimo y se coronó con un ferrocarril.Entónces á la ciudad se le dijo: “Florece.” Se tendió el rio á sus piés como un lebrel, y ella, descuidada y tranquila, desplegó todos sus encantos.... toda esa algarabía de alturas que está vd. viendo y parten del centro y circundan la ciudad, son molinos, talleres, fundiciones y fábricas de maquinaria.Ese gran edificio es el hospital, que sostiene la Compañíadel ferrocarril, y en que se atiende á los enfermos como á príncipes. Tuvo de costo el edificio, 60,000 pesos.Nos quedan pocos, minutos, me dijo Lorenzo. Vea vd. la maravilla de Sacramento: su Capitolio.—El edificio, segun he leido en las guías, continuó Lorenzo, ocupa como cuatro de nuestras manzanas regulares.Se ven primero como tres terrados uno sobre otro en gradacion: á cada uno de esos terrados, que son otros tantos deliciosos jardines en ascenso, se sube por escaleras tendidas.... á los lados de las escaleras centrales hay dos grandes alas de edificios suntuosos.Como trepando á lo más alto, se ve como en el aire otra escalera de granito, de 25 piés de alto por 80 de ancho, que conduce al pórtico.Este pórtico tiene diez columnas de frente.... y se entra al salon de la rotonda que tiene 72 piés de altura.En el frente y alas del edificio hay distribuidas cinco colosales estatuas que representan: á California, la Guerra, la Ciencia, la Agricultura y la Minería.Las alas son de 164 piés sobre el cimiento; los lados Norte y Sur contienen las Cámaras de diputados y senadores.A la espalda del edificio central, hay una extensísima proyeccion circular, que contiene la librería.La cúpula es, como lo está vd. viendo, grandiosísima.Sobre ese pedestal circular que parece descansar en la parte alta del edificio, se eleva esa gigantesca tribuna formada en círculo de 24 columnas histriadas: sobre ellas, como engastado más reducido círculo, se alzan otros 24 pilares circuidos en su base de una balconería corrida: allíse redondea la gran cúpula metálica y cierran su amplia bóveda, 12 columnas corintias que sustentan la coronilla sobre que se levanta la estatua olímpica de California.—Ya se deja entender, dije aturdido, la profusion de cristales, marcos, cuadros y todo lo consiguiente á eseembutimientode palacios, á esa hipérbole de fierros, cristales, ladrillos, para cubrir esa superficie de 60,000 piés que reza la guía......—Juuú!!.... Ju-ú!.... hizo la locomotora; y adelante....El sueño, que escolta á la gula satisfecha, puso en silencio el carro, silencio que dejaba escuchar el compasado galopar del tren y los puertazos con que anunciaba su presencia la servidumbre de los wagones.Sentado, solitario en el cuarto destinado para fumar, saqué mi carterita, y consagrando mis primeras apuntaciones á la locomotora, escribí lo siguiente:EL TREN DE VAPOR.Va cruzando en las llanuras,Va corriendo en las montañas,Con sus músculos de fierro,Con su penacho de llamas,Con su estridor que remedaEl retumbar de las aguas,El intrépido giganteQue devora las distancias;Parece que en su carreraMuros rompe y velos rasga,Que extiende verdes campiñas,Que engendra las sierras altas,Y va soltando los riosQue cantan en las cañadas:Las alegres sementerasLe saludan cuando pasa,Y repite sus acentosPavorosa la barranca.Parece que lleva un vítorCuando corre entre las casas,Y que al contento congregaEn el campo á las cabañas,Que alzan sus plumeros de humoSobre sus techos de tablas.A su paso se detienenLos caballos y las vacas,Y curiosas al principioA su encuentro se adelantan,Y cuando le miran cercaRetroceden y se escapan.Va despertando la nocheEl rumor de sus pisadas,Y á modo de sol viajeroSu ojo fijo lanza llamas.Ruge y vibran los espaciosComo si en lo alto á las almasDijera: “haced los honoresA la humanidad que pasa.”Y así corrientes de pueblosSe conocen y se enlazan,Y en el seno del ProgresoCon santa efusion se abrazan,Los que entre los hielos nacenY los que hacen en Africa.Tú, imperando, vendrá un diaQue el hombre en comunion santaA tus clamores de bronceResponda con mil hosannas....Siendo los pueblos familias....Y el mundo, la comun patria.Fidel.Marzo 5 de 1877.Las casuquitas que ya de trecho en trecho, ya dispersas, ya agrupándose, veiamos, todas como que se dirigian á nuestro encuentro, como que venian á buscar los rieles, como se dirigen los ganados á la corriente.Detrás de esas casitas aparecian los sembrados, despues los árboles, que en hileras como soldados ó como frailes, parecian andar descaminados ascendiendo á la montaña, donde en filas ó en grupos les esperaban sus compañeros.... alguna vez se tendia la llanura amarillenta y salpicada de nieve, ascendia revistiendo la loma, formaba muro la Sierra, coronada de sus picos desiguales, los brazos abiertos de los pinos y sus figuras fantásticas, y tras este muro se aislaba grandiosa y solitaria, una montaña de cristales, que tal parecia, revestida por el hielo, trasparentando las hondas grietas, los espantosos derrumbes, las rocas gigantescas.Esto, visto entre esos calados de las ramas, entre esos pabellones de las copas sin hojas, es el paisaje que presenta el monte Shasta de California, donde parece decir en la Sierra Nevada, sus últimos adioses la vegetacion.El camino sigue ascendiendo: la serranía forma muros y se abre, se apiña, se aglomera y trepa tumultuosa; á su pié negrea, culebreando, el hondo abismo; el tren va como equilibrándose en la cresta que se forma en el borde de la hondonada....del lado opuesto; no se percibe un árbol, ni una choza; el horizonte como que se abate doliente sobre la nieve.Las sombras bajaban lentas de lo alto de los montes, y como que se apiñaban el el fondo de los valles.... en el vacío.... como que se iniciaba la nada .... ¡qué triste es el alma de la noche cuando pasea por esos desiertos!!Los conocedores del terreno nos anunciaban que pasábamos por precipicios horrorosos, cortábamos aquella Sierra que describe con tanta valentía Bulnes, que parece despedazada por los huracanes y las erupciones volcánicas, y es por el cataclismo producido por la pólvora y el fierro, dirigidos por el hombre.En medio de las sombras atravesábamos alturas levantadísimas y aisladas rocas, en cuya cima abrió una como ceja el camino sobre una pared lisa, y por aquella ceja, balanceándose; sobre el abismo, pasa la locomotora y el tren poderoso.... las luces de los faroles como que se descuelgan para alumbrar la inmensidad del abismo, muriendo en sus sombras pavorosas....Gemia con prolongados ecos el viento, caia la nieve azotando los vidrios delwagon, los pasajeros guardaban profundo silencio.Varios amigos nos refugiamos al cuarto de fumar: la conversacion giró incierta sobre varios asuntos, fijándose al último en la historia del ferrocarril del Pacífico y en los progresos del vapor.—Parece increible, dije yo, que un invento planteado apénas en 1831, haya producido tan estupendos resultados.—Pero los obstáculos que aquí se amontonaron, dijo M.Gland, exceden á toda ponderacion; parece que se trataba de un duelo á muerte entre la audacia del yankee y las dificultades de la naturaleza.—Si hubiéramos podido disponer en Sacramento, me dijo Lorenzo, de media hora siquiera, ya habria llevado á vd. y le habria colocado en frente de la casa núm. 54.Veria vd. una tienda de aspecto sencillo con un rótulo maltratado por el tiempo; que dice simplemente: “Hunkington y Hop-Kins.” El establecimiento es una ferreterría y sus propietarios lograron, á fuerza de actividad y de honradez, acumular una fortuna regular. En esa casa se proyectó el ferrocarril del Pacífico.Aunque simples comerciantes aquellos propietarios, se ocupaban de la política: fueron primeroFree soilersy despues republicanos: la casa era punto de reunion de sus correligionarios; con ese motivo asistian frecuentementeStanford, despues popular gobernador de California, y los dos Crokers, uno de ellos juez y ambos hombres inteligentes y de empresa.Vaso de cerveza en mano, y al amor de la chimenea, se discutia sobre política, recayendo siempre la conversacion sobre las ventajas inmensas de un ferrocarril que atravesase aquellos desiertos, comunicando el Atlántico con el Pacífico.—Ya vd. sabe, interrumpió uno de los circunstantes, cómo comienzan aquí estos negocios: dos ó tres arbitristas, con un nombre que dé algun viso á su frente, logran una concesion, forman su fondo (stock), cierto ó imaginario, y quiebran.Los capitalistas machuchos, que conocen este juego, acechan y esperan, se muestran los trazos del camino, se havulgarizado el negocio. Los capitalistas hacen propuestas desastradas, que al fin se aceptan, gritando entusiasmados: “Al vencedor pertenecen los despojos.”Este juego se ha hecho ó intentado en México; pero lainocenciade nuestros gobiernos ha hecho de modo que todas las pérdidas hayan sido para la nacion, siendo los arbitristas dueños y señores del campo.... todavía hoy....—No fué así el ferrocarril del Pacífico: los cinco comerciantes que hemos mencionado, apechugaron el negocio y no lo soltaron de la mano, á pesar de la conjuracion de los hombres y de los elementos.Es de advertir que los cinco comerciantes de que hablamos eran hombres desconocidos en todos los mercados monetarios; que el proyecto se calificó de imposible por ingenieros de renombre; que se apoderó de él la caricatura y el ridículo sangriento: zaherido por los políticos, dice la historia; combatido por la prensa; despreciado por los capitalistas, y por mucho tiempo tan desprestigiado, que un banquero se desacreditaba por el solo hecho de suscribirse alstok.Ya tenemos presente que se trataba de un camino de cerca de ochocientas leguas, con trechos ardientes como el Africa, ó helados como la Siberia, y con desiertos más inclementes que los de Arabia, y por todas partes salvajes contra quienes se tenian que sostener luchas encarnizadas y sangrientas.No solo habia que crear crédito para la empresa contra todas estas dificultades, sino que cuando se tuvo dinero, el material para el camino, el fierro, las espigas ó clavos, las herramientas, la pólvora, las locomotoras, los carros, tenianque embarcarse en New-York y rodear el Cabo de Hornos en viajes de ocho meses para llevarse á San Francisco, desde donde atravesando 120 millas llegaba á Sacramento. Ni un pié de fierro fué puesto en el camino en las 300 millas que hay á Ogden, ni una espiga clavada que no hubiese atravesado el Cabo de Hornos.Los operarios tuvieron que hacerse venir á largas distancias con el material.Escasamente poblada California en aquel tiempo, los jornales eran muy subidos.Vinieron operarios de New-York, y por último, diez mil chinos fueron trasportados al través del Océano Pacífico, y su trabajo completó la obra.Cuando un tal Judah, ingeniero, comenzó por construir el primer tramo de ferrocarril del Valle de Sacramento, las gentes dijeron que se habia vuelto loco.Este individuo consiguió, no obstante, algun dinero: se internó en la Sierra, y volvió con la noticia de que habia descubierto puntos por donde hacer practicable el camino.Una ley del Estado de California declaró que para que una Compañía tuviera derecho al permiso, debia pagar mil pesos por cada milla que se propusiese construir.Esto desesperó casi á los cinco empresarios; pero léjos de desalentarse, formaron la Compañía en estos términos:Stanford,—Presidente.Hunkington,—Vicepresidente.Mark,—Secretario.Hop-Kins,—Tesorero.Hunkington fué á Washington y logró la concesion, comunicando la fausta noticia á sus compañeros, en estos términos: “Elbillpasó. Nos sacamos el elefante.”Con la concesion se solicitaron nuevos accionistas, y el primer momento de entusiasmo.... produjo.... la suma miserable de 600 pesos.—No, dijo Mr. Gland á Lorenzo; aunque exacta, está vd. haciendo muy á la ligera la historia de este ferrocarril. Oigan vdes. lo que yo sé y recuerdo haber leido en Laboulaye y en Simonin, uno de los viajeros más ilustres de los Estados-Unidos.El decreto de concesion fué de 1.º de Julio de 1862, es decir, en plena guerra de Secesion: á Lincoln cupo la gloria de firmar la union de los Océanos, con la misma pluma tal vez con que abolió la esclavitud.Dividió la concesion en dos secciones; una comprendiendo la Sierra Nevada, y es la Compañía Central Pacifique, y la otra, la de las Montañas Rocallosas, y es Union Pacifique que llega hasta Omaha.... las conquistas de la nieve y del fuego, para ponerlos al servicio de la humanidad.Esta division produjo la competencia consiguiente, y forma dos séries de leyendas interesantes, que tienen por móviles la emulacion y la temeridad.Cada Compañía queria mayores avances y verificaba más milagrosas empresas.La Compañía del Este, tendia sus rieles, disciplinaba á su gente de un modo estricto, improvisaba ciudades, salvaba abismos, abria pozos para procurarse agua.La del Oeste acarreaba gente del Japon, contenia las avalanches de las nieves con palizadas, conSnow-Sheeds(jacalones),ó mejor dicho, grandiosos edificios de madera, sostenidos por robustas vigas, galeras inmensas con sus paredes de tablas puestas en los grandes descensos para impedir la acumulacion de la nieve.En el Este, por los grandes desfiladeros, se lanzaba la locomotora, se ponian los rieles sobre las rocas desiguales, cruzaba el vapor dejando el peligro, y la temeridad el trazo, despues se avanzaba....En el Oeste porfiaba la nieve por obstruir el paso y se amontonaban metros sobre metros. Entónces afrontaba la locomotora la situacion, agregando á su frente despejadores del terreno, como rejas de arado; la nieve resistia como un muro de bronce: entónces se ponian dos locomotoras y tres; crugia el hielo, gemia como herida la locomotora y muros enteros de nieve se derrumbaban, pasando, sobre sus entrañas dispersas, triunfante el vapor.El gobierno, al presenciar la formalidad de las construcciones, acudió al auxilio de las dos Compañías, y les dió en calidad de subvencion, cincuenta millones de pesos.Diré á vd. algo sobre la construccion científica.—No, por el amor de Dios; así como así, ya está vd. viendo las distracciones de su auditorio.—Dicen que el plazo para la construccion de la vía fué el de ocho años.—Sí, señor, me replicó Mr. Gland; pero ántes de siete años, el 10 de Mayo de 1869, estaba concluida.Al principio se marchó con bastante rapidez; pero al fin, una especie de fiebre, de rabia, se habia apoderado de ambas Compañías.En Abril de 1869, una de las Compañías construyó diezmillas en un dia (más de tres leguas). Lo más notable es que solo ocho hombres colocaron y manejaron todos los rieles. Estos ocho gigantes trasportaron cada uno 8,000 arrobas de fierro en el dia!!En la parte de las Montañas Rocallosas, el general Dodge, que dirigia los trabajos como ingeniero en jefe, dió á sus obreros organizacion militar.Salvajes y animales feroces corrian despavoridos á la proximidad de los trabajadores.Los primeros obreros hicieron pié en Julesburgo.Los irlandeses terraplenaban; gritones, batalladores, afectos al trago, vivian en casas rodantes de madera. Cada cual tenia surevolveral cinto para defenderse de los indios y para armar campaña.Entre estos obreros y sus secuaces, habia la gente más perdida del mundo: aventureros de todas las naciones, figuras siniestras, fachas patibularias, arpías desechadas de la cárcel y los hospitales.Lossalones danzanteseran teatro de asaltos cuotidianos y batallas en forma, que apaciguaba el terriblejuez Linch, que solia funcionar activamente. Al general Dodge cupo la honra de domesticar estas fieras.Avanzó el camino áChayene: desaparecieron las fieras de que hemos hablado, y una ciudad floreciente, industriosa y feliz, brotó en el desierto de aquella levadura de veneno, de víboras y de guano de vicios.En el Oeste, los chinos hacian casi todo el trabajo; sóbrios, disciplinados, inteligentes, rompieron esa muralla de granito que se llama la Sierra Nevada, cuya mayor altura es de dos mil metros sobre el nivel del mar.En los descensos se hacia y se hace marchar el tren sin locomotora, por efecto de su propia gravedad, retenido y moderado por los frenos: en las subidas se ponen dos locomotoras, que se oyen como jadear y sofocarse, agotando su titánico impulso.Si hubiera luz, me decia M. Gland, distinguiria vd. desde las alturas que vamos cruzando, allá muy abajo, llanuras cubiertas de nieve, y en el confin del horizonte, como serranías de cristales apagados, formando pliegues sus ondulaciones, alzándose como en olas petrificadas sus colinas superpuestas: es un mar sorprendido y encadenado en medio de su hervor, por las nieves eternas.En algunas eminencias suelen verse en alto los brazos de los árboles, como luchando por salvarse de un estupendo naufragio.... y grupos de pinos, como señores consternados que lamentaran con espanto aquel aniquilamiento silencioso y terrible.Uno de nuestros compañeros sacó el reloj.... eran las once de la noche. A dormir....El interior delSlepen carera un triste dormitorio con sus lámparas de trecho en trecho.Mis compañeros, muy habituados á los viajes, tuvieron pronta colocacion.M. Gland, habia conversado y obsequiado á un sirviente que le tenia preparado su cómodo lecho.Yo quedé solitario, sin colocacion alguna, aunque cierto de que me esperaba allí una cama con los brazos abiertos.El sueño me vencia; pero los departamentos estaban cubiertos totalmente, y son tan iguales, tan difíciles de distinguir,que me temia uno de esos encuentros, que no me fuera en manera alguna agradable.Al fin, logré instalarme; pero tan mal y con tales inconvenientes, que con notoria injusticia, porque en ninguna parte del mundo se camina con mayores comodidades que en los Estados-Unidos, forjé ántes de que alumbrase la luz, el siguiente calumnioso romance:MALA NOCHE.Ven pronto, luz de los cielos,Para mirar por mis ojosQue soy el mismo sugetoCon mi piel y con mi rostro;No me hagan creer mis sentidosQue estoy habitando en otro,Ligero para tortuga,Muy obeso para mono.Y lo digo porque sientoQue me morí como un polloEn las contiendas de anoche,En esteEslipdel demonio:Eslip, sangrienta asechanza,Eslip, sobrenombre irónico,Cual si dormir se pudieseEn medio de un terremoto,O al que se mece colgadoEn las dos astas de un toro;O al que va haciendo columpioEn la barquilla de un globo.Era un carro intercadente;Era el retozar de un cojo;Era un brusco zarandeo,Como de Pane el birlocho;Era un carro como estuche,Do íbamos unos tras otros,Como en cuello de botellaTapones de hinchado corcho.Tan tartamudo de ruedas,Y de unos muelles tan flojos,Como tras elsiadoradoSe queda voluble novio.Era por fuera una artesaCon sus puertas y cerrojos,Y por dentro gallinero,Jaula, cómoda, sarcófago,Todo, ménos una estanciaDe gente de tomo y lomo.Llega la noche, se tornaLa prision en dormitorio,Y es un salonde profundisElPullman Palacelóbrego:(Yo digo en el que me encuentro,Dicen que hay mejores otros).Hambriento porque no quiseDesafiar al fiero notoQue les dió tal safacocaA mis compañeros mozos,Que yacen enteleridosY duermen desde las ocho.Resuelto por fin me empacoAl uso, debajo de otro,Que si no ronca, rechina,Y puede, al descender tosco,Aplastarme las naricesSi salen con bien mis ojos.Me empaco en cinco dobleces,Que aunque tengo el cuello corto,Cuando pienso levantarme,De cada sosquin me doblo:Antes de entregarse al sueñoQuiere mi cuerpo reposo;Mas quietud en este carroEs pedir peras al olmo.Prescindo de sus vaivenesY del tufo del petróleo,Y del viento que se cuelaHasta taladrar los poros,Y del ruido que en cien millasDe correr, me tiene sordo;Pero los rieles son cuerdasY el wagon holgado choclo,Que gobierna el maquinistaCon tan temerario arrojo,Que cada vaiven nos poneEntre este mundo y el otro.En vano viajes emprendoAllende del dormitorio:Al regresar entumidoY dando un diente contra otro,Los nichos de los durmientesPor lo iguales equivoco.Uno me despide airado,El otro me gruñe fosco:Y al cielo rindo mil graciasDe no encontrar un celoso,Que me rompa tres costillasPorque con su esposa topo,Diciéndole: “compañero,¿Tiene usted á mano fósforos?”Así, subiendo y bajando,Sin poder cerrar los ojos,Me halló la luz de la auroraDando vueltas como un loco.Fidel.Marzo 5 de 1877.No obstante la extension de la nieve, el dia amaneció hermoso y el sol apareció espléndido, convirtiendo aquellas atrevidas alturas, aquellos despeñaderos, aquellas ramas de los árboles, en paisajes de cristales, en quiebras de luz, en reverberaciones de íris y en todo lo que puede soñar de más fantástico la imaginacion.Al Sur se extendian las llanuras y se agrupaban las montañas, como de cristal.El carro verificó su trasformacion, y quedó convertido en la sala elegante que ya conocemos.El previsivo M. Gland me invitó alcarro de fumar, á que echásemos un trago por vía de abrigo contra la intemperie.A cada cuarto de hora, á cada media hora, nos sorprendia una casita medio hundida en la nieve, ó grupos de chozas en que parecia imposible la vida, y allá volaba desde la plataforma del tren, una balija con correspondencia, y veiamos descolgarse el alambre telegráfico, vínculo poderoso de los hombres en la sublime comunicacion de sus espíritus.Yo no perdia ocasion de manifestar á M. Gland mi asombro por el ferrocarril del Pacífico.—Oh! me decia M. Gland, le han contado á vd. una puntita solamente: estos indios que vd. vió ayer, mansos, degradados como un toro que monta un muchacho, fueron tremendos enemigos del camino.Ya amontonaban piedras enormes para descarrilar elwagon, precipitándose ellos en la avalanche de peñascos; ya sorprendian á los viajeros y entablaban sangrientas campañas, saltando como furias por esas quiebras; ya un indio en un descenso se abalanzaba al tren, rompia sus frenos y en espantoso remolino, locomotora, tren y pasajeros se hundian en los abismos; ya se proveian mañosos de pólvora, petróleo y brea con que untaban los árboles, y al pasar el tren por un peligroso desfiladero, el relámpago, la explosion, el incendio, detenian al reptil gigante.La vez que sucedió eso se destacaba la locomotora en un mar de llamas, aullando como un monstruo en agonia; vaciló.... pero elgoehedyankee le dió tremendo empuje, voló sobre el abismo de fuego con impetuosidad, los muros de llama se barrieron y cruzó el vapor.... que habia separado con su empuje el peligro y dejaba tras de sí la estupefaccion y el escarmiento.Yo escuchaba todo esto como una leyenda, muy superior á las de las “Mil y una noches.” Me parecia aquel un país encantado, temia que á la hora ménos pensada se abriese la tierra, se desgajaran rocas y montañas, se partiesen los árboles, se hundiesen los muros y corriesen los hielos, dejando al descubierto una ciudad con sus catedrales, sus torres, sus palacios, sus rios, y saliendo de los troncos de los árboles y las abiertas rocas, damas y caballeros vestidos con primor, saludando la locomotora, que ya era un carro de oro cuya chimenea, trasformada en sitial de diamantes, sustentaba como respaldo á una divinidad que derramaba por donde quiera la vida y la felicidad de los mortales.—No crea vd., me decia M. Gland, á quien algo participabade mis sueños, los indios tienen tambien sus leyendas poéticas que vd. no desdeñaria si yo se las pudiese contar.—Haga vd. un esfuerzo.—En las luchas que han sostenido los indios en los fuertes, en las paces ajustadas y destruidas, no faltaron sus entrevistas poéticas.Una jóven, hija de un jefe de tribu, garrida, airosa, soberbia, amazona de los desiertos, en sus encuentros con las caras pálidas, se enamoró de uno de ellos, oficial americano. En uno de los combates murió el oficial y fué sepultado en el lugar destinado á los blancos.Desde entónces, en las noches de luna se veia descender de las montañas, aéreo y flotando las profusas crines, un caballo blanco, montado por una verdadera deidad.El caballo se detenia cerca de las tumbas, y la jóven que lo montaba descendia y entonaba sobre la tumba del oficial muerto, cantos tan doloridos, que parecia que hacian gemir el viento y que se derretian de dolor los hielos.Despues de algun tiempo, conducia casi un esqueleto el caballo de nieve.La jóven, próxima á su muerte, llamó á su padre, le hizo confidente de su amor; pero le dijo que no guerrease con las caras pálidas, que eran las almas de sus antepasados que venian del Oeste; por último, rogó al jefe le diese sepultura en el panteon de los blancos, junto al amado de su corazon.El jefe de la tribu cumplió las disposiciones de su hija, se hicieron solemnes honras á la hermosa india; el comandante de las fuerzas americanas se quitó sus guantes y los puso sobre la niña, para que en su travesia por losdesiertos sintérmino, no la hiriese el frio. Así se selló la paz con la tribu india.—Es sencilla, pero hermosa esa leyenda, Mr. Gland: ¿no sabe vd. otra?—La va vd. á oir, me dijo.Como he dicho á vd., continuó, los indios creen que despues de su muerte sus almas se dirigen al Oeste, sin duda conservando la tradicion de las primeras emigraciones de sus antepasados.Tras esas montañas del Oeste está para ellos el país de la bienaventuranza.Un jóven cazador perdió á su amada, y su casa se destruyó, sus bienes se aniquilaron, y su consuelo único era dirigir sus pasos por el principio de la vía que conduce al otro lado de las montañas, ó sea al país de las almas.Descuidando sus correrías, triste, consumiéndose, decidióse á marchar al lugar donde se encontraba el encanto de su corazon.Absorbido hondamente en esta idea, un dia se sintió como trasportado á un reducido lugar que estaba en la quiebra de la Sierra: allí vió unos picos de rocas que como que se alargaban hasta tomar la figura de cuellos de serpiente, enlazándose para cerrarle el paso. El cazador avanzó resueltamente, y entónces cada serpiente vomitó chorros de agua, que formaba remolinos tremendos, que lo arrebataban, subiéndole al espacio; allí veia como trasparente su vestidura mortal; por su espalda y en sus entrañas se jugaban los rayos del íris como entre cristales.Abrió sus brazos como las alas de un pájaro y se lanzó al espacio; pero cayó blandamente á la orilla de un lago, dondeun anciano pálido de blanca barba, le metió en una barca; la barca avanzaba, y tras ella se evaporaban las aguas, quedando un vacío inmenso: llegaron al pié de una Sierra semejante á la Sierra natal. Abandonaron la barca, y vió que montes, árboles y rocas, flotaban en el espacio, y él atravesaba todos esos objetos como si fueran figuras formadas por las nieblas.De cuando en cuando se oia un eco poderoso, tremendo como el trueno; pero que al repercutirse moria en deliciosas melodías: entónces, al estampido, se desprendian de las ramas de los árboles y de las crestas de las rocas, trozos como de cristal, verdaderos prismas que al cruzar los aires, producian los colores y volaba la verdura á los prados, el íris á las nubes, los celajes imitaban el topacio y se suspendia la púrpura, como un dosel, sobre una encantadora pradera circuida por una faja de estrellas.Allí distinguió á las almas con figuras que él comprendia que palpaba, pero de que no pudo jamás dar cuenta en el lenguaje del mortal.De entre un grupo de esos espíritus, bella sobre toda belleza concebible, y hechizadora del espíritu sobre todo encanto, oyó el mismo requiebro de ternura y la misma voz amada, porque para el hombre ni en el país de las almas hay otra de más dulzura y melodía, esa voz le dijo: “Vuelve á tu país natal, y deja que el dolor y las lágrimas rompan y destrocen tu vestido humano: entónces vendrás á mí y viviremos en la eterna dicha....” La alma del cazador estaba ébria de felicidad.... tendió su mano.... creyó que asia su manto luminoso........ y volvió en sí.... junto á su cabaña medio destruida.... un viejo, con remota semejanza, estaba ásu lado.... “¿Qué es de mí? dijo, ¿qué me queda despues de este desencanto......?”—Alza la frente, dijo el viejo... álzala y bendice á tu Dios....te queda la esperanza....El viejo se desvaneció entre las nubes que arrastraba una ráfaga de viento......Yo quedé sumergido en hondas reflexiones.—Vea vd., me dijo Mr. Gland, hemos pasado lugares muy interesantes sin habernos fijado en ellos. New-Castle, Clips Gaf Mill, Cisco.... posas, paraderos del camino, pueblos en gérmen, con sus historias interesantes.Ciscoestá á 5,939 piés sobre el nivel del mar, tres millas al Oeste de Tamarak: hay aquí como 400 habitantes, en esas colmenas de palo que está vd. viendo.El wagon avanzaba sobre negras masas de roca que sobresalen de las lomas.—¿Ve vd., me dijo mi guía, esas pilas de madera, esas tablazones, esas vigas? Vea vd. esas hileras como de cucuruchos de payaso: son las casas de Truekee. La ciudad está al Norte, tiene como 2,000 habitantes y pertenece al condado de la Nevada: de aquí parten los caminos para el Oregon y Sacramento; hay tres hoteles, tienen un periódico y por todas partes hay escuelas.Rastros de cercas, establos, carruajes.... mucha madera á la orilla del rio.... ese lugar se llama “Boca:” está cinco mil quinientos piés sobre el nivel del mar.Vea vd. ahora correr el tren haciendozig-zagsobre las aguas del rio: le atraviesa, como que lo persigue y sorprende, como el juego de un monstruo marino, de un gigantesco caiman.... todo entre árboles tronchados, entre rocas despedazadas,sobre aguas que caen en cascadas á incorporarse con las aguas del rio.Hemos pasado varios grupos de chocillas. SonBroncoyVerdi.¿Ve vd. esas llanuras como de mármol blanco? ¿Ve vd. esos horizontes tranquilos que redondean el suelo y como que le forman borde en un infinito de claridad magnífica?En este lugar se produce muy frecuentemente el fenómeno llamadomiraje. Es decir, al viajero rendido de fatiga en estas soledades, se le presentan de repente, y á corta distancia, fértiles llanos cruzados por rios cristalinos, arboledas sombrías, edificios, torres y todos los atractivos del descanso.... y aquello es una ilusion.... el viajero corre ansioso y la ilusion se retira y se desvanece como un sueño de felicidad que trae en pos de sí el desengaño y el abatimiento.... Ese es elMirajetan celebrado por los viajeros.Vamos ahora á llegar áWinremuca: véala vd. naciente en el desierto y se fijará en sus hoteles.... nos saldrán á recibir sus periódicos, nos señalarán en la fonda los lugares ántes ocupados por los indios Pinkas.... despues sigue Golconda y lo que llaman Iron Point, que está situado en una cañada profundísima, lo mismo que la Palizada y Cartin, donde se hace el consumo de madera.Todos estos lugares son accidentados al extremo: el tren hace evoluciones que solo viéndose se pueden comprender. A veces como que asciende aéreo y vuela, dejando á sus piés despeñaderos y cascadas: otras como que se sumerge entre las peñas y va soltando á su espalda los rieles, que se tienden sobre crujías de palizadas, tejidos de alambre, ó como que se va asiendo á barretones de fierro.En los desfiladeros se multiplican los galerones, que son inmensos, y sus armazones de bóvedas, y sus vigas, nos hacen creer como que vamos dentro del esqueleto de un gran monstruo al chocar con sus costillares, que hacen barras de luz y sombra al ir corriendo....Desde Cartin cobra el paisaje el aspecto de los desiertos mineros, y así esElko, condado de la Nevada,Peco DisthyToano.Tierra aridísima, montones de los terreros de las minas tristes y verdiosos.Por donde quiera que se vuelven los ojos hay minas de plata y oro, hasta deslumbrar, hasta fatigar la atencion.EnToanose hace el camino más quebrado; pero de entre las hendeduras de las rocas, en las quiebras, en algunas alturas, sonríe la vegetacion, anunciando la Cañada de Keclton, que tiene grandes lagos y pintorescas colinas: en Keclton hay estacion en forma, en contacto con los caminos y líneas de vapor del Oregon.Abundan en este territorio las minas de cuarzo y oro.El país minero es de 150 millas: allí cerca tiene vd. al Condado Hada, con 6,000 habitantes; hay más de 500 casas de ladrillo. Más adelante está la poblacion....Esas grandes rocas como columnas, cuyas cimas apénas alcanza la vista, es elMonument Point, los lagos que están á su pié se llaman Alcalinos, el aire en estos lugares es sofocante y malsano.

XXXIIEl 4 de Marzo.—El muelle.—El ferry.—Amigos cariñosos.—Ibarra y Alatorre.—Capitan Hagen.—La estacion.—El tren.AMANECIÓ al fin el 4 de Marzo, reinando aún cruelísimo el invierno.—No obstante los preparativos de viaje y el buen arreglo de los equipajes, expeditados desde la víspera, quedaron como adheridos á nosotros, flotantes y sin colocacion, canastos, abrigos, sombreros, paraguas y todo aquello á que se le ha dado el significativo nombre detriquis, no obstante proclamar todo viajero, que estorba hasta el rosario á los que tienen la costumbre de usarlo.A mí me condujo hasta el muelle el coche de un caballo, mi vehículo constante, el confidente, por decirlo así, de todas mis impresiones de San Francisco.Ya hemos dado idea del muelle de Oakland y ya conocemos esosferrysó vapores de rios, encargados en traginconstante del acarreo de viajeros de uno al otro lado de la bahía.Las aguas estaban un tanto inquietas, pero como encadenadas y obedeciendo al timon y viendo subordinadas las maniobras de los buques.Al entrar en nuestro vapor, á las seis de la mañana, encontramos arropados á varios de nuestros amigos, y á algunas señoritas vestidas elegantemente y desafiando el ventisco helado, que azotaba sus hermosos rostros.Entre los favorecedores que acabo de mencionar, se contaban los Sres. Andrade, Ferrer, Ahumada, Gaxiola, Coroella, y las Sritas. Gutierrez, de lo más inteligente y virtuoso que cuenta la colonia mexicana.Dos ó tres dias ántes de nuestra partida, un amigo veracruzano, á quien soy deudor de mil finezas, me invitó á una visita por una de las calles más accidentadas y embrionarias, por decirlo así, de San Francisco: la calle de Green.No hacia mucho, en una de mis descarriladas por falta de direccion, me encontré en el término de los ferrocarriles urbanos del N. E. de la ciudad: apéeme resuelto para seguir á pié; interceptó mi vista un barranco profundo; descendí casi rodando; á poco me salió al paso una montaña y la escalé decidido: entónces me quisieron envolver marañas de casas, escaleras escurriéndose y asaltando las rocas, ventanillas como los ojos de un buho en las eminencias, tendederos de ropa, juegos de coche botados en el suelo, vacas pastando tranquilas en la llanura tendida entre dos casas, hondonadas con sus árboles, sus jardines floridos y sus graciosas fuentes, todo á los lados de una cuesta; yo descendia entretenido, cuando ví en un farol escrito el nombre deGreen. Estaba en la calle de Green, indicando la resurreccion de la ciudad.LIT. H. IRIARTE.Calle de Montgomery.A la calle de Green fuí conducido por mi amigo el veracruzano, una noche oscurísima. Llegamos á un punto en que estaba obstruido el paso; era una casa en obra: atravesamos por entre escombros y como en un subterráneo; yo llamaba á mi guía á cada momento, porque perdia el piso: me dijo “suba vd.” y comencé mi ascension por una escalerita de palo que casi flotaba como una cinta con nudos, que no tendrá una vara de ancho; dí vuelta, y entónces me embarraba á la pared por una verdadera cornisa con su barandal, todo trémulo y amenazante. Saliónos al paso una puertecita pequeña. Estábamos á grande altura, causaba pavor la consideracion de los muchos escalones que habiamos subido.Abrióse la puertecita y nos hallamos en el sacramental pasadizo americano, con susguarda-sombreros, como es de rigor.Podria caber la casita en la palma de la mano; pero qué limpieza! qué elegancia! qué exquisitos adornos! siendo para mí el de más precio las banderas nacionales y los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo.Esa es la casita de las Sritas. Gutierrez, entre quienes se mantiene dudoso el sólido mérito, sin decidirse por la hermosura, por las gracias ó las virtudes.Saben encargarse de nuestra felicidad miéntras estamos bajo su techo, olvidamos nuestras penas y va nuestra admiracion de sorpresa en sorpresa, enorgulleciéndonos de lo que vale la mujer mexicana.Una de las señoritas me enseñó sus versos, llena de timidez y de bondad.Lindísimos versos, alma pura de mujer, cantos de ave melodiosa que enajenan por su elevacion y su pureza cristalina.Estas Sritas. Gutierrez estaban tambien formando grupo cerca de nuestro noble marino el capitan Hagen y de Schleidem, ambos sombríos, y el primero con brusco aspecto y brillantes los ojos de llanto reprimido.Nuestros amigos Ibarra y Alatorre, que quedaban en San Francisco, se disponian á acompañarnos con M. Hagen hasta la primera estacion del tren.La conversacion fué animada, casi alegre, durante los primeros momentos; entónces, en tiras de papel, escribí algunos versos; en cuanto partió el vapor, se hizo entrecortada y difícil la palabra; al tocar el muelle de Oakland, unos amigos se arrojaron en nuestros brazos, los otros se alejaron, llevándose sus pañuelos á los ojos.La estacion ó punto de partida del ferrocarril, con la grandiosidad del edificio, los rieles y ruedas en los suelos, las máquinas, los talleres y el inmenso agolpamiento de gente, presentaba aspecto singularísimo.Los grupos de viajeros se ordenan como por sí mismos: el viajero aguerrido se relaciona con el conductor, recorre los asientos para apoderarse del mejor, y cuando suena la campana, está instalado.Hablemos de los trenes.Los diversos trenes corren por sus cuerdas separadas, aunque dependan de una misma empresa.Así es que hay trenes de efectos, de semillas, de ganados, y de pasajeros con sus equipajes.Los carros de semillas son verdaderas trojes rodantes detablas, con sus grandes puertas en el medio ó en los extremos.Los carros de ganado son como grandes jaulas exteriormente, y en la parte interior como corrales y caballerizas; hay carros descubiertos totalmente, en que se conduce carbon, y otros, como tanques ó grandes cajones para el petróleo.El tren de pasajeros tiene dos grandes divisiones: una de carros que pertenecen á la Compañía empresaria, y otra de carros accesorios y especiales (los de Pullman), que pagan á la Compañía un tanto por recorrer el trayecto.Entre los carros de la empresa, los hay de primera y segunda clase, division que marca más bien el precio para hacer más escogida la concurrencia.Los carros de primera clase tienen sus asientos traveseros de dos en dos, con sus cojines, su alfombra y sus departamentos cuidados y limpios.Los de segunda, están llenos de sofacitos de bejuco; en uno de los extremos de ese carro se ve la estufa y el depósito de la leña que la alimenta.Al extremo opuesto hay oficinas de desahogo y de aseo, y un aparato que contiene agua con hielo para la provision comun.La gente que se aloja en las secciones más baratas, es pobrísima y de maneras las más bruscas; patanes, con pisones tremendos llenos de clavos, por piés; racimos de plátanos, por manos; sobrecargados de trapos y de chirlos, y con unos sombreros obtusos, inverosímiles, escurridizos y sin figura determinada, como al derretirse, como al pasar á líquidos. En esos carros se fuma con libertad, y eso quiere decirel imperio de la pipa, esa hornilla adherida á un tubo y dependiente de unos labios como claraboyas, y de unos pulmones como fuelles, que soplan torbellinos de humo pestilente....Y ese incidente es el menor; los que mascan tabaco, en los muladares, en las zahurdas, en las cloacas, en donde la asafétida seria perfume y la putrefaccion campea, pueden llevar el estandarte de la suciedad repugnante.El tabaco de mascar es un panecillo negro y meloso, compacto como una tabla: las astillas de ese tabaco, que son las que se mascan, producen raudales de saliva negra, que todo lo inunda, dejando por donde quiera rastros asquerosos.En esos carros, en que el que puede duerme sentado, se ostenta el tipo del yankee ordinario, en toda su desnudez. El yankee en quietud, se echa, se rueda, se empina, se para de cabeza; pero pocas ó ningunas veces atina á sentarse como la gente, y el pandemonium aquel del carro, es una de cuadriles, de codos, de patazas enarboladas, de gañanes patiabiertos, que es una delicia.El yankee es invasor por excelencia, y declara respaldo, cojin, ó colchon, ó silla, al primero que se le presenta; cuando uno vuelve la cara, ya un rinoceronte de esos se le reclinó en el pecho, como si le hubiesen visto á uno cara de sofá: cuando ménos siente, puja oprimido por una torre que se le vino encima; y cuando está más descuidado, un brazo pesado y velludo le está enlazando el cuello como una serpiente, si no es que se ha instalado con el mayor desplante en las rodillas de cualquiera.Por su parte, la mamá de baja estofa, protege con todas sus fuerzas la independencia del nene, y el nene, en mangasde camisa, salta sobre las gentes, invade tambien, y es un encanto pasar unas horas con los renuevos de los titanes de la América.En cuanto alPullman car, hay elcarro-salon,el carro-comedor, con cocina, y elcarro de pasajeros, secciones que constituyen el departamento de un palacio andante, con cuanto el esplendor, el lujo, la grandeza y la comodidad pueden inventar.Me ceñiré por ahora á la descripcion del carro de dormir ó de pasajeros, porque los otros se habian suprimido en el ferrocarril central del Pacífico en que yo hice el viaje.El carro todo es de madera exquisita, y en su interior, de chapeados y embutidos de madera de rosa, con adornos y molduras riquísimas de plata alemana.Al entrar al carro, perfectamente alfombrado de alfombras, imitacion de las turcas, se pasa por un callejon con sus ventanas de cristales cincelados, que da al gabinete de aseo de las señoras.Ese gabinete es un precioso camarin, con su tocador, con su mesa de mármol, agua corriente, jabones, pomadas, cepillos, toallas y cuanto puede desearse para el aseo.Contiguo al tocador, y dando uno de sus costados al tránsito que ya describimos, existe un cuarto pequeño para familias que desean estar aisladas, y el que se incomunica del resto del carro, quedando con su luz y todas sus comodidades.Al extremo opuesto hay tres departamentos para los hombres, uno de aseo, elWater Closset, y el cuarto de fumar, porque en el interior de estos carros no se fuma.La seccion de aseo la compone un gran mostrador, contres ó cuatro lavamanos bajo sus llaves, de metal blanco, que arrojan agua en abundancia, requeridos por sus respectivas bombas; junto á cada lavamanos, hay en sus trastos grandes trozos de jabon, una que otra vez con esponjas; no se conoce elzacate, y á los extremos, toallas que podrian llamarse fajas que giran contínuas en un perchero, y donde litografía su rostro y se limpia todo bicho viviente.El yankee zabulle su cabeza, escupe, hace diabluras, y deja las más veces su agua inmunda como herencia al sucesor. En una especie de nicho embutido en la pared, está un vaso y hay agua con hielo.Por supuesto, las escenas de ese departamento son en paños menores, y nada hay más repugnante que el estado en que dejan jabones y toalla giratoria, los hijos de Guillermo Pen.ElWater Clossety elSmoking car(carro de fumar), son cuartos adaptados á su objeto. Este último da á la plataforma, con completa separacion del carro interior.Veamos ahora lo que constituye elSleepen car(carro de dormir), que se elogia como una invencion de las más felices.Figuremos un salon, poco más ó ménos de doce varas de largo, lleno de pequeños sofacitos de dos asientos, unos frente á los otros, pero con goznes en el respaldo, de modo que se presten á la trasformacion en lecho cuando conviene.Los viajeros quedan durante el dia en secciones de cuatro en cuatro con dos ventanillas disponibles. En el intermedio de las ventanas hay un hueco donde se coloca una pequeña lámpara en las noches, y de dia se afianza una mesitamuy cómoda para escribir ó para comer los que llevan provisiones y no quieren salir del carro.En la parte superior del carro se abulta un adorno ó cómoda corrida que lo corona lateralmente, y siguiendo una especie de órden gótico, toca el cielo, de donde penden de trecho en trecho grandes lámparas dentro de globos de cristal apagado, en sus sustentáculos elegantes de plata alemana.Al frente del adorno que describimos, corre una gruesa varilla de metal blanco y reluciente.Los pequeños sofaes ó asientos están forrados en terciopelo carmesí. Los cristales de las ventanas son hermosísimos.La concurrencia es selecta, generalmente se aisla, jamás importunan á una señora, prodigan á los niños cariñosos cuidados, y unyankeebien educado, es de lo mejor y más caballeroso.Fino sin afectacion, consecuente y franco sin llaneza.Ríe conbonhomiey estrepitosamente, manifiesta ingénua admiracion por lo que cree bueno y no comprende, y se apasiona de las gracias y de la dulzura de nuestras damas.Sobre todo, el respeto á las señoras es de todos ellos, y eso explica esa intimidad y esas grandes travesías sin accidentes, que no, no pasarian con gente de nuestros hábitos; se puede jurar esto que digo, no hay que acusarme de parcialidad.En las noches, los asientos de los sofacitos se corren y extienden: el adorno cae como una tapa, sirviéndoles de techo, de esa tapa se hace otra alcoba y se convierte aquella seccion en dos camas: dentro de la caja superior está la ropade las dos camas, que quedan con sus colchones, sus cobertores, sus respaldos, su lámpara y cuanto puede apetecerse, ménos cierto adminículo que en esos casos quisiera uno llevar colgado como un arete.Dispuestas así las cosas, se corre una cortina por las varillas superiores, se afianza de trecho en trecho de grandes clavos de metal, y quedan formadas alcobas perfectamente iguales, donde se pasa la noche muy cómodamente, cuando todo marcha en regla.El exterior de las alcobas queda como un callejon angosto entre dos altas paredes de lienzo grueso.El servicio está sobrevigilado por caballerosos y atentos inspectores, á quienes se recomiendan las mejores maneras, y los que son despedidos á cualquiera falta.Se ocupan del aseo y sirven á los viajeros, negros muy elegantes y bien vestidos de azul, con sus cachuchas en que está escrito el oficio á que se les destina. Estos negros asean, preparan el agua, cepillan la ropa, limpian las botas, y en la carga y descarga de los trenes se encargan de los equipajes, haciendo mandados en las estaciones y siendo en general útiles y honrados.En el interior de los carros, y á los piés de los asientos, corren tubos caloríferos que los mantienen á la temperatura que se quiere, de suerte que está azotando la nieve los cristales, á la vez que corren los niños en el saloncito con sus vestidos de lienzo, y las damas ostentan sus trages de primavera.Por los tránsitos interiores de todo el tren pasa, con más frecuencia que lo que se quisiera, álguien que ofrece en venta á los viajeros libros y folletos á propósito para los ferrocarriles,guías de viaje, vistas, itinerarios y cuadernos con novelas maravillosas y patibularias.Acaba su primera excursion el vendedor y á poco vuelve á pasar con su canasto de naranjas, peras, dulces y juguetes; en otro paseo ofrece las curiosidades de la localidad que se recorre.Los libros y cuadernos los deja en los asientos.... despues recoge los que no se han vendido, y cobra.Pero tanto éstos como los servidores, si bien no hablan sino pocas palabras, dan en cambio sendos puertazos, que aturden cuando se cierran y abren varias puertas á la vez.Por la parte exterior de todos los carros, y saliente sobre las ruedas, hay una andadera ó pasadizo por donde transita la servidumbre, con tal desembarazo y rapidez, como si fueran en un corredor.Corren, suben, bajan, se escurren, se acurrucan, se encaraman y se estacionan como unos zopilotes horas enteras, asidos á la rueda de que pende el garrote, en lo más alto de los trenes, con sus blusas cortas y sus cachuchas, cuyas viseras se ven á lo léjos como anchos picos de grandes pájaros.El conjunto de la concurrencia que partió con nosotros era hermoso é iba alegre como á un paseo, en el carro de dormir que ocupaba la primera clase.En lo alto del interior del carro veíanse, bien colocados, sombreros, neceseres, paraguas y bastones, y bajo los asientos, petaquillas manuables, sacos de noche, licoreros, botiquines, porta-ropas, neceseres de viaje y esos mil utilísimos adminículos del viajero, que están al alcance de todo el mundo en los Estados-Unidos, y donde se confeccionan con increible baratura.Hay baúles desde veinte reales hasta cuarenta y cincuenta pesos, con cuanto se puede desear para un viajero, y lo mismo puede decirse de los artículos manuables.El interior del carro, lleno de luz, presentaba un bello conjunto.Ladiescon sus sombrerillos con flores y plumas, sus grandes sobretodos de nutria ó de paño, caballeros con paletós riquísimos de las mismas materias y sus cubiertas de dril para conservar siempre el aseo, y niños angelicales con increible gorrillos, encajes, sedas y pieles.Como deciamos, nos acompañaban nuestros amigos Ibarra, Alatorre y Hagen.Nada puede compararse en fertilidad y animacion á los campos que recorriamos. En los caminos se encontraban ómnibus y carruajes, y carretas que chirriaban conduciendo mieses y granos; en el suelo formaban alfombra las sementeras; bajo grupos de árboles gigantes tendia la viña sus toldos caprichosos; sobresalian entre los sembrados los discos de los molinos de viento, las chimeneas de las fábricas y las puntiagudas torres de los templos; y á lo léjos, al pié de las montañas, veíanse pastando los ganados ó corriendo en hileras al lago en que reverberaba, tiñéndolo de azul y grana, la risueña luz matutina.En la estacion deLanthroop, ántes de Sacramento, recibimos los adioses de nuestros amigos.............................De aquella estacion parten varios caminos; pero dos me atraian por su fama: el de los Angeles y el del Valle deYo-semite. El primero conserva mil recuerdos de México: en medio de la corriente de la colonizacion; donde hay una leyenda sentida; donde se balancea una ave canora; dondetiende el amor sus alas de oro, allí se invoca á México, como si el sentimiento concediera nuestra nacionalizacion á todo lo bello y á todo lo poético.En cuanto al Valle deYo-semite, llenos están losAlbumsy las guías de viaje con las relaciones de aquella naturaleza magnífica sobre toda comparacion.Arboles á los que se ha tenido que llamar monstruosos, porque ha parecido vulgar y fria la denominacion de gigantescos, rocas cuyo conjunto ha merecido el dictado de catedrales y de las que una sola fungiria como montaña. Cataratas cayendo como en tropel y precipitándose por gradas de inmensa altura, valles apacibles y sombríos limitados por alturas inconmensurables, y lagos entre follajes y arboledas, que como que se esconden avaros para guardar pedazos de cielo en sus entrañas, y comprender en un sentimiento único de admiracion tierna, las más espléndidas manifestaciones de Dios....Pero no era posible detenerse: elwagontiene algo de fatal en su marcha; sigamos contemplando lo que nos rodea, á vuelo de pájaro.Dejando por uno y otro lado sembradas estancias y chozas, que como que brotaban al borde de las ventanillas del carro, abriendo sus bocas y sus ojos para vernos pasar y desaparecer veloces, los conocedores nos hacian notar la proximidad de una grande estacion.... leña apilada por dos y tres millas.... ruedas y rieles aquí y acullá.... grandes pipas con agua.... carbon amontonado en colinas.... despues cruceros de rieles en todas direcciones.... luego como una ciudad desbaratándose y andando sus aceras cada una con su locomotora.La estacion, cuando es de alguna importancia, está bajo grandes jacalones que cubren el despacho, el telégrafo, los depósitos para la carga, caminos para coches y carros, fondas y cantinas, depósitos de ropa hecha, sombreros, zapatos, baúles y todo género de útiles de viaje.Antes de llegar el tren á la estacion, repica á vuelo su sonora campana; el mugir de la locomotora se hace vibrante y agudísimo, jadea la máquina, el sonar de las ruedas parece remedar la carrera contenida del monstruo.A ese espectáculo corren en bandadas los vendedores y asaltan el tren con periódicos, tarjetas y vendimias á millares; suena á la vez elgongoó la campana delrestaurant; la voz del conductor anuncia que hay diez ó veinte minutos de descanso: entónces, como una catarata, descienden los pasajeros y corren á las mesas delrestaurant, esto es, los pasajeros acomodados: los de escasa fortuna, vuelan á la cantina órestaurantde puro mostrador.Luego que han entrado los viajeros alrestaurantdecente, se cierran las puertas, quedando una salida única, donde se paga cuota fija, cómase lo que se comiere, ó no se coma nada.El arrastrar de sillas, el sonar de platos y cubiertos, los gritos y el afan de engullir lo mejor y más pronto, preocupa la voracidad de esta raza humana, que en ciertos momentos se las puede disputar á los buitres y á los lobos.En cuanto á las comidas,planamericano neto: maíces, papas, huevos, trozos de carne como para jaula de fieras, melaza,cakes, jamon, polvos y salsa de lumbre y aguarrás.Aunque á veces el tiempo concedido de diez á veinte minutos sea el necesario para sorber unos tragos de café y devorarun trozo de carne, la preocupacion de la marcha es tal, que las mismas horas parecerian instantes.Se come ladeado, con la vista fija en la puerta, con el oido atento al más leve ruido.Hay quien diga que esa situacion la explotan maravillosamente los dueños de las fondas: de uno se contaba que hacia servir la sopa de tal manera caliente, que entre un sorbo y un soplido y cien maldiciones, por la tostada del esófago, se iba el tiempo sin que casi probaran bocado los transeuntes: hacia así su negocio, porque el resto de la comida quedaba intacto; pero despues notó que en las bolsas se sacaban muchos la carne y las papas, etc., que el café y el caldo lo enfriaban con trozos de hielo, y celebró una especie de transaccion.Como tengo dicho, desde el anuncio del tren se agolpa la gente á la estacion: nosotros estábamos enLanhtroop. El ferrocarril tiene allí ramales paraYo-semite, por Visalia y San Joaquin.Partió por fin el tren por entre campos cultivados y caminos que parecian escaparse de debajo de nuestros wagones, llenos de movimiento.La personalidad se concentraba: cada uno queria acomodar lo mejor posible sus cachivaches; cada cual buscaba medio de hacerse agradable á los sirvientes.El viajero aguerrido cuidaba su canasto con comestibles, sus neceseres y sus babuchas.El tétrico sacaba su libro, incomunicándose con todo el mundo.Las simpatías y antipatías se manifestaban como por explosion, formando grupos, aunque saludándose apénas.Entre los viajeros, habia dos que desde luego me impresionaron.Era el uno pelon, barbilampiño, rubio, de azules ojos, y de desembarazados movimientos.En todas partes habia estado y todo lo sabia, posee cuatro ó cinco idiomas, es capaz de hacer una tortilla de huevos en la uña del dedo meñique, lleva botiquin, hace prodigios con su navaja, lo mismo engulle dulces que sorbewiskey, parece diestro en las armas, habla de música como un filarmónico consumado, tiene retratos de todos los artistas célebres, que son sus amigos, y no hay suceso notable que no haya presenciado y cuyos resortes íntimos no conozca del pé al pá.Y no obstante esa pluralidad de aptitudes, á nadie molesta, sirve á todo el mundo y de todo el mundo se hace querer: llámase Mr. Gland, é iba para Missouri.El otro era un viajero realmente de leyenda.Encapotado, taciturno, á quien mejor deberia llamarse bulto que persona.Le cubria hasta los ojos, escurriéndose como un lienzo, un sombrero negro, de anchas alas, bajo de las cuales relumbraban los vidrios de sus anteojos verdes, ocultaba su barba y su boca toscocachenézde lana, mal embutido en la solapa de su paletó, que caia sobre gruesas botas de enormes suelas.Unos guantes grises de lana forraban sus manos, haciéndolas de tamaño desproporcionado con su cuerpo.Pero el cabello que ocultaba el disparatado sombrero y se escapaba en sutiles hebras sobre sus hombros, era de rayos de sol, y el cútis, que solia verse por entre el gollete de groserostrapos en que se embutia su cuello, tenia la tersura y la delicadeza de un cáliz de azucena.Era evidente: tratábase de un jóven de alta distincion, que viajaba de incógnito; no se oyó su voz una sola vez; de dia estaba como clavado en su asiento, con su libro al frente, del que no despegaba los ojos. En la noche solia descender en alguna estacion; pero salia ántes que todos y volvia á su puesto primero que nadie.En la noche, cuando todo el mundo se habia recogido, pasaba solitario horas enteras en el cuarto de fumar.Yo, que estaba como Hércules III, deseosísimo que algo me sucediera para tener qué contar, me forjé una novela con aquel personaje desconocido: pero por más intruso que me mostré, no conseguí saber nada absolutamente.A un amigo que nos acompañaba, y que por su desgracia sabia inglés perfectamente, le iba agobiando á preguntas sobre los sitios que recorriamos.—Esta poblacion se llama Stockton, en memoria del célebre comodoro de ese nombre, uno de los conquistadores de California.—Qué alegre es! y parece de importancia por sus muchos edificios, sus torres, sus plazas y el tragin que se nota.—Este pueblo es la cabecera de San Joaquin.... vea vd. los ligeros vaporcitos de su rio.... al principio, el único comercio eran las minas; ahora, los granos hacen competencia á aquel comercio. Hace diez años, continuó Lorenzo, que este es el nombre del amigo, esto era casi desierto; ahora tiene trece iglesias de todos los cultos, catorce escuelas públicas y particulares, está alumbrado con gas y tieneun pozo artesiano de mil dos piés de profundidad, que produce 360,000 galones de agua.Vea vd. esos grandes edificios: aquel que ve vd. al frente esYo-semite; más adelante tiene vd. á Lafayette, por entre aquellos pinos, adelante de esos jardines.Se publican varios periódicos: aquí han traido los tres principales, que son:El Independiente,La Gaceta,El Observador........Relinchó el vapor, sonó la campana.... trac, trac...... adelante.El propio esmerado cultivo, las mismas sementeras; tras de las yuntas, en apariencia señores decentes, con sus gruesos levitones de paño, sus botas hasta la rodilla, alguno su sorbete muy catrin.... ¡diantre de cosa! decia yo.... aquí no hay peones como en México.—Sí, hombre; pero los peones de aquí son ciudadanos como los demás, todos esos comen con tenedor y cuchillo, y leen su periódico, y tienen su mujercita de gorro y de guantes cuando va á la ciudad.—Hombre, ni me lo diga vd.; esas parejuras, por fuerza los han de molestar.Casi todos los campos que cruzábamos estaban cercados y atravesados por pequeños caminos y multitud de carros de todos tamaños y hechuras: un hombre con una carga á cuestas, ni para un remedio; mulas de carga, ni por un ojo de la cara.... ¿y los burros?.... ¿los burros?....—Pero venga vd. acá. ¿Vd. se puede imaginar siquiera á un yankee arreando un burro? La gradacion tiene de ser forzosa: en una invasion americana, los que no combatieran, que por fortuna serian los ménos, bajarian al rangode indios, los indios al de burros y los burros desaparecerian....—Pues oiga vd., á palos muera el pronóstico, y no me ande con esas bromas, si quiere que las amistades se conserven.—Quieto,Fidel, que hemos llegado á Sacramento.Desde luego conocimos que estábamos en una poblacion de alta importancia: la capital nada ménos del poderoso Estado de California.El gentío agolpado en la estacion era inmenso y de personas distinguidas; negreaba de sombreros, casacas y sobretodos aquel espacio; los mil vendedores de toda clase de efectos, circundaron el carruaje, los muchachos repartidores de periódicos invadieron el interior de los wagones, proclamando desaforados sus diarios.El Sr. Iglesias recibió en el wagon la visita de las autoridades y personas notables del Estado, quienes se particularizaron en finura y atenciones.Miéntras se verificaban esas presentaciones, Lorenzo me sacó á la plataforma, dando espalda al bullicio, y me dijo:—Aunque sea á tiro de fusil, vea vd. el Sacramento. Este era el término del ferrocarril en 1870: desde San Francisco á Ogden solamente tiene este ferrocarril 882 millas de largo, ó sean 294 leguas, es decir, como desde México hasta cerca de Matamoros.Vea vd. la ciudad como sobre una peana entre bosques de pinos: á esa altura llaman el Banco de Sacramento: fíjese vd. en sus emparrados y jardines; las calles son muy amplias, las plazas hermosísimas.Los hoteles son excelentes: por aquí tiene vd. á Orleans:allí está vd. viendo el Aguila de Oro; en aquel extremo se distingue el Hotel del Capitolio.Y no es el todo la mucha poblacion, sino la poblacion industriosa y moralizada. Sacramento tiene 18,000 habitantes solamente, y hay más energía de vida que en México comparativamente.Serán 18 iglesias de varias religiones, hay dos orfanatorios, gas y agua por todas partes. Se publican aquí cinco periódicos.—Bien; ¿pero á qué se debe la extraordinaria altura á que está colocada la ciudad?—Se debe á la lucha que se tuvo que sostener con las corrientes impetuosas del rio: en 1851 y 52 fueron esas inundaciones espantosas; no dejaban rastros de construccion, pusiéronse murallas y barreras que paliaron el inconveniente: en 1861 y 1862, repitiéronse las inundaciones, hasta ahogar la ciudad: entónces se levantó el piso sobre el mayor nivel que pudieron alcanzar las aguas, se desgarraron las montañas, se levantó un dique poderoso á la corriente, que vino á estrellarse contra este obstáculo invencible.Una parte de la ciudad quedaba descubierta. Alzóse un muro fuertísimo y se coronó con un ferrocarril.Entónces á la ciudad se le dijo: “Florece.” Se tendió el rio á sus piés como un lebrel, y ella, descuidada y tranquila, desplegó todos sus encantos.... toda esa algarabía de alturas que está vd. viendo y parten del centro y circundan la ciudad, son molinos, talleres, fundiciones y fábricas de maquinaria.Ese gran edificio es el hospital, que sostiene la Compañíadel ferrocarril, y en que se atiende á los enfermos como á príncipes. Tuvo de costo el edificio, 60,000 pesos.Nos quedan pocos, minutos, me dijo Lorenzo. Vea vd. la maravilla de Sacramento: su Capitolio.—El edificio, segun he leido en las guías, continuó Lorenzo, ocupa como cuatro de nuestras manzanas regulares.Se ven primero como tres terrados uno sobre otro en gradacion: á cada uno de esos terrados, que son otros tantos deliciosos jardines en ascenso, se sube por escaleras tendidas.... á los lados de las escaleras centrales hay dos grandes alas de edificios suntuosos.Como trepando á lo más alto, se ve como en el aire otra escalera de granito, de 25 piés de alto por 80 de ancho, que conduce al pórtico.Este pórtico tiene diez columnas de frente.... y se entra al salon de la rotonda que tiene 72 piés de altura.En el frente y alas del edificio hay distribuidas cinco colosales estatuas que representan: á California, la Guerra, la Ciencia, la Agricultura y la Minería.Las alas son de 164 piés sobre el cimiento; los lados Norte y Sur contienen las Cámaras de diputados y senadores.A la espalda del edificio central, hay una extensísima proyeccion circular, que contiene la librería.La cúpula es, como lo está vd. viendo, grandiosísima.Sobre ese pedestal circular que parece descansar en la parte alta del edificio, se eleva esa gigantesca tribuna formada en círculo de 24 columnas histriadas: sobre ellas, como engastado más reducido círculo, se alzan otros 24 pilares circuidos en su base de una balconería corrida: allíse redondea la gran cúpula metálica y cierran su amplia bóveda, 12 columnas corintias que sustentan la coronilla sobre que se levanta la estatua olímpica de California.—Ya se deja entender, dije aturdido, la profusion de cristales, marcos, cuadros y todo lo consiguiente á eseembutimientode palacios, á esa hipérbole de fierros, cristales, ladrillos, para cubrir esa superficie de 60,000 piés que reza la guía......—Juuú!!.... Ju-ú!.... hizo la locomotora; y adelante....El sueño, que escolta á la gula satisfecha, puso en silencio el carro, silencio que dejaba escuchar el compasado galopar del tren y los puertazos con que anunciaba su presencia la servidumbre de los wagones.Sentado, solitario en el cuarto destinado para fumar, saqué mi carterita, y consagrando mis primeras apuntaciones á la locomotora, escribí lo siguiente:EL TREN DE VAPOR.Va cruzando en las llanuras,Va corriendo en las montañas,Con sus músculos de fierro,Con su penacho de llamas,Con su estridor que remedaEl retumbar de las aguas,El intrépido giganteQue devora las distancias;Parece que en su carreraMuros rompe y velos rasga,Que extiende verdes campiñas,Que engendra las sierras altas,Y va soltando los riosQue cantan en las cañadas:Las alegres sementerasLe saludan cuando pasa,Y repite sus acentosPavorosa la barranca.Parece que lleva un vítorCuando corre entre las casas,Y que al contento congregaEn el campo á las cabañas,Que alzan sus plumeros de humoSobre sus techos de tablas.A su paso se detienenLos caballos y las vacas,Y curiosas al principioA su encuentro se adelantan,Y cuando le miran cercaRetroceden y se escapan.Va despertando la nocheEl rumor de sus pisadas,Y á modo de sol viajeroSu ojo fijo lanza llamas.Ruge y vibran los espaciosComo si en lo alto á las almasDijera: “haced los honoresA la humanidad que pasa.”Y así corrientes de pueblosSe conocen y se enlazan,Y en el seno del ProgresoCon santa efusion se abrazan,Los que entre los hielos nacenY los que hacen en Africa.Tú, imperando, vendrá un diaQue el hombre en comunion santaA tus clamores de bronceResponda con mil hosannas....Siendo los pueblos familias....Y el mundo, la comun patria.Fidel.Marzo 5 de 1877.Las casuquitas que ya de trecho en trecho, ya dispersas, ya agrupándose, veiamos, todas como que se dirigian á nuestro encuentro, como que venian á buscar los rieles, como se dirigen los ganados á la corriente.Detrás de esas casitas aparecian los sembrados, despues los árboles, que en hileras como soldados ó como frailes, parecian andar descaminados ascendiendo á la montaña, donde en filas ó en grupos les esperaban sus compañeros.... alguna vez se tendia la llanura amarillenta y salpicada de nieve, ascendia revistiendo la loma, formaba muro la Sierra, coronada de sus picos desiguales, los brazos abiertos de los pinos y sus figuras fantásticas, y tras este muro se aislaba grandiosa y solitaria, una montaña de cristales, que tal parecia, revestida por el hielo, trasparentando las hondas grietas, los espantosos derrumbes, las rocas gigantescas.Esto, visto entre esos calados de las ramas, entre esos pabellones de las copas sin hojas, es el paisaje que presenta el monte Shasta de California, donde parece decir en la Sierra Nevada, sus últimos adioses la vegetacion.El camino sigue ascendiendo: la serranía forma muros y se abre, se apiña, se aglomera y trepa tumultuosa; á su pié negrea, culebreando, el hondo abismo; el tren va como equilibrándose en la cresta que se forma en el borde de la hondonada....del lado opuesto; no se percibe un árbol, ni una choza; el horizonte como que se abate doliente sobre la nieve.Las sombras bajaban lentas de lo alto de los montes, y como que se apiñaban el el fondo de los valles.... en el vacío.... como que se iniciaba la nada .... ¡qué triste es el alma de la noche cuando pasea por esos desiertos!!Los conocedores del terreno nos anunciaban que pasábamos por precipicios horrorosos, cortábamos aquella Sierra que describe con tanta valentía Bulnes, que parece despedazada por los huracanes y las erupciones volcánicas, y es por el cataclismo producido por la pólvora y el fierro, dirigidos por el hombre.En medio de las sombras atravesábamos alturas levantadísimas y aisladas rocas, en cuya cima abrió una como ceja el camino sobre una pared lisa, y por aquella ceja, balanceándose; sobre el abismo, pasa la locomotora y el tren poderoso.... las luces de los faroles como que se descuelgan para alumbrar la inmensidad del abismo, muriendo en sus sombras pavorosas....Gemia con prolongados ecos el viento, caia la nieve azotando los vidrios delwagon, los pasajeros guardaban profundo silencio.Varios amigos nos refugiamos al cuarto de fumar: la conversacion giró incierta sobre varios asuntos, fijándose al último en la historia del ferrocarril del Pacífico y en los progresos del vapor.—Parece increible, dije yo, que un invento planteado apénas en 1831, haya producido tan estupendos resultados.—Pero los obstáculos que aquí se amontonaron, dijo M.Gland, exceden á toda ponderacion; parece que se trataba de un duelo á muerte entre la audacia del yankee y las dificultades de la naturaleza.—Si hubiéramos podido disponer en Sacramento, me dijo Lorenzo, de media hora siquiera, ya habria llevado á vd. y le habria colocado en frente de la casa núm. 54.Veria vd. una tienda de aspecto sencillo con un rótulo maltratado por el tiempo; que dice simplemente: “Hunkington y Hop-Kins.” El establecimiento es una ferreterría y sus propietarios lograron, á fuerza de actividad y de honradez, acumular una fortuna regular. En esa casa se proyectó el ferrocarril del Pacífico.Aunque simples comerciantes aquellos propietarios, se ocupaban de la política: fueron primeroFree soilersy despues republicanos: la casa era punto de reunion de sus correligionarios; con ese motivo asistian frecuentementeStanford, despues popular gobernador de California, y los dos Crokers, uno de ellos juez y ambos hombres inteligentes y de empresa.Vaso de cerveza en mano, y al amor de la chimenea, se discutia sobre política, recayendo siempre la conversacion sobre las ventajas inmensas de un ferrocarril que atravesase aquellos desiertos, comunicando el Atlántico con el Pacífico.—Ya vd. sabe, interrumpió uno de los circunstantes, cómo comienzan aquí estos negocios: dos ó tres arbitristas, con un nombre que dé algun viso á su frente, logran una concesion, forman su fondo (stock), cierto ó imaginario, y quiebran.Los capitalistas machuchos, que conocen este juego, acechan y esperan, se muestran los trazos del camino, se havulgarizado el negocio. Los capitalistas hacen propuestas desastradas, que al fin se aceptan, gritando entusiasmados: “Al vencedor pertenecen los despojos.”Este juego se ha hecho ó intentado en México; pero lainocenciade nuestros gobiernos ha hecho de modo que todas las pérdidas hayan sido para la nacion, siendo los arbitristas dueños y señores del campo.... todavía hoy....—No fué así el ferrocarril del Pacífico: los cinco comerciantes que hemos mencionado, apechugaron el negocio y no lo soltaron de la mano, á pesar de la conjuracion de los hombres y de los elementos.Es de advertir que los cinco comerciantes de que hablamos eran hombres desconocidos en todos los mercados monetarios; que el proyecto se calificó de imposible por ingenieros de renombre; que se apoderó de él la caricatura y el ridículo sangriento: zaherido por los políticos, dice la historia; combatido por la prensa; despreciado por los capitalistas, y por mucho tiempo tan desprestigiado, que un banquero se desacreditaba por el solo hecho de suscribirse alstok.Ya tenemos presente que se trataba de un camino de cerca de ochocientas leguas, con trechos ardientes como el Africa, ó helados como la Siberia, y con desiertos más inclementes que los de Arabia, y por todas partes salvajes contra quienes se tenian que sostener luchas encarnizadas y sangrientas.No solo habia que crear crédito para la empresa contra todas estas dificultades, sino que cuando se tuvo dinero, el material para el camino, el fierro, las espigas ó clavos, las herramientas, la pólvora, las locomotoras, los carros, tenianque embarcarse en New-York y rodear el Cabo de Hornos en viajes de ocho meses para llevarse á San Francisco, desde donde atravesando 120 millas llegaba á Sacramento. Ni un pié de fierro fué puesto en el camino en las 300 millas que hay á Ogden, ni una espiga clavada que no hubiese atravesado el Cabo de Hornos.Los operarios tuvieron que hacerse venir á largas distancias con el material.Escasamente poblada California en aquel tiempo, los jornales eran muy subidos.Vinieron operarios de New-York, y por último, diez mil chinos fueron trasportados al través del Océano Pacífico, y su trabajo completó la obra.Cuando un tal Judah, ingeniero, comenzó por construir el primer tramo de ferrocarril del Valle de Sacramento, las gentes dijeron que se habia vuelto loco.Este individuo consiguió, no obstante, algun dinero: se internó en la Sierra, y volvió con la noticia de que habia descubierto puntos por donde hacer practicable el camino.Una ley del Estado de California declaró que para que una Compañía tuviera derecho al permiso, debia pagar mil pesos por cada milla que se propusiese construir.Esto desesperó casi á los cinco empresarios; pero léjos de desalentarse, formaron la Compañía en estos términos:Stanford,—Presidente.Hunkington,—Vicepresidente.Mark,—Secretario.Hop-Kins,—Tesorero.Hunkington fué á Washington y logró la concesion, comunicando la fausta noticia á sus compañeros, en estos términos: “Elbillpasó. Nos sacamos el elefante.”Con la concesion se solicitaron nuevos accionistas, y el primer momento de entusiasmo.... produjo.... la suma miserable de 600 pesos.—No, dijo Mr. Gland á Lorenzo; aunque exacta, está vd. haciendo muy á la ligera la historia de este ferrocarril. Oigan vdes. lo que yo sé y recuerdo haber leido en Laboulaye y en Simonin, uno de los viajeros más ilustres de los Estados-Unidos.El decreto de concesion fué de 1.º de Julio de 1862, es decir, en plena guerra de Secesion: á Lincoln cupo la gloria de firmar la union de los Océanos, con la misma pluma tal vez con que abolió la esclavitud.Dividió la concesion en dos secciones; una comprendiendo la Sierra Nevada, y es la Compañía Central Pacifique, y la otra, la de las Montañas Rocallosas, y es Union Pacifique que llega hasta Omaha.... las conquistas de la nieve y del fuego, para ponerlos al servicio de la humanidad.Esta division produjo la competencia consiguiente, y forma dos séries de leyendas interesantes, que tienen por móviles la emulacion y la temeridad.Cada Compañía queria mayores avances y verificaba más milagrosas empresas.La Compañía del Este, tendia sus rieles, disciplinaba á su gente de un modo estricto, improvisaba ciudades, salvaba abismos, abria pozos para procurarse agua.La del Oeste acarreaba gente del Japon, contenia las avalanches de las nieves con palizadas, conSnow-Sheeds(jacalones),ó mejor dicho, grandiosos edificios de madera, sostenidos por robustas vigas, galeras inmensas con sus paredes de tablas puestas en los grandes descensos para impedir la acumulacion de la nieve.En el Este, por los grandes desfiladeros, se lanzaba la locomotora, se ponian los rieles sobre las rocas desiguales, cruzaba el vapor dejando el peligro, y la temeridad el trazo, despues se avanzaba....En el Oeste porfiaba la nieve por obstruir el paso y se amontonaban metros sobre metros. Entónces afrontaba la locomotora la situacion, agregando á su frente despejadores del terreno, como rejas de arado; la nieve resistia como un muro de bronce: entónces se ponian dos locomotoras y tres; crugia el hielo, gemia como herida la locomotora y muros enteros de nieve se derrumbaban, pasando, sobre sus entrañas dispersas, triunfante el vapor.El gobierno, al presenciar la formalidad de las construcciones, acudió al auxilio de las dos Compañías, y les dió en calidad de subvencion, cincuenta millones de pesos.Diré á vd. algo sobre la construccion científica.—No, por el amor de Dios; así como así, ya está vd. viendo las distracciones de su auditorio.—Dicen que el plazo para la construccion de la vía fué el de ocho años.—Sí, señor, me replicó Mr. Gland; pero ántes de siete años, el 10 de Mayo de 1869, estaba concluida.Al principio se marchó con bastante rapidez; pero al fin, una especie de fiebre, de rabia, se habia apoderado de ambas Compañías.En Abril de 1869, una de las Compañías construyó diezmillas en un dia (más de tres leguas). Lo más notable es que solo ocho hombres colocaron y manejaron todos los rieles. Estos ocho gigantes trasportaron cada uno 8,000 arrobas de fierro en el dia!!En la parte de las Montañas Rocallosas, el general Dodge, que dirigia los trabajos como ingeniero en jefe, dió á sus obreros organizacion militar.Salvajes y animales feroces corrian despavoridos á la proximidad de los trabajadores.Los primeros obreros hicieron pié en Julesburgo.Los irlandeses terraplenaban; gritones, batalladores, afectos al trago, vivian en casas rodantes de madera. Cada cual tenia surevolveral cinto para defenderse de los indios y para armar campaña.Entre estos obreros y sus secuaces, habia la gente más perdida del mundo: aventureros de todas las naciones, figuras siniestras, fachas patibularias, arpías desechadas de la cárcel y los hospitales.Lossalones danzanteseran teatro de asaltos cuotidianos y batallas en forma, que apaciguaba el terriblejuez Linch, que solia funcionar activamente. Al general Dodge cupo la honra de domesticar estas fieras.Avanzó el camino áChayene: desaparecieron las fieras de que hemos hablado, y una ciudad floreciente, industriosa y feliz, brotó en el desierto de aquella levadura de veneno, de víboras y de guano de vicios.En el Oeste, los chinos hacian casi todo el trabajo; sóbrios, disciplinados, inteligentes, rompieron esa muralla de granito que se llama la Sierra Nevada, cuya mayor altura es de dos mil metros sobre el nivel del mar.En los descensos se hacia y se hace marchar el tren sin locomotora, por efecto de su propia gravedad, retenido y moderado por los frenos: en las subidas se ponen dos locomotoras, que se oyen como jadear y sofocarse, agotando su titánico impulso.Si hubiera luz, me decia M. Gland, distinguiria vd. desde las alturas que vamos cruzando, allá muy abajo, llanuras cubiertas de nieve, y en el confin del horizonte, como serranías de cristales apagados, formando pliegues sus ondulaciones, alzándose como en olas petrificadas sus colinas superpuestas: es un mar sorprendido y encadenado en medio de su hervor, por las nieves eternas.En algunas eminencias suelen verse en alto los brazos de los árboles, como luchando por salvarse de un estupendo naufragio.... y grupos de pinos, como señores consternados que lamentaran con espanto aquel aniquilamiento silencioso y terrible.Uno de nuestros compañeros sacó el reloj.... eran las once de la noche. A dormir....El interior delSlepen carera un triste dormitorio con sus lámparas de trecho en trecho.Mis compañeros, muy habituados á los viajes, tuvieron pronta colocacion.M. Gland, habia conversado y obsequiado á un sirviente que le tenia preparado su cómodo lecho.Yo quedé solitario, sin colocacion alguna, aunque cierto de que me esperaba allí una cama con los brazos abiertos.El sueño me vencia; pero los departamentos estaban cubiertos totalmente, y son tan iguales, tan difíciles de distinguir,que me temia uno de esos encuentros, que no me fuera en manera alguna agradable.Al fin, logré instalarme; pero tan mal y con tales inconvenientes, que con notoria injusticia, porque en ninguna parte del mundo se camina con mayores comodidades que en los Estados-Unidos, forjé ántes de que alumbrase la luz, el siguiente calumnioso romance:MALA NOCHE.Ven pronto, luz de los cielos,Para mirar por mis ojosQue soy el mismo sugetoCon mi piel y con mi rostro;No me hagan creer mis sentidosQue estoy habitando en otro,Ligero para tortuga,Muy obeso para mono.Y lo digo porque sientoQue me morí como un polloEn las contiendas de anoche,En esteEslipdel demonio:Eslip, sangrienta asechanza,Eslip, sobrenombre irónico,Cual si dormir se pudieseEn medio de un terremoto,O al que se mece colgadoEn las dos astas de un toro;O al que va haciendo columpioEn la barquilla de un globo.Era un carro intercadente;Era el retozar de un cojo;Era un brusco zarandeo,Como de Pane el birlocho;Era un carro como estuche,Do íbamos unos tras otros,Como en cuello de botellaTapones de hinchado corcho.Tan tartamudo de ruedas,Y de unos muelles tan flojos,Como tras elsiadoradoSe queda voluble novio.Era por fuera una artesaCon sus puertas y cerrojos,Y por dentro gallinero,Jaula, cómoda, sarcófago,Todo, ménos una estanciaDe gente de tomo y lomo.Llega la noche, se tornaLa prision en dormitorio,Y es un salonde profundisElPullman Palacelóbrego:(Yo digo en el que me encuentro,Dicen que hay mejores otros).Hambriento porque no quiseDesafiar al fiero notoQue les dió tal safacocaA mis compañeros mozos,Que yacen enteleridosY duermen desde las ocho.Resuelto por fin me empacoAl uso, debajo de otro,Que si no ronca, rechina,Y puede, al descender tosco,Aplastarme las naricesSi salen con bien mis ojos.Me empaco en cinco dobleces,Que aunque tengo el cuello corto,Cuando pienso levantarme,De cada sosquin me doblo:Antes de entregarse al sueñoQuiere mi cuerpo reposo;Mas quietud en este carroEs pedir peras al olmo.Prescindo de sus vaivenesY del tufo del petróleo,Y del viento que se cuelaHasta taladrar los poros,Y del ruido que en cien millasDe correr, me tiene sordo;Pero los rieles son cuerdasY el wagon holgado choclo,Que gobierna el maquinistaCon tan temerario arrojo,Que cada vaiven nos poneEntre este mundo y el otro.En vano viajes emprendoAllende del dormitorio:Al regresar entumidoY dando un diente contra otro,Los nichos de los durmientesPor lo iguales equivoco.Uno me despide airado,El otro me gruñe fosco:Y al cielo rindo mil graciasDe no encontrar un celoso,Que me rompa tres costillasPorque con su esposa topo,Diciéndole: “compañero,¿Tiene usted á mano fósforos?”Así, subiendo y bajando,Sin poder cerrar los ojos,Me halló la luz de la auroraDando vueltas como un loco.Fidel.Marzo 5 de 1877.No obstante la extension de la nieve, el dia amaneció hermoso y el sol apareció espléndido, convirtiendo aquellas atrevidas alturas, aquellos despeñaderos, aquellas ramas de los árboles, en paisajes de cristales, en quiebras de luz, en reverberaciones de íris y en todo lo que puede soñar de más fantástico la imaginacion.Al Sur se extendian las llanuras y se agrupaban las montañas, como de cristal.El carro verificó su trasformacion, y quedó convertido en la sala elegante que ya conocemos.El previsivo M. Gland me invitó alcarro de fumar, á que echásemos un trago por vía de abrigo contra la intemperie.A cada cuarto de hora, á cada media hora, nos sorprendia una casita medio hundida en la nieve, ó grupos de chozas en que parecia imposible la vida, y allá volaba desde la plataforma del tren, una balija con correspondencia, y veiamos descolgarse el alambre telegráfico, vínculo poderoso de los hombres en la sublime comunicacion de sus espíritus.Yo no perdia ocasion de manifestar á M. Gland mi asombro por el ferrocarril del Pacífico.—Oh! me decia M. Gland, le han contado á vd. una puntita solamente: estos indios que vd. vió ayer, mansos, degradados como un toro que monta un muchacho, fueron tremendos enemigos del camino.Ya amontonaban piedras enormes para descarrilar elwagon, precipitándose ellos en la avalanche de peñascos; ya sorprendian á los viajeros y entablaban sangrientas campañas, saltando como furias por esas quiebras; ya un indio en un descenso se abalanzaba al tren, rompia sus frenos y en espantoso remolino, locomotora, tren y pasajeros se hundian en los abismos; ya se proveian mañosos de pólvora, petróleo y brea con que untaban los árboles, y al pasar el tren por un peligroso desfiladero, el relámpago, la explosion, el incendio, detenian al reptil gigante.La vez que sucedió eso se destacaba la locomotora en un mar de llamas, aullando como un monstruo en agonia; vaciló.... pero elgoehedyankee le dió tremendo empuje, voló sobre el abismo de fuego con impetuosidad, los muros de llama se barrieron y cruzó el vapor.... que habia separado con su empuje el peligro y dejaba tras de sí la estupefaccion y el escarmiento.Yo escuchaba todo esto como una leyenda, muy superior á las de las “Mil y una noches.” Me parecia aquel un país encantado, temia que á la hora ménos pensada se abriese la tierra, se desgajaran rocas y montañas, se partiesen los árboles, se hundiesen los muros y corriesen los hielos, dejando al descubierto una ciudad con sus catedrales, sus torres, sus palacios, sus rios, y saliendo de los troncos de los árboles y las abiertas rocas, damas y caballeros vestidos con primor, saludando la locomotora, que ya era un carro de oro cuya chimenea, trasformada en sitial de diamantes, sustentaba como respaldo á una divinidad que derramaba por donde quiera la vida y la felicidad de los mortales.—No crea vd., me decia M. Gland, á quien algo participabade mis sueños, los indios tienen tambien sus leyendas poéticas que vd. no desdeñaria si yo se las pudiese contar.—Haga vd. un esfuerzo.—En las luchas que han sostenido los indios en los fuertes, en las paces ajustadas y destruidas, no faltaron sus entrevistas poéticas.Una jóven, hija de un jefe de tribu, garrida, airosa, soberbia, amazona de los desiertos, en sus encuentros con las caras pálidas, se enamoró de uno de ellos, oficial americano. En uno de los combates murió el oficial y fué sepultado en el lugar destinado á los blancos.Desde entónces, en las noches de luna se veia descender de las montañas, aéreo y flotando las profusas crines, un caballo blanco, montado por una verdadera deidad.El caballo se detenia cerca de las tumbas, y la jóven que lo montaba descendia y entonaba sobre la tumba del oficial muerto, cantos tan doloridos, que parecia que hacian gemir el viento y que se derretian de dolor los hielos.Despues de algun tiempo, conducia casi un esqueleto el caballo de nieve.La jóven, próxima á su muerte, llamó á su padre, le hizo confidente de su amor; pero le dijo que no guerrease con las caras pálidas, que eran las almas de sus antepasados que venian del Oeste; por último, rogó al jefe le diese sepultura en el panteon de los blancos, junto al amado de su corazon.El jefe de la tribu cumplió las disposiciones de su hija, se hicieron solemnes honras á la hermosa india; el comandante de las fuerzas americanas se quitó sus guantes y los puso sobre la niña, para que en su travesia por losdesiertos sintérmino, no la hiriese el frio. Así se selló la paz con la tribu india.—Es sencilla, pero hermosa esa leyenda, Mr. Gland: ¿no sabe vd. otra?—La va vd. á oir, me dijo.Como he dicho á vd., continuó, los indios creen que despues de su muerte sus almas se dirigen al Oeste, sin duda conservando la tradicion de las primeras emigraciones de sus antepasados.Tras esas montañas del Oeste está para ellos el país de la bienaventuranza.Un jóven cazador perdió á su amada, y su casa se destruyó, sus bienes se aniquilaron, y su consuelo único era dirigir sus pasos por el principio de la vía que conduce al otro lado de las montañas, ó sea al país de las almas.Descuidando sus correrías, triste, consumiéndose, decidióse á marchar al lugar donde se encontraba el encanto de su corazon.Absorbido hondamente en esta idea, un dia se sintió como trasportado á un reducido lugar que estaba en la quiebra de la Sierra: allí vió unos picos de rocas que como que se alargaban hasta tomar la figura de cuellos de serpiente, enlazándose para cerrarle el paso. El cazador avanzó resueltamente, y entónces cada serpiente vomitó chorros de agua, que formaba remolinos tremendos, que lo arrebataban, subiéndole al espacio; allí veia como trasparente su vestidura mortal; por su espalda y en sus entrañas se jugaban los rayos del íris como entre cristales.Abrió sus brazos como las alas de un pájaro y se lanzó al espacio; pero cayó blandamente á la orilla de un lago, dondeun anciano pálido de blanca barba, le metió en una barca; la barca avanzaba, y tras ella se evaporaban las aguas, quedando un vacío inmenso: llegaron al pié de una Sierra semejante á la Sierra natal. Abandonaron la barca, y vió que montes, árboles y rocas, flotaban en el espacio, y él atravesaba todos esos objetos como si fueran figuras formadas por las nieblas.De cuando en cuando se oia un eco poderoso, tremendo como el trueno; pero que al repercutirse moria en deliciosas melodías: entónces, al estampido, se desprendian de las ramas de los árboles y de las crestas de las rocas, trozos como de cristal, verdaderos prismas que al cruzar los aires, producian los colores y volaba la verdura á los prados, el íris á las nubes, los celajes imitaban el topacio y se suspendia la púrpura, como un dosel, sobre una encantadora pradera circuida por una faja de estrellas.Allí distinguió á las almas con figuras que él comprendia que palpaba, pero de que no pudo jamás dar cuenta en el lenguaje del mortal.De entre un grupo de esos espíritus, bella sobre toda belleza concebible, y hechizadora del espíritu sobre todo encanto, oyó el mismo requiebro de ternura y la misma voz amada, porque para el hombre ni en el país de las almas hay otra de más dulzura y melodía, esa voz le dijo: “Vuelve á tu país natal, y deja que el dolor y las lágrimas rompan y destrocen tu vestido humano: entónces vendrás á mí y viviremos en la eterna dicha....” La alma del cazador estaba ébria de felicidad.... tendió su mano.... creyó que asia su manto luminoso........ y volvió en sí.... junto á su cabaña medio destruida.... un viejo, con remota semejanza, estaba ásu lado.... “¿Qué es de mí? dijo, ¿qué me queda despues de este desencanto......?”—Alza la frente, dijo el viejo... álzala y bendice á tu Dios....te queda la esperanza....El viejo se desvaneció entre las nubes que arrastraba una ráfaga de viento......Yo quedé sumergido en hondas reflexiones.—Vea vd., me dijo Mr. Gland, hemos pasado lugares muy interesantes sin habernos fijado en ellos. New-Castle, Clips Gaf Mill, Cisco.... posas, paraderos del camino, pueblos en gérmen, con sus historias interesantes.Ciscoestá á 5,939 piés sobre el nivel del mar, tres millas al Oeste de Tamarak: hay aquí como 400 habitantes, en esas colmenas de palo que está vd. viendo.El wagon avanzaba sobre negras masas de roca que sobresalen de las lomas.—¿Ve vd., me dijo mi guía, esas pilas de madera, esas tablazones, esas vigas? Vea vd. esas hileras como de cucuruchos de payaso: son las casas de Truekee. La ciudad está al Norte, tiene como 2,000 habitantes y pertenece al condado de la Nevada: de aquí parten los caminos para el Oregon y Sacramento; hay tres hoteles, tienen un periódico y por todas partes hay escuelas.Rastros de cercas, establos, carruajes.... mucha madera á la orilla del rio.... ese lugar se llama “Boca:” está cinco mil quinientos piés sobre el nivel del mar.Vea vd. ahora correr el tren haciendozig-zagsobre las aguas del rio: le atraviesa, como que lo persigue y sorprende, como el juego de un monstruo marino, de un gigantesco caiman.... todo entre árboles tronchados, entre rocas despedazadas,sobre aguas que caen en cascadas á incorporarse con las aguas del rio.Hemos pasado varios grupos de chocillas. SonBroncoyVerdi.¿Ve vd. esas llanuras como de mármol blanco? ¿Ve vd. esos horizontes tranquilos que redondean el suelo y como que le forman borde en un infinito de claridad magnífica?En este lugar se produce muy frecuentemente el fenómeno llamadomiraje. Es decir, al viajero rendido de fatiga en estas soledades, se le presentan de repente, y á corta distancia, fértiles llanos cruzados por rios cristalinos, arboledas sombrías, edificios, torres y todos los atractivos del descanso.... y aquello es una ilusion.... el viajero corre ansioso y la ilusion se retira y se desvanece como un sueño de felicidad que trae en pos de sí el desengaño y el abatimiento.... Ese es elMirajetan celebrado por los viajeros.Vamos ahora á llegar áWinremuca: véala vd. naciente en el desierto y se fijará en sus hoteles.... nos saldrán á recibir sus periódicos, nos señalarán en la fonda los lugares ántes ocupados por los indios Pinkas.... despues sigue Golconda y lo que llaman Iron Point, que está situado en una cañada profundísima, lo mismo que la Palizada y Cartin, donde se hace el consumo de madera.Todos estos lugares son accidentados al extremo: el tren hace evoluciones que solo viéndose se pueden comprender. A veces como que asciende aéreo y vuela, dejando á sus piés despeñaderos y cascadas: otras como que se sumerge entre las peñas y va soltando á su espalda los rieles, que se tienden sobre crujías de palizadas, tejidos de alambre, ó como que se va asiendo á barretones de fierro.En los desfiladeros se multiplican los galerones, que son inmensos, y sus armazones de bóvedas, y sus vigas, nos hacen creer como que vamos dentro del esqueleto de un gran monstruo al chocar con sus costillares, que hacen barras de luz y sombra al ir corriendo....Desde Cartin cobra el paisaje el aspecto de los desiertos mineros, y así esElko, condado de la Nevada,Peco DisthyToano.Tierra aridísima, montones de los terreros de las minas tristes y verdiosos.Por donde quiera que se vuelven los ojos hay minas de plata y oro, hasta deslumbrar, hasta fatigar la atencion.EnToanose hace el camino más quebrado; pero de entre las hendeduras de las rocas, en las quiebras, en algunas alturas, sonríe la vegetacion, anunciando la Cañada de Keclton, que tiene grandes lagos y pintorescas colinas: en Keclton hay estacion en forma, en contacto con los caminos y líneas de vapor del Oregon.Abundan en este territorio las minas de cuarzo y oro.El país minero es de 150 millas: allí cerca tiene vd. al Condado Hada, con 6,000 habitantes; hay más de 500 casas de ladrillo. Más adelante está la poblacion....Esas grandes rocas como columnas, cuyas cimas apénas alcanza la vista, es elMonument Point, los lagos que están á su pié se llaman Alcalinos, el aire en estos lugares es sofocante y malsano.

El 4 de Marzo.—El muelle.—El ferry.—Amigos cariñosos.—Ibarra y Alatorre.—Capitan Hagen.—La estacion.—El tren.

AMANECIÓ al fin el 4 de Marzo, reinando aún cruelísimo el invierno.—No obstante los preparativos de viaje y el buen arreglo de los equipajes, expeditados desde la víspera, quedaron como adheridos á nosotros, flotantes y sin colocacion, canastos, abrigos, sombreros, paraguas y todo aquello á que se le ha dado el significativo nombre detriquis, no obstante proclamar todo viajero, que estorba hasta el rosario á los que tienen la costumbre de usarlo.

A mí me condujo hasta el muelle el coche de un caballo, mi vehículo constante, el confidente, por decirlo así, de todas mis impresiones de San Francisco.

Ya hemos dado idea del muelle de Oakland y ya conocemos esosferrysó vapores de rios, encargados en traginconstante del acarreo de viajeros de uno al otro lado de la bahía.

Las aguas estaban un tanto inquietas, pero como encadenadas y obedeciendo al timon y viendo subordinadas las maniobras de los buques.

Al entrar en nuestro vapor, á las seis de la mañana, encontramos arropados á varios de nuestros amigos, y á algunas señoritas vestidas elegantemente y desafiando el ventisco helado, que azotaba sus hermosos rostros.

Entre los favorecedores que acabo de mencionar, se contaban los Sres. Andrade, Ferrer, Ahumada, Gaxiola, Coroella, y las Sritas. Gutierrez, de lo más inteligente y virtuoso que cuenta la colonia mexicana.

Dos ó tres dias ántes de nuestra partida, un amigo veracruzano, á quien soy deudor de mil finezas, me invitó á una visita por una de las calles más accidentadas y embrionarias, por decirlo así, de San Francisco: la calle de Green.

No hacia mucho, en una de mis descarriladas por falta de direccion, me encontré en el término de los ferrocarriles urbanos del N. E. de la ciudad: apéeme resuelto para seguir á pié; interceptó mi vista un barranco profundo; descendí casi rodando; á poco me salió al paso una montaña y la escalé decidido: entónces me quisieron envolver marañas de casas, escaleras escurriéndose y asaltando las rocas, ventanillas como los ojos de un buho en las eminencias, tendederos de ropa, juegos de coche botados en el suelo, vacas pastando tranquilas en la llanura tendida entre dos casas, hondonadas con sus árboles, sus jardines floridos y sus graciosas fuentes, todo á los lados de una cuesta; yo descendia entretenido, cuando ví en un farol escrito el nombre deGreen. Estaba en la calle de Green, indicando la resurreccion de la ciudad.

LIT. H. IRIARTE.Calle de Montgomery.

LIT. H. IRIARTE.Calle de Montgomery.

LIT. H. IRIARTE.

Calle de Montgomery.

A la calle de Green fuí conducido por mi amigo el veracruzano, una noche oscurísima. Llegamos á un punto en que estaba obstruido el paso; era una casa en obra: atravesamos por entre escombros y como en un subterráneo; yo llamaba á mi guía á cada momento, porque perdia el piso: me dijo “suba vd.” y comencé mi ascension por una escalerita de palo que casi flotaba como una cinta con nudos, que no tendrá una vara de ancho; dí vuelta, y entónces me embarraba á la pared por una verdadera cornisa con su barandal, todo trémulo y amenazante. Saliónos al paso una puertecita pequeña. Estábamos á grande altura, causaba pavor la consideracion de los muchos escalones que habiamos subido.

Abrióse la puertecita y nos hallamos en el sacramental pasadizo americano, con susguarda-sombreros, como es de rigor.

Podria caber la casita en la palma de la mano; pero qué limpieza! qué elegancia! qué exquisitos adornos! siendo para mí el de más precio las banderas nacionales y los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo.

Esa es la casita de las Sritas. Gutierrez, entre quienes se mantiene dudoso el sólido mérito, sin decidirse por la hermosura, por las gracias ó las virtudes.

Saben encargarse de nuestra felicidad miéntras estamos bajo su techo, olvidamos nuestras penas y va nuestra admiracion de sorpresa en sorpresa, enorgulleciéndonos de lo que vale la mujer mexicana.

Una de las señoritas me enseñó sus versos, llena de timidez y de bondad.

Lindísimos versos, alma pura de mujer, cantos de ave melodiosa que enajenan por su elevacion y su pureza cristalina.

Estas Sritas. Gutierrez estaban tambien formando grupo cerca de nuestro noble marino el capitan Hagen y de Schleidem, ambos sombríos, y el primero con brusco aspecto y brillantes los ojos de llanto reprimido.

Nuestros amigos Ibarra y Alatorre, que quedaban en San Francisco, se disponian á acompañarnos con M. Hagen hasta la primera estacion del tren.

La conversacion fué animada, casi alegre, durante los primeros momentos; entónces, en tiras de papel, escribí algunos versos; en cuanto partió el vapor, se hizo entrecortada y difícil la palabra; al tocar el muelle de Oakland, unos amigos se arrojaron en nuestros brazos, los otros se alejaron, llevándose sus pañuelos á los ojos.

La estacion ó punto de partida del ferrocarril, con la grandiosidad del edificio, los rieles y ruedas en los suelos, las máquinas, los talleres y el inmenso agolpamiento de gente, presentaba aspecto singularísimo.

Los grupos de viajeros se ordenan como por sí mismos: el viajero aguerrido se relaciona con el conductor, recorre los asientos para apoderarse del mejor, y cuando suena la campana, está instalado.

Hablemos de los trenes.

Los diversos trenes corren por sus cuerdas separadas, aunque dependan de una misma empresa.

Así es que hay trenes de efectos, de semillas, de ganados, y de pasajeros con sus equipajes.

Los carros de semillas son verdaderas trojes rodantes detablas, con sus grandes puertas en el medio ó en los extremos.

Los carros de ganado son como grandes jaulas exteriormente, y en la parte interior como corrales y caballerizas; hay carros descubiertos totalmente, en que se conduce carbon, y otros, como tanques ó grandes cajones para el petróleo.

El tren de pasajeros tiene dos grandes divisiones: una de carros que pertenecen á la Compañía empresaria, y otra de carros accesorios y especiales (los de Pullman), que pagan á la Compañía un tanto por recorrer el trayecto.

Entre los carros de la empresa, los hay de primera y segunda clase, division que marca más bien el precio para hacer más escogida la concurrencia.

Los carros de primera clase tienen sus asientos traveseros de dos en dos, con sus cojines, su alfombra y sus departamentos cuidados y limpios.

Los de segunda, están llenos de sofacitos de bejuco; en uno de los extremos de ese carro se ve la estufa y el depósito de la leña que la alimenta.

Al extremo opuesto hay oficinas de desahogo y de aseo, y un aparato que contiene agua con hielo para la provision comun.

La gente que se aloja en las secciones más baratas, es pobrísima y de maneras las más bruscas; patanes, con pisones tremendos llenos de clavos, por piés; racimos de plátanos, por manos; sobrecargados de trapos y de chirlos, y con unos sombreros obtusos, inverosímiles, escurridizos y sin figura determinada, como al derretirse, como al pasar á líquidos. En esos carros se fuma con libertad, y eso quiere decirel imperio de la pipa, esa hornilla adherida á un tubo y dependiente de unos labios como claraboyas, y de unos pulmones como fuelles, que soplan torbellinos de humo pestilente....

Y ese incidente es el menor; los que mascan tabaco, en los muladares, en las zahurdas, en las cloacas, en donde la asafétida seria perfume y la putrefaccion campea, pueden llevar el estandarte de la suciedad repugnante.

El tabaco de mascar es un panecillo negro y meloso, compacto como una tabla: las astillas de ese tabaco, que son las que se mascan, producen raudales de saliva negra, que todo lo inunda, dejando por donde quiera rastros asquerosos.

En esos carros, en que el que puede duerme sentado, se ostenta el tipo del yankee ordinario, en toda su desnudez. El yankee en quietud, se echa, se rueda, se empina, se para de cabeza; pero pocas ó ningunas veces atina á sentarse como la gente, y el pandemonium aquel del carro, es una de cuadriles, de codos, de patazas enarboladas, de gañanes patiabiertos, que es una delicia.

El yankee es invasor por excelencia, y declara respaldo, cojin, ó colchon, ó silla, al primero que se le presenta; cuando uno vuelve la cara, ya un rinoceronte de esos se le reclinó en el pecho, como si le hubiesen visto á uno cara de sofá: cuando ménos siente, puja oprimido por una torre que se le vino encima; y cuando está más descuidado, un brazo pesado y velludo le está enlazando el cuello como una serpiente, si no es que se ha instalado con el mayor desplante en las rodillas de cualquiera.

Por su parte, la mamá de baja estofa, protege con todas sus fuerzas la independencia del nene, y el nene, en mangasde camisa, salta sobre las gentes, invade tambien, y es un encanto pasar unas horas con los renuevos de los titanes de la América.

En cuanto alPullman car, hay elcarro-salon,el carro-comedor, con cocina, y elcarro de pasajeros, secciones que constituyen el departamento de un palacio andante, con cuanto el esplendor, el lujo, la grandeza y la comodidad pueden inventar.

Me ceñiré por ahora á la descripcion del carro de dormir ó de pasajeros, porque los otros se habian suprimido en el ferrocarril central del Pacífico en que yo hice el viaje.

El carro todo es de madera exquisita, y en su interior, de chapeados y embutidos de madera de rosa, con adornos y molduras riquísimas de plata alemana.

Al entrar al carro, perfectamente alfombrado de alfombras, imitacion de las turcas, se pasa por un callejon con sus ventanas de cristales cincelados, que da al gabinete de aseo de las señoras.

Ese gabinete es un precioso camarin, con su tocador, con su mesa de mármol, agua corriente, jabones, pomadas, cepillos, toallas y cuanto puede desearse para el aseo.

Contiguo al tocador, y dando uno de sus costados al tránsito que ya describimos, existe un cuarto pequeño para familias que desean estar aisladas, y el que se incomunica del resto del carro, quedando con su luz y todas sus comodidades.

Al extremo opuesto hay tres departamentos para los hombres, uno de aseo, elWater Closset, y el cuarto de fumar, porque en el interior de estos carros no se fuma.

La seccion de aseo la compone un gran mostrador, contres ó cuatro lavamanos bajo sus llaves, de metal blanco, que arrojan agua en abundancia, requeridos por sus respectivas bombas; junto á cada lavamanos, hay en sus trastos grandes trozos de jabon, una que otra vez con esponjas; no se conoce elzacate, y á los extremos, toallas que podrian llamarse fajas que giran contínuas en un perchero, y donde litografía su rostro y se limpia todo bicho viviente.

El yankee zabulle su cabeza, escupe, hace diabluras, y deja las más veces su agua inmunda como herencia al sucesor. En una especie de nicho embutido en la pared, está un vaso y hay agua con hielo.

Por supuesto, las escenas de ese departamento son en paños menores, y nada hay más repugnante que el estado en que dejan jabones y toalla giratoria, los hijos de Guillermo Pen.

ElWater Clossety elSmoking car(carro de fumar), son cuartos adaptados á su objeto. Este último da á la plataforma, con completa separacion del carro interior.

Veamos ahora lo que constituye elSleepen car(carro de dormir), que se elogia como una invencion de las más felices.

Figuremos un salon, poco más ó ménos de doce varas de largo, lleno de pequeños sofacitos de dos asientos, unos frente á los otros, pero con goznes en el respaldo, de modo que se presten á la trasformacion en lecho cuando conviene.

Los viajeros quedan durante el dia en secciones de cuatro en cuatro con dos ventanillas disponibles. En el intermedio de las ventanas hay un hueco donde se coloca una pequeña lámpara en las noches, y de dia se afianza una mesitamuy cómoda para escribir ó para comer los que llevan provisiones y no quieren salir del carro.

En la parte superior del carro se abulta un adorno ó cómoda corrida que lo corona lateralmente, y siguiendo una especie de órden gótico, toca el cielo, de donde penden de trecho en trecho grandes lámparas dentro de globos de cristal apagado, en sus sustentáculos elegantes de plata alemana.

Al frente del adorno que describimos, corre una gruesa varilla de metal blanco y reluciente.

Los pequeños sofaes ó asientos están forrados en terciopelo carmesí. Los cristales de las ventanas son hermosísimos.

La concurrencia es selecta, generalmente se aisla, jamás importunan á una señora, prodigan á los niños cariñosos cuidados, y unyankeebien educado, es de lo mejor y más caballeroso.

Fino sin afectacion, consecuente y franco sin llaneza.

Ríe conbonhomiey estrepitosamente, manifiesta ingénua admiracion por lo que cree bueno y no comprende, y se apasiona de las gracias y de la dulzura de nuestras damas.

Sobre todo, el respeto á las señoras es de todos ellos, y eso explica esa intimidad y esas grandes travesías sin accidentes, que no, no pasarian con gente de nuestros hábitos; se puede jurar esto que digo, no hay que acusarme de parcialidad.

En las noches, los asientos de los sofacitos se corren y extienden: el adorno cae como una tapa, sirviéndoles de techo, de esa tapa se hace otra alcoba y se convierte aquella seccion en dos camas: dentro de la caja superior está la ropade las dos camas, que quedan con sus colchones, sus cobertores, sus respaldos, su lámpara y cuanto puede apetecerse, ménos cierto adminículo que en esos casos quisiera uno llevar colgado como un arete.

Dispuestas así las cosas, se corre una cortina por las varillas superiores, se afianza de trecho en trecho de grandes clavos de metal, y quedan formadas alcobas perfectamente iguales, donde se pasa la noche muy cómodamente, cuando todo marcha en regla.

El exterior de las alcobas queda como un callejon angosto entre dos altas paredes de lienzo grueso.

El servicio está sobrevigilado por caballerosos y atentos inspectores, á quienes se recomiendan las mejores maneras, y los que son despedidos á cualquiera falta.

Se ocupan del aseo y sirven á los viajeros, negros muy elegantes y bien vestidos de azul, con sus cachuchas en que está escrito el oficio á que se les destina. Estos negros asean, preparan el agua, cepillan la ropa, limpian las botas, y en la carga y descarga de los trenes se encargan de los equipajes, haciendo mandados en las estaciones y siendo en general útiles y honrados.

En el interior de los carros, y á los piés de los asientos, corren tubos caloríferos que los mantienen á la temperatura que se quiere, de suerte que está azotando la nieve los cristales, á la vez que corren los niños en el saloncito con sus vestidos de lienzo, y las damas ostentan sus trages de primavera.

Por los tránsitos interiores de todo el tren pasa, con más frecuencia que lo que se quisiera, álguien que ofrece en venta á los viajeros libros y folletos á propósito para los ferrocarriles,guías de viaje, vistas, itinerarios y cuadernos con novelas maravillosas y patibularias.

Acaba su primera excursion el vendedor y á poco vuelve á pasar con su canasto de naranjas, peras, dulces y juguetes; en otro paseo ofrece las curiosidades de la localidad que se recorre.

Los libros y cuadernos los deja en los asientos.... despues recoge los que no se han vendido, y cobra.

Pero tanto éstos como los servidores, si bien no hablan sino pocas palabras, dan en cambio sendos puertazos, que aturden cuando se cierran y abren varias puertas á la vez.

Por la parte exterior de todos los carros, y saliente sobre las ruedas, hay una andadera ó pasadizo por donde transita la servidumbre, con tal desembarazo y rapidez, como si fueran en un corredor.

Corren, suben, bajan, se escurren, se acurrucan, se encaraman y se estacionan como unos zopilotes horas enteras, asidos á la rueda de que pende el garrote, en lo más alto de los trenes, con sus blusas cortas y sus cachuchas, cuyas viseras se ven á lo léjos como anchos picos de grandes pájaros.

El conjunto de la concurrencia que partió con nosotros era hermoso é iba alegre como á un paseo, en el carro de dormir que ocupaba la primera clase.

En lo alto del interior del carro veíanse, bien colocados, sombreros, neceseres, paraguas y bastones, y bajo los asientos, petaquillas manuables, sacos de noche, licoreros, botiquines, porta-ropas, neceseres de viaje y esos mil utilísimos adminículos del viajero, que están al alcance de todo el mundo en los Estados-Unidos, y donde se confeccionan con increible baratura.

Hay baúles desde veinte reales hasta cuarenta y cincuenta pesos, con cuanto se puede desear para un viajero, y lo mismo puede decirse de los artículos manuables.

El interior del carro, lleno de luz, presentaba un bello conjunto.Ladiescon sus sombrerillos con flores y plumas, sus grandes sobretodos de nutria ó de paño, caballeros con paletós riquísimos de las mismas materias y sus cubiertas de dril para conservar siempre el aseo, y niños angelicales con increible gorrillos, encajes, sedas y pieles.

Como deciamos, nos acompañaban nuestros amigos Ibarra, Alatorre y Hagen.

Nada puede compararse en fertilidad y animacion á los campos que recorriamos. En los caminos se encontraban ómnibus y carruajes, y carretas que chirriaban conduciendo mieses y granos; en el suelo formaban alfombra las sementeras; bajo grupos de árboles gigantes tendia la viña sus toldos caprichosos; sobresalian entre los sembrados los discos de los molinos de viento, las chimeneas de las fábricas y las puntiagudas torres de los templos; y á lo léjos, al pié de las montañas, veíanse pastando los ganados ó corriendo en hileras al lago en que reverberaba, tiñéndolo de azul y grana, la risueña luz matutina.

En la estacion deLanthroop, ántes de Sacramento, recibimos los adioses de nuestros amigos.............................

De aquella estacion parten varios caminos; pero dos me atraian por su fama: el de los Angeles y el del Valle deYo-semite. El primero conserva mil recuerdos de México: en medio de la corriente de la colonizacion; donde hay una leyenda sentida; donde se balancea una ave canora; dondetiende el amor sus alas de oro, allí se invoca á México, como si el sentimiento concediera nuestra nacionalizacion á todo lo bello y á todo lo poético.

En cuanto al Valle deYo-semite, llenos están losAlbumsy las guías de viaje con las relaciones de aquella naturaleza magnífica sobre toda comparacion.

Arboles á los que se ha tenido que llamar monstruosos, porque ha parecido vulgar y fria la denominacion de gigantescos, rocas cuyo conjunto ha merecido el dictado de catedrales y de las que una sola fungiria como montaña. Cataratas cayendo como en tropel y precipitándose por gradas de inmensa altura, valles apacibles y sombríos limitados por alturas inconmensurables, y lagos entre follajes y arboledas, que como que se esconden avaros para guardar pedazos de cielo en sus entrañas, y comprender en un sentimiento único de admiracion tierna, las más espléndidas manifestaciones de Dios....

Pero no era posible detenerse: elwagontiene algo de fatal en su marcha; sigamos contemplando lo que nos rodea, á vuelo de pájaro.

Dejando por uno y otro lado sembradas estancias y chozas, que como que brotaban al borde de las ventanillas del carro, abriendo sus bocas y sus ojos para vernos pasar y desaparecer veloces, los conocedores nos hacian notar la proximidad de una grande estacion.... leña apilada por dos y tres millas.... ruedas y rieles aquí y acullá.... grandes pipas con agua.... carbon amontonado en colinas.... despues cruceros de rieles en todas direcciones.... luego como una ciudad desbaratándose y andando sus aceras cada una con su locomotora.

La estacion, cuando es de alguna importancia, está bajo grandes jacalones que cubren el despacho, el telégrafo, los depósitos para la carga, caminos para coches y carros, fondas y cantinas, depósitos de ropa hecha, sombreros, zapatos, baúles y todo género de útiles de viaje.

Antes de llegar el tren á la estacion, repica á vuelo su sonora campana; el mugir de la locomotora se hace vibrante y agudísimo, jadea la máquina, el sonar de las ruedas parece remedar la carrera contenida del monstruo.

A ese espectáculo corren en bandadas los vendedores y asaltan el tren con periódicos, tarjetas y vendimias á millares; suena á la vez elgongoó la campana delrestaurant; la voz del conductor anuncia que hay diez ó veinte minutos de descanso: entónces, como una catarata, descienden los pasajeros y corren á las mesas delrestaurant, esto es, los pasajeros acomodados: los de escasa fortuna, vuelan á la cantina órestaurantde puro mostrador.

Luego que han entrado los viajeros alrestaurantdecente, se cierran las puertas, quedando una salida única, donde se paga cuota fija, cómase lo que se comiere, ó no se coma nada.

El arrastrar de sillas, el sonar de platos y cubiertos, los gritos y el afan de engullir lo mejor y más pronto, preocupa la voracidad de esta raza humana, que en ciertos momentos se las puede disputar á los buitres y á los lobos.

En cuanto á las comidas,planamericano neto: maíces, papas, huevos, trozos de carne como para jaula de fieras, melaza,cakes, jamon, polvos y salsa de lumbre y aguarrás.

Aunque á veces el tiempo concedido de diez á veinte minutos sea el necesario para sorber unos tragos de café y devorarun trozo de carne, la preocupacion de la marcha es tal, que las mismas horas parecerian instantes.

Se come ladeado, con la vista fija en la puerta, con el oido atento al más leve ruido.

Hay quien diga que esa situacion la explotan maravillosamente los dueños de las fondas: de uno se contaba que hacia servir la sopa de tal manera caliente, que entre un sorbo y un soplido y cien maldiciones, por la tostada del esófago, se iba el tiempo sin que casi probaran bocado los transeuntes: hacia así su negocio, porque el resto de la comida quedaba intacto; pero despues notó que en las bolsas se sacaban muchos la carne y las papas, etc., que el café y el caldo lo enfriaban con trozos de hielo, y celebró una especie de transaccion.

Como tengo dicho, desde el anuncio del tren se agolpa la gente á la estacion: nosotros estábamos enLanhtroop. El ferrocarril tiene allí ramales paraYo-semite, por Visalia y San Joaquin.

Partió por fin el tren por entre campos cultivados y caminos que parecian escaparse de debajo de nuestros wagones, llenos de movimiento.

La personalidad se concentraba: cada uno queria acomodar lo mejor posible sus cachivaches; cada cual buscaba medio de hacerse agradable á los sirvientes.

El viajero aguerrido cuidaba su canasto con comestibles, sus neceseres y sus babuchas.

El tétrico sacaba su libro, incomunicándose con todo el mundo.

Las simpatías y antipatías se manifestaban como por explosion, formando grupos, aunque saludándose apénas.

Entre los viajeros, habia dos que desde luego me impresionaron.

Era el uno pelon, barbilampiño, rubio, de azules ojos, y de desembarazados movimientos.

En todas partes habia estado y todo lo sabia, posee cuatro ó cinco idiomas, es capaz de hacer una tortilla de huevos en la uña del dedo meñique, lleva botiquin, hace prodigios con su navaja, lo mismo engulle dulces que sorbewiskey, parece diestro en las armas, habla de música como un filarmónico consumado, tiene retratos de todos los artistas célebres, que son sus amigos, y no hay suceso notable que no haya presenciado y cuyos resortes íntimos no conozca del pé al pá.

Y no obstante esa pluralidad de aptitudes, á nadie molesta, sirve á todo el mundo y de todo el mundo se hace querer: llámase Mr. Gland, é iba para Missouri.

El otro era un viajero realmente de leyenda.

Encapotado, taciturno, á quien mejor deberia llamarse bulto que persona.

Le cubria hasta los ojos, escurriéndose como un lienzo, un sombrero negro, de anchas alas, bajo de las cuales relumbraban los vidrios de sus anteojos verdes, ocultaba su barba y su boca toscocachenézde lana, mal embutido en la solapa de su paletó, que caia sobre gruesas botas de enormes suelas.

Unos guantes grises de lana forraban sus manos, haciéndolas de tamaño desproporcionado con su cuerpo.

Pero el cabello que ocultaba el disparatado sombrero y se escapaba en sutiles hebras sobre sus hombros, era de rayos de sol, y el cútis, que solia verse por entre el gollete de groserostrapos en que se embutia su cuello, tenia la tersura y la delicadeza de un cáliz de azucena.

Era evidente: tratábase de un jóven de alta distincion, que viajaba de incógnito; no se oyó su voz una sola vez; de dia estaba como clavado en su asiento, con su libro al frente, del que no despegaba los ojos. En la noche solia descender en alguna estacion; pero salia ántes que todos y volvia á su puesto primero que nadie.

En la noche, cuando todo el mundo se habia recogido, pasaba solitario horas enteras en el cuarto de fumar.

Yo, que estaba como Hércules III, deseosísimo que algo me sucediera para tener qué contar, me forjé una novela con aquel personaje desconocido: pero por más intruso que me mostré, no conseguí saber nada absolutamente.

A un amigo que nos acompañaba, y que por su desgracia sabia inglés perfectamente, le iba agobiando á preguntas sobre los sitios que recorriamos.

—Esta poblacion se llama Stockton, en memoria del célebre comodoro de ese nombre, uno de los conquistadores de California.

—Qué alegre es! y parece de importancia por sus muchos edificios, sus torres, sus plazas y el tragin que se nota.

—Este pueblo es la cabecera de San Joaquin.... vea vd. los ligeros vaporcitos de su rio.... al principio, el único comercio eran las minas; ahora, los granos hacen competencia á aquel comercio. Hace diez años, continuó Lorenzo, que este es el nombre del amigo, esto era casi desierto; ahora tiene trece iglesias de todos los cultos, catorce escuelas públicas y particulares, está alumbrado con gas y tieneun pozo artesiano de mil dos piés de profundidad, que produce 360,000 galones de agua.

Vea vd. esos grandes edificios: aquel que ve vd. al frente esYo-semite; más adelante tiene vd. á Lafayette, por entre aquellos pinos, adelante de esos jardines.

Se publican varios periódicos: aquí han traido los tres principales, que son:El Independiente,La Gaceta,El Observador........

Relinchó el vapor, sonó la campana.... trac, trac...... adelante.

El propio esmerado cultivo, las mismas sementeras; tras de las yuntas, en apariencia señores decentes, con sus gruesos levitones de paño, sus botas hasta la rodilla, alguno su sorbete muy catrin.... ¡diantre de cosa! decia yo.... aquí no hay peones como en México.

—Sí, hombre; pero los peones de aquí son ciudadanos como los demás, todos esos comen con tenedor y cuchillo, y leen su periódico, y tienen su mujercita de gorro y de guantes cuando va á la ciudad.

—Hombre, ni me lo diga vd.; esas parejuras, por fuerza los han de molestar.

Casi todos los campos que cruzábamos estaban cercados y atravesados por pequeños caminos y multitud de carros de todos tamaños y hechuras: un hombre con una carga á cuestas, ni para un remedio; mulas de carga, ni por un ojo de la cara.... ¿y los burros?.... ¿los burros?....

—Pero venga vd. acá. ¿Vd. se puede imaginar siquiera á un yankee arreando un burro? La gradacion tiene de ser forzosa: en una invasion americana, los que no combatieran, que por fortuna serian los ménos, bajarian al rangode indios, los indios al de burros y los burros desaparecerian....

—Pues oiga vd., á palos muera el pronóstico, y no me ande con esas bromas, si quiere que las amistades se conserven.

—Quieto,Fidel, que hemos llegado á Sacramento.

Desde luego conocimos que estábamos en una poblacion de alta importancia: la capital nada ménos del poderoso Estado de California.

El gentío agolpado en la estacion era inmenso y de personas distinguidas; negreaba de sombreros, casacas y sobretodos aquel espacio; los mil vendedores de toda clase de efectos, circundaron el carruaje, los muchachos repartidores de periódicos invadieron el interior de los wagones, proclamando desaforados sus diarios.

El Sr. Iglesias recibió en el wagon la visita de las autoridades y personas notables del Estado, quienes se particularizaron en finura y atenciones.

Miéntras se verificaban esas presentaciones, Lorenzo me sacó á la plataforma, dando espalda al bullicio, y me dijo:

—Aunque sea á tiro de fusil, vea vd. el Sacramento. Este era el término del ferrocarril en 1870: desde San Francisco á Ogden solamente tiene este ferrocarril 882 millas de largo, ó sean 294 leguas, es decir, como desde México hasta cerca de Matamoros.

Vea vd. la ciudad como sobre una peana entre bosques de pinos: á esa altura llaman el Banco de Sacramento: fíjese vd. en sus emparrados y jardines; las calles son muy amplias, las plazas hermosísimas.

Los hoteles son excelentes: por aquí tiene vd. á Orleans:allí está vd. viendo el Aguila de Oro; en aquel extremo se distingue el Hotel del Capitolio.

Y no es el todo la mucha poblacion, sino la poblacion industriosa y moralizada. Sacramento tiene 18,000 habitantes solamente, y hay más energía de vida que en México comparativamente.

Serán 18 iglesias de varias religiones, hay dos orfanatorios, gas y agua por todas partes. Se publican aquí cinco periódicos.

—Bien; ¿pero á qué se debe la extraordinaria altura á que está colocada la ciudad?

—Se debe á la lucha que se tuvo que sostener con las corrientes impetuosas del rio: en 1851 y 52 fueron esas inundaciones espantosas; no dejaban rastros de construccion, pusiéronse murallas y barreras que paliaron el inconveniente: en 1861 y 1862, repitiéronse las inundaciones, hasta ahogar la ciudad: entónces se levantó el piso sobre el mayor nivel que pudieron alcanzar las aguas, se desgarraron las montañas, se levantó un dique poderoso á la corriente, que vino á estrellarse contra este obstáculo invencible.

Una parte de la ciudad quedaba descubierta. Alzóse un muro fuertísimo y se coronó con un ferrocarril.

Entónces á la ciudad se le dijo: “Florece.” Se tendió el rio á sus piés como un lebrel, y ella, descuidada y tranquila, desplegó todos sus encantos.... toda esa algarabía de alturas que está vd. viendo y parten del centro y circundan la ciudad, son molinos, talleres, fundiciones y fábricas de maquinaria.

Ese gran edificio es el hospital, que sostiene la Compañíadel ferrocarril, y en que se atiende á los enfermos como á príncipes. Tuvo de costo el edificio, 60,000 pesos.

Nos quedan pocos, minutos, me dijo Lorenzo. Vea vd. la maravilla de Sacramento: su Capitolio.

—El edificio, segun he leido en las guías, continuó Lorenzo, ocupa como cuatro de nuestras manzanas regulares.

Se ven primero como tres terrados uno sobre otro en gradacion: á cada uno de esos terrados, que son otros tantos deliciosos jardines en ascenso, se sube por escaleras tendidas.... á los lados de las escaleras centrales hay dos grandes alas de edificios suntuosos.

Como trepando á lo más alto, se ve como en el aire otra escalera de granito, de 25 piés de alto por 80 de ancho, que conduce al pórtico.

Este pórtico tiene diez columnas de frente.... y se entra al salon de la rotonda que tiene 72 piés de altura.

En el frente y alas del edificio hay distribuidas cinco colosales estatuas que representan: á California, la Guerra, la Ciencia, la Agricultura y la Minería.

Las alas son de 164 piés sobre el cimiento; los lados Norte y Sur contienen las Cámaras de diputados y senadores.

A la espalda del edificio central, hay una extensísima proyeccion circular, que contiene la librería.

La cúpula es, como lo está vd. viendo, grandiosísima.

Sobre ese pedestal circular que parece descansar en la parte alta del edificio, se eleva esa gigantesca tribuna formada en círculo de 24 columnas histriadas: sobre ellas, como engastado más reducido círculo, se alzan otros 24 pilares circuidos en su base de una balconería corrida: allíse redondea la gran cúpula metálica y cierran su amplia bóveda, 12 columnas corintias que sustentan la coronilla sobre que se levanta la estatua olímpica de California.

—Ya se deja entender, dije aturdido, la profusion de cristales, marcos, cuadros y todo lo consiguiente á eseembutimientode palacios, á esa hipérbole de fierros, cristales, ladrillos, para cubrir esa superficie de 60,000 piés que reza la guía......

—Juuú!!.... Ju-ú!.... hizo la locomotora; y adelante....

El sueño, que escolta á la gula satisfecha, puso en silencio el carro, silencio que dejaba escuchar el compasado galopar del tren y los puertazos con que anunciaba su presencia la servidumbre de los wagones.

Sentado, solitario en el cuarto destinado para fumar, saqué mi carterita, y consagrando mis primeras apuntaciones á la locomotora, escribí lo siguiente:

EL TREN DE VAPOR.

Va cruzando en las llanuras,Va corriendo en las montañas,Con sus músculos de fierro,Con su penacho de llamas,Con su estridor que remedaEl retumbar de las aguas,El intrépido giganteQue devora las distancias;Parece que en su carreraMuros rompe y velos rasga,Que extiende verdes campiñas,Que engendra las sierras altas,Y va soltando los riosQue cantan en las cañadas:Las alegres sementerasLe saludan cuando pasa,Y repite sus acentosPavorosa la barranca.Parece que lleva un vítorCuando corre entre las casas,Y que al contento congregaEn el campo á las cabañas,Que alzan sus plumeros de humoSobre sus techos de tablas.A su paso se detienenLos caballos y las vacas,Y curiosas al principioA su encuentro se adelantan,Y cuando le miran cercaRetroceden y se escapan.Va despertando la nocheEl rumor de sus pisadas,Y á modo de sol viajeroSu ojo fijo lanza llamas.Ruge y vibran los espaciosComo si en lo alto á las almasDijera: “haced los honoresA la humanidad que pasa.”Y así corrientes de pueblosSe conocen y se enlazan,Y en el seno del ProgresoCon santa efusion se abrazan,Los que entre los hielos nacenY los que hacen en Africa.Tú, imperando, vendrá un diaQue el hombre en comunion santaA tus clamores de bronceResponda con mil hosannas....Siendo los pueblos familias....Y el mundo, la comun patria.

Fidel.

Marzo 5 de 1877.

Las casuquitas que ya de trecho en trecho, ya dispersas, ya agrupándose, veiamos, todas como que se dirigian á nuestro encuentro, como que venian á buscar los rieles, como se dirigen los ganados á la corriente.

Detrás de esas casitas aparecian los sembrados, despues los árboles, que en hileras como soldados ó como frailes, parecian andar descaminados ascendiendo á la montaña, donde en filas ó en grupos les esperaban sus compañeros.... alguna vez se tendia la llanura amarillenta y salpicada de nieve, ascendia revistiendo la loma, formaba muro la Sierra, coronada de sus picos desiguales, los brazos abiertos de los pinos y sus figuras fantásticas, y tras este muro se aislaba grandiosa y solitaria, una montaña de cristales, que tal parecia, revestida por el hielo, trasparentando las hondas grietas, los espantosos derrumbes, las rocas gigantescas.

Esto, visto entre esos calados de las ramas, entre esos pabellones de las copas sin hojas, es el paisaje que presenta el monte Shasta de California, donde parece decir en la Sierra Nevada, sus últimos adioses la vegetacion.

El camino sigue ascendiendo: la serranía forma muros y se abre, se apiña, se aglomera y trepa tumultuosa; á su pié negrea, culebreando, el hondo abismo; el tren va como equilibrándose en la cresta que se forma en el borde de la hondonada....del lado opuesto; no se percibe un árbol, ni una choza; el horizonte como que se abate doliente sobre la nieve.

Las sombras bajaban lentas de lo alto de los montes, y como que se apiñaban el el fondo de los valles.... en el vacío.... como que se iniciaba la nada .... ¡qué triste es el alma de la noche cuando pasea por esos desiertos!!

Los conocedores del terreno nos anunciaban que pasábamos por precipicios horrorosos, cortábamos aquella Sierra que describe con tanta valentía Bulnes, que parece despedazada por los huracanes y las erupciones volcánicas, y es por el cataclismo producido por la pólvora y el fierro, dirigidos por el hombre.

En medio de las sombras atravesábamos alturas levantadísimas y aisladas rocas, en cuya cima abrió una como ceja el camino sobre una pared lisa, y por aquella ceja, balanceándose; sobre el abismo, pasa la locomotora y el tren poderoso.... las luces de los faroles como que se descuelgan para alumbrar la inmensidad del abismo, muriendo en sus sombras pavorosas....

Gemia con prolongados ecos el viento, caia la nieve azotando los vidrios delwagon, los pasajeros guardaban profundo silencio.

Varios amigos nos refugiamos al cuarto de fumar: la conversacion giró incierta sobre varios asuntos, fijándose al último en la historia del ferrocarril del Pacífico y en los progresos del vapor.

—Parece increible, dije yo, que un invento planteado apénas en 1831, haya producido tan estupendos resultados.

—Pero los obstáculos que aquí se amontonaron, dijo M.Gland, exceden á toda ponderacion; parece que se trataba de un duelo á muerte entre la audacia del yankee y las dificultades de la naturaleza.

—Si hubiéramos podido disponer en Sacramento, me dijo Lorenzo, de media hora siquiera, ya habria llevado á vd. y le habria colocado en frente de la casa núm. 54.

Veria vd. una tienda de aspecto sencillo con un rótulo maltratado por el tiempo; que dice simplemente: “Hunkington y Hop-Kins.” El establecimiento es una ferreterría y sus propietarios lograron, á fuerza de actividad y de honradez, acumular una fortuna regular. En esa casa se proyectó el ferrocarril del Pacífico.

Aunque simples comerciantes aquellos propietarios, se ocupaban de la política: fueron primeroFree soilersy despues republicanos: la casa era punto de reunion de sus correligionarios; con ese motivo asistian frecuentementeStanford, despues popular gobernador de California, y los dos Crokers, uno de ellos juez y ambos hombres inteligentes y de empresa.

Vaso de cerveza en mano, y al amor de la chimenea, se discutia sobre política, recayendo siempre la conversacion sobre las ventajas inmensas de un ferrocarril que atravesase aquellos desiertos, comunicando el Atlántico con el Pacífico.

—Ya vd. sabe, interrumpió uno de los circunstantes, cómo comienzan aquí estos negocios: dos ó tres arbitristas, con un nombre que dé algun viso á su frente, logran una concesion, forman su fondo (stock), cierto ó imaginario, y quiebran.

Los capitalistas machuchos, que conocen este juego, acechan y esperan, se muestran los trazos del camino, se havulgarizado el negocio. Los capitalistas hacen propuestas desastradas, que al fin se aceptan, gritando entusiasmados: “Al vencedor pertenecen los despojos.”

Este juego se ha hecho ó intentado en México; pero lainocenciade nuestros gobiernos ha hecho de modo que todas las pérdidas hayan sido para la nacion, siendo los arbitristas dueños y señores del campo.... todavía hoy....

—No fué así el ferrocarril del Pacífico: los cinco comerciantes que hemos mencionado, apechugaron el negocio y no lo soltaron de la mano, á pesar de la conjuracion de los hombres y de los elementos.

Es de advertir que los cinco comerciantes de que hablamos eran hombres desconocidos en todos los mercados monetarios; que el proyecto se calificó de imposible por ingenieros de renombre; que se apoderó de él la caricatura y el ridículo sangriento: zaherido por los políticos, dice la historia; combatido por la prensa; despreciado por los capitalistas, y por mucho tiempo tan desprestigiado, que un banquero se desacreditaba por el solo hecho de suscribirse alstok.

Ya tenemos presente que se trataba de un camino de cerca de ochocientas leguas, con trechos ardientes como el Africa, ó helados como la Siberia, y con desiertos más inclementes que los de Arabia, y por todas partes salvajes contra quienes se tenian que sostener luchas encarnizadas y sangrientas.

No solo habia que crear crédito para la empresa contra todas estas dificultades, sino que cuando se tuvo dinero, el material para el camino, el fierro, las espigas ó clavos, las herramientas, la pólvora, las locomotoras, los carros, tenianque embarcarse en New-York y rodear el Cabo de Hornos en viajes de ocho meses para llevarse á San Francisco, desde donde atravesando 120 millas llegaba á Sacramento. Ni un pié de fierro fué puesto en el camino en las 300 millas que hay á Ogden, ni una espiga clavada que no hubiese atravesado el Cabo de Hornos.

Los operarios tuvieron que hacerse venir á largas distancias con el material.

Escasamente poblada California en aquel tiempo, los jornales eran muy subidos.

Vinieron operarios de New-York, y por último, diez mil chinos fueron trasportados al través del Océano Pacífico, y su trabajo completó la obra.

Cuando un tal Judah, ingeniero, comenzó por construir el primer tramo de ferrocarril del Valle de Sacramento, las gentes dijeron que se habia vuelto loco.

Este individuo consiguió, no obstante, algun dinero: se internó en la Sierra, y volvió con la noticia de que habia descubierto puntos por donde hacer practicable el camino.

Una ley del Estado de California declaró que para que una Compañía tuviera derecho al permiso, debia pagar mil pesos por cada milla que se propusiese construir.

Esto desesperó casi á los cinco empresarios; pero léjos de desalentarse, formaron la Compañía en estos términos:

Stanford,—Presidente.Hunkington,—Vicepresidente.Mark,—Secretario.Hop-Kins,—Tesorero.

Hunkington fué á Washington y logró la concesion, comunicando la fausta noticia á sus compañeros, en estos términos: “Elbillpasó. Nos sacamos el elefante.”

Con la concesion se solicitaron nuevos accionistas, y el primer momento de entusiasmo.... produjo.... la suma miserable de 600 pesos.

—No, dijo Mr. Gland á Lorenzo; aunque exacta, está vd. haciendo muy á la ligera la historia de este ferrocarril. Oigan vdes. lo que yo sé y recuerdo haber leido en Laboulaye y en Simonin, uno de los viajeros más ilustres de los Estados-Unidos.

El decreto de concesion fué de 1.º de Julio de 1862, es decir, en plena guerra de Secesion: á Lincoln cupo la gloria de firmar la union de los Océanos, con la misma pluma tal vez con que abolió la esclavitud.

Dividió la concesion en dos secciones; una comprendiendo la Sierra Nevada, y es la Compañía Central Pacifique, y la otra, la de las Montañas Rocallosas, y es Union Pacifique que llega hasta Omaha.... las conquistas de la nieve y del fuego, para ponerlos al servicio de la humanidad.

Esta division produjo la competencia consiguiente, y forma dos séries de leyendas interesantes, que tienen por móviles la emulacion y la temeridad.

Cada Compañía queria mayores avances y verificaba más milagrosas empresas.

La Compañía del Este, tendia sus rieles, disciplinaba á su gente de un modo estricto, improvisaba ciudades, salvaba abismos, abria pozos para procurarse agua.

La del Oeste acarreaba gente del Japon, contenia las avalanches de las nieves con palizadas, conSnow-Sheeds(jacalones),ó mejor dicho, grandiosos edificios de madera, sostenidos por robustas vigas, galeras inmensas con sus paredes de tablas puestas en los grandes descensos para impedir la acumulacion de la nieve.

En el Este, por los grandes desfiladeros, se lanzaba la locomotora, se ponian los rieles sobre las rocas desiguales, cruzaba el vapor dejando el peligro, y la temeridad el trazo, despues se avanzaba....

En el Oeste porfiaba la nieve por obstruir el paso y se amontonaban metros sobre metros. Entónces afrontaba la locomotora la situacion, agregando á su frente despejadores del terreno, como rejas de arado; la nieve resistia como un muro de bronce: entónces se ponian dos locomotoras y tres; crugia el hielo, gemia como herida la locomotora y muros enteros de nieve se derrumbaban, pasando, sobre sus entrañas dispersas, triunfante el vapor.

El gobierno, al presenciar la formalidad de las construcciones, acudió al auxilio de las dos Compañías, y les dió en calidad de subvencion, cincuenta millones de pesos.

Diré á vd. algo sobre la construccion científica.

—No, por el amor de Dios; así como así, ya está vd. viendo las distracciones de su auditorio.

—Dicen que el plazo para la construccion de la vía fué el de ocho años.

—Sí, señor, me replicó Mr. Gland; pero ántes de siete años, el 10 de Mayo de 1869, estaba concluida.

Al principio se marchó con bastante rapidez; pero al fin, una especie de fiebre, de rabia, se habia apoderado de ambas Compañías.

En Abril de 1869, una de las Compañías construyó diezmillas en un dia (más de tres leguas). Lo más notable es que solo ocho hombres colocaron y manejaron todos los rieles. Estos ocho gigantes trasportaron cada uno 8,000 arrobas de fierro en el dia!!

En la parte de las Montañas Rocallosas, el general Dodge, que dirigia los trabajos como ingeniero en jefe, dió á sus obreros organizacion militar.

Salvajes y animales feroces corrian despavoridos á la proximidad de los trabajadores.

Los primeros obreros hicieron pié en Julesburgo.

Los irlandeses terraplenaban; gritones, batalladores, afectos al trago, vivian en casas rodantes de madera. Cada cual tenia surevolveral cinto para defenderse de los indios y para armar campaña.

Entre estos obreros y sus secuaces, habia la gente más perdida del mundo: aventureros de todas las naciones, figuras siniestras, fachas patibularias, arpías desechadas de la cárcel y los hospitales.

Lossalones danzanteseran teatro de asaltos cuotidianos y batallas en forma, que apaciguaba el terriblejuez Linch, que solia funcionar activamente. Al general Dodge cupo la honra de domesticar estas fieras.

Avanzó el camino áChayene: desaparecieron las fieras de que hemos hablado, y una ciudad floreciente, industriosa y feliz, brotó en el desierto de aquella levadura de veneno, de víboras y de guano de vicios.

En el Oeste, los chinos hacian casi todo el trabajo; sóbrios, disciplinados, inteligentes, rompieron esa muralla de granito que se llama la Sierra Nevada, cuya mayor altura es de dos mil metros sobre el nivel del mar.

En los descensos se hacia y se hace marchar el tren sin locomotora, por efecto de su propia gravedad, retenido y moderado por los frenos: en las subidas se ponen dos locomotoras, que se oyen como jadear y sofocarse, agotando su titánico impulso.

Si hubiera luz, me decia M. Gland, distinguiria vd. desde las alturas que vamos cruzando, allá muy abajo, llanuras cubiertas de nieve, y en el confin del horizonte, como serranías de cristales apagados, formando pliegues sus ondulaciones, alzándose como en olas petrificadas sus colinas superpuestas: es un mar sorprendido y encadenado en medio de su hervor, por las nieves eternas.

En algunas eminencias suelen verse en alto los brazos de los árboles, como luchando por salvarse de un estupendo naufragio.... y grupos de pinos, como señores consternados que lamentaran con espanto aquel aniquilamiento silencioso y terrible.

Uno de nuestros compañeros sacó el reloj.... eran las once de la noche. A dormir....

El interior delSlepen carera un triste dormitorio con sus lámparas de trecho en trecho.

Mis compañeros, muy habituados á los viajes, tuvieron pronta colocacion.

M. Gland, habia conversado y obsequiado á un sirviente que le tenia preparado su cómodo lecho.

Yo quedé solitario, sin colocacion alguna, aunque cierto de que me esperaba allí una cama con los brazos abiertos.

El sueño me vencia; pero los departamentos estaban cubiertos totalmente, y son tan iguales, tan difíciles de distinguir,que me temia uno de esos encuentros, que no me fuera en manera alguna agradable.

Al fin, logré instalarme; pero tan mal y con tales inconvenientes, que con notoria injusticia, porque en ninguna parte del mundo se camina con mayores comodidades que en los Estados-Unidos, forjé ántes de que alumbrase la luz, el siguiente calumnioso romance:

MALA NOCHE.

Ven pronto, luz de los cielos,Para mirar por mis ojosQue soy el mismo sugetoCon mi piel y con mi rostro;No me hagan creer mis sentidosQue estoy habitando en otro,Ligero para tortuga,Muy obeso para mono.Y lo digo porque sientoQue me morí como un polloEn las contiendas de anoche,En esteEslipdel demonio:Eslip, sangrienta asechanza,Eslip, sobrenombre irónico,Cual si dormir se pudieseEn medio de un terremoto,O al que se mece colgadoEn las dos astas de un toro;O al que va haciendo columpioEn la barquilla de un globo.Era un carro intercadente;Era el retozar de un cojo;Era un brusco zarandeo,Como de Pane el birlocho;Era un carro como estuche,Do íbamos unos tras otros,Como en cuello de botellaTapones de hinchado corcho.Tan tartamudo de ruedas,Y de unos muelles tan flojos,Como tras elsiadoradoSe queda voluble novio.Era por fuera una artesaCon sus puertas y cerrojos,Y por dentro gallinero,Jaula, cómoda, sarcófago,Todo, ménos una estanciaDe gente de tomo y lomo.Llega la noche, se tornaLa prision en dormitorio,Y es un salonde profundisElPullman Palacelóbrego:(Yo digo en el que me encuentro,Dicen que hay mejores otros).Hambriento porque no quiseDesafiar al fiero notoQue les dió tal safacocaA mis compañeros mozos,Que yacen enteleridosY duermen desde las ocho.Resuelto por fin me empacoAl uso, debajo de otro,Que si no ronca, rechina,Y puede, al descender tosco,Aplastarme las naricesSi salen con bien mis ojos.Me empaco en cinco dobleces,Que aunque tengo el cuello corto,Cuando pienso levantarme,De cada sosquin me doblo:Antes de entregarse al sueñoQuiere mi cuerpo reposo;Mas quietud en este carroEs pedir peras al olmo.Prescindo de sus vaivenesY del tufo del petróleo,Y del viento que se cuelaHasta taladrar los poros,Y del ruido que en cien millasDe correr, me tiene sordo;Pero los rieles son cuerdasY el wagon holgado choclo,Que gobierna el maquinistaCon tan temerario arrojo,Que cada vaiven nos poneEntre este mundo y el otro.En vano viajes emprendoAllende del dormitorio:Al regresar entumidoY dando un diente contra otro,Los nichos de los durmientesPor lo iguales equivoco.Uno me despide airado,El otro me gruñe fosco:Y al cielo rindo mil graciasDe no encontrar un celoso,Que me rompa tres costillasPorque con su esposa topo,Diciéndole: “compañero,¿Tiene usted á mano fósforos?”Así, subiendo y bajando,Sin poder cerrar los ojos,Me halló la luz de la auroraDando vueltas como un loco.

Fidel.

Marzo 5 de 1877.

No obstante la extension de la nieve, el dia amaneció hermoso y el sol apareció espléndido, convirtiendo aquellas atrevidas alturas, aquellos despeñaderos, aquellas ramas de los árboles, en paisajes de cristales, en quiebras de luz, en reverberaciones de íris y en todo lo que puede soñar de más fantástico la imaginacion.

Al Sur se extendian las llanuras y se agrupaban las montañas, como de cristal.

El carro verificó su trasformacion, y quedó convertido en la sala elegante que ya conocemos.

El previsivo M. Gland me invitó alcarro de fumar, á que echásemos un trago por vía de abrigo contra la intemperie.

A cada cuarto de hora, á cada media hora, nos sorprendia una casita medio hundida en la nieve, ó grupos de chozas en que parecia imposible la vida, y allá volaba desde la plataforma del tren, una balija con correspondencia, y veiamos descolgarse el alambre telegráfico, vínculo poderoso de los hombres en la sublime comunicacion de sus espíritus.

Yo no perdia ocasion de manifestar á M. Gland mi asombro por el ferrocarril del Pacífico.

—Oh! me decia M. Gland, le han contado á vd. una puntita solamente: estos indios que vd. vió ayer, mansos, degradados como un toro que monta un muchacho, fueron tremendos enemigos del camino.

Ya amontonaban piedras enormes para descarrilar elwagon, precipitándose ellos en la avalanche de peñascos; ya sorprendian á los viajeros y entablaban sangrientas campañas, saltando como furias por esas quiebras; ya un indio en un descenso se abalanzaba al tren, rompia sus frenos y en espantoso remolino, locomotora, tren y pasajeros se hundian en los abismos; ya se proveian mañosos de pólvora, petróleo y brea con que untaban los árboles, y al pasar el tren por un peligroso desfiladero, el relámpago, la explosion, el incendio, detenian al reptil gigante.

La vez que sucedió eso se destacaba la locomotora en un mar de llamas, aullando como un monstruo en agonia; vaciló.... pero elgoehedyankee le dió tremendo empuje, voló sobre el abismo de fuego con impetuosidad, los muros de llama se barrieron y cruzó el vapor.... que habia separado con su empuje el peligro y dejaba tras de sí la estupefaccion y el escarmiento.

Yo escuchaba todo esto como una leyenda, muy superior á las de las “Mil y una noches.” Me parecia aquel un país encantado, temia que á la hora ménos pensada se abriese la tierra, se desgajaran rocas y montañas, se partiesen los árboles, se hundiesen los muros y corriesen los hielos, dejando al descubierto una ciudad con sus catedrales, sus torres, sus palacios, sus rios, y saliendo de los troncos de los árboles y las abiertas rocas, damas y caballeros vestidos con primor, saludando la locomotora, que ya era un carro de oro cuya chimenea, trasformada en sitial de diamantes, sustentaba como respaldo á una divinidad que derramaba por donde quiera la vida y la felicidad de los mortales.

—No crea vd., me decia M. Gland, á quien algo participabade mis sueños, los indios tienen tambien sus leyendas poéticas que vd. no desdeñaria si yo se las pudiese contar.

—Haga vd. un esfuerzo.

—En las luchas que han sostenido los indios en los fuertes, en las paces ajustadas y destruidas, no faltaron sus entrevistas poéticas.

Una jóven, hija de un jefe de tribu, garrida, airosa, soberbia, amazona de los desiertos, en sus encuentros con las caras pálidas, se enamoró de uno de ellos, oficial americano. En uno de los combates murió el oficial y fué sepultado en el lugar destinado á los blancos.

Desde entónces, en las noches de luna se veia descender de las montañas, aéreo y flotando las profusas crines, un caballo blanco, montado por una verdadera deidad.

El caballo se detenia cerca de las tumbas, y la jóven que lo montaba descendia y entonaba sobre la tumba del oficial muerto, cantos tan doloridos, que parecia que hacian gemir el viento y que se derretian de dolor los hielos.

Despues de algun tiempo, conducia casi un esqueleto el caballo de nieve.

La jóven, próxima á su muerte, llamó á su padre, le hizo confidente de su amor; pero le dijo que no guerrease con las caras pálidas, que eran las almas de sus antepasados que venian del Oeste; por último, rogó al jefe le diese sepultura en el panteon de los blancos, junto al amado de su corazon.

El jefe de la tribu cumplió las disposiciones de su hija, se hicieron solemnes honras á la hermosa india; el comandante de las fuerzas americanas se quitó sus guantes y los puso sobre la niña, para que en su travesia por losdesiertos sintérmino, no la hiriese el frio. Así se selló la paz con la tribu india.

—Es sencilla, pero hermosa esa leyenda, Mr. Gland: ¿no sabe vd. otra?

—La va vd. á oir, me dijo.

Como he dicho á vd., continuó, los indios creen que despues de su muerte sus almas se dirigen al Oeste, sin duda conservando la tradicion de las primeras emigraciones de sus antepasados.

Tras esas montañas del Oeste está para ellos el país de la bienaventuranza.

Un jóven cazador perdió á su amada, y su casa se destruyó, sus bienes se aniquilaron, y su consuelo único era dirigir sus pasos por el principio de la vía que conduce al otro lado de las montañas, ó sea al país de las almas.

Descuidando sus correrías, triste, consumiéndose, decidióse á marchar al lugar donde se encontraba el encanto de su corazon.

Absorbido hondamente en esta idea, un dia se sintió como trasportado á un reducido lugar que estaba en la quiebra de la Sierra: allí vió unos picos de rocas que como que se alargaban hasta tomar la figura de cuellos de serpiente, enlazándose para cerrarle el paso. El cazador avanzó resueltamente, y entónces cada serpiente vomitó chorros de agua, que formaba remolinos tremendos, que lo arrebataban, subiéndole al espacio; allí veia como trasparente su vestidura mortal; por su espalda y en sus entrañas se jugaban los rayos del íris como entre cristales.

Abrió sus brazos como las alas de un pájaro y se lanzó al espacio; pero cayó blandamente á la orilla de un lago, dondeun anciano pálido de blanca barba, le metió en una barca; la barca avanzaba, y tras ella se evaporaban las aguas, quedando un vacío inmenso: llegaron al pié de una Sierra semejante á la Sierra natal. Abandonaron la barca, y vió que montes, árboles y rocas, flotaban en el espacio, y él atravesaba todos esos objetos como si fueran figuras formadas por las nieblas.

De cuando en cuando se oia un eco poderoso, tremendo como el trueno; pero que al repercutirse moria en deliciosas melodías: entónces, al estampido, se desprendian de las ramas de los árboles y de las crestas de las rocas, trozos como de cristal, verdaderos prismas que al cruzar los aires, producian los colores y volaba la verdura á los prados, el íris á las nubes, los celajes imitaban el topacio y se suspendia la púrpura, como un dosel, sobre una encantadora pradera circuida por una faja de estrellas.

Allí distinguió á las almas con figuras que él comprendia que palpaba, pero de que no pudo jamás dar cuenta en el lenguaje del mortal.

De entre un grupo de esos espíritus, bella sobre toda belleza concebible, y hechizadora del espíritu sobre todo encanto, oyó el mismo requiebro de ternura y la misma voz amada, porque para el hombre ni en el país de las almas hay otra de más dulzura y melodía, esa voz le dijo: “Vuelve á tu país natal, y deja que el dolor y las lágrimas rompan y destrocen tu vestido humano: entónces vendrás á mí y viviremos en la eterna dicha....” La alma del cazador estaba ébria de felicidad.... tendió su mano.... creyó que asia su manto luminoso........ y volvió en sí.... junto á su cabaña medio destruida.... un viejo, con remota semejanza, estaba ásu lado.... “¿Qué es de mí? dijo, ¿qué me queda despues de este desencanto......?”

—Alza la frente, dijo el viejo... álzala y bendice á tu Dios....te queda la esperanza....

El viejo se desvaneció entre las nubes que arrastraba una ráfaga de viento......

Yo quedé sumergido en hondas reflexiones.

—Vea vd., me dijo Mr. Gland, hemos pasado lugares muy interesantes sin habernos fijado en ellos. New-Castle, Clips Gaf Mill, Cisco.... posas, paraderos del camino, pueblos en gérmen, con sus historias interesantes.

Ciscoestá á 5,939 piés sobre el nivel del mar, tres millas al Oeste de Tamarak: hay aquí como 400 habitantes, en esas colmenas de palo que está vd. viendo.

El wagon avanzaba sobre negras masas de roca que sobresalen de las lomas.

—¿Ve vd., me dijo mi guía, esas pilas de madera, esas tablazones, esas vigas? Vea vd. esas hileras como de cucuruchos de payaso: son las casas de Truekee. La ciudad está al Norte, tiene como 2,000 habitantes y pertenece al condado de la Nevada: de aquí parten los caminos para el Oregon y Sacramento; hay tres hoteles, tienen un periódico y por todas partes hay escuelas.

Rastros de cercas, establos, carruajes.... mucha madera á la orilla del rio.... ese lugar se llama “Boca:” está cinco mil quinientos piés sobre el nivel del mar.

Vea vd. ahora correr el tren haciendozig-zagsobre las aguas del rio: le atraviesa, como que lo persigue y sorprende, como el juego de un monstruo marino, de un gigantesco caiman.... todo entre árboles tronchados, entre rocas despedazadas,sobre aguas que caen en cascadas á incorporarse con las aguas del rio.

Hemos pasado varios grupos de chocillas. SonBroncoyVerdi.

¿Ve vd. esas llanuras como de mármol blanco? ¿Ve vd. esos horizontes tranquilos que redondean el suelo y como que le forman borde en un infinito de claridad magnífica?

En este lugar se produce muy frecuentemente el fenómeno llamadomiraje. Es decir, al viajero rendido de fatiga en estas soledades, se le presentan de repente, y á corta distancia, fértiles llanos cruzados por rios cristalinos, arboledas sombrías, edificios, torres y todos los atractivos del descanso.... y aquello es una ilusion.... el viajero corre ansioso y la ilusion se retira y se desvanece como un sueño de felicidad que trae en pos de sí el desengaño y el abatimiento.... Ese es elMirajetan celebrado por los viajeros.

Vamos ahora á llegar áWinremuca: véala vd. naciente en el desierto y se fijará en sus hoteles.... nos saldrán á recibir sus periódicos, nos señalarán en la fonda los lugares ántes ocupados por los indios Pinkas.... despues sigue Golconda y lo que llaman Iron Point, que está situado en una cañada profundísima, lo mismo que la Palizada y Cartin, donde se hace el consumo de madera.

Todos estos lugares son accidentados al extremo: el tren hace evoluciones que solo viéndose se pueden comprender. A veces como que asciende aéreo y vuela, dejando á sus piés despeñaderos y cascadas: otras como que se sumerge entre las peñas y va soltando á su espalda los rieles, que se tienden sobre crujías de palizadas, tejidos de alambre, ó como que se va asiendo á barretones de fierro.

En los desfiladeros se multiplican los galerones, que son inmensos, y sus armazones de bóvedas, y sus vigas, nos hacen creer como que vamos dentro del esqueleto de un gran monstruo al chocar con sus costillares, que hacen barras de luz y sombra al ir corriendo....

Desde Cartin cobra el paisaje el aspecto de los desiertos mineros, y así esElko, condado de la Nevada,Peco DisthyToano.

Tierra aridísima, montones de los terreros de las minas tristes y verdiosos.

Por donde quiera que se vuelven los ojos hay minas de plata y oro, hasta deslumbrar, hasta fatigar la atencion.

EnToanose hace el camino más quebrado; pero de entre las hendeduras de las rocas, en las quiebras, en algunas alturas, sonríe la vegetacion, anunciando la Cañada de Keclton, que tiene grandes lagos y pintorescas colinas: en Keclton hay estacion en forma, en contacto con los caminos y líneas de vapor del Oregon.

Abundan en este territorio las minas de cuarzo y oro.

El país minero es de 150 millas: allí cerca tiene vd. al Condado Hada, con 6,000 habitantes; hay más de 500 casas de ladrillo. Más adelante está la poblacion....

Esas grandes rocas como columnas, cuyas cimas apénas alcanza la vista, es elMonument Point, los lagos que están á su pié se llaman Alcalinos, el aire en estos lugares es sofocante y malsano.


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